Llegaba el último festival del verano para mí, Down The Hill. Un festival DIY que se celebra junto a una granja en la localidad belga de Rillaar. Entre prados, ovejas, gallinas, caballos y cabras, su escenario principal hecho con troncos es un lugar especial, pero su segundo escenario con una estructura inviable no lo es menos. Ya sin ganas de hacer más turismo pasé dos días en un hotel junto al festival antes de instalarme el miércoles en la zona de acampada de la crew que gentilmente me ofreció Dries, el artífice del festival. Allí me uní al equipo de cocina ayudándoles a cortar kilos y kilos de cebollas y pimientos, así como otras viandas para ir preparando la abundante comida necesaria en el evento. Probablemente la gente no se hace una idea de todo el trabajo que hay detrás de un festival, pero especialmente este verano he vuelto a comprobar ese lado que no se ve, y es increíble. El recinto lleno de mil cacharros necesarios para ofrecer a los visitantes un entorno amable y que se sientan lo mejor posible dentro la humildad de estos eventos. Un amor a la música que se plasma en jornadas maratonianas de trabajo en los días previos, una labor admirable y ante la que me quitó el sombrero. La fuerte lluvia nos acompañaba a diferencia del caluroso fin de semana anterior mientras que el jueves el cielo cubierto nos daba un respiro. En la mañana continúe ayudando a los chicos de la cocina, hasta que por la tarde empezaba a recibir a amigos que iban llegando a la zona de acampada. En el recinto del festival pocos cambios respecto a las pasadas ediciones, sus hongos coloristas, sus carpas, multitud de pallets, mes y sillas para sus visitantes reflejan el respeto que la organización tiene con su público, haciendo todo lo posible para éste se sienta cómodo. Este año había una de escultura con el cuerpo de una mujer con un voluminoso cabello (alguien me comentó que parecía Tina Turner, jaja). Además del Totem con el nombre del festival y diferentes elementos decorativos como el altar de las maderas, construido rudimentariamente los días previos, y que contenía diferentes asientes. Una hoguera iluminaba la noche con las restricciones de las autoridades debido a la sequedad del terreno del terreno, que había cambiado su verde intenso por un amarillo áspero debido a las altas temperaturas de este infernal verano. En el ambiente la relajación habitual de una comunidad cada vez más grande de habituales a DOWN THE HILL, una pequeña familia que repite en varios de los festivales del verano, lo que crea unos vínculos más intensos, algo que se agradece y se nota en ese ambiente de hermandad y buen rollo. DOWN THE HILL se ha convertido para mí en una cita obligada en el mes de agosto.










Día 1 (viernes)
Los envolventes sonidos de THE MOONDING acompañan el inicio del festival. El sexteto con teclados, flauta y saxo nos invitaban a un sugerente viaje por territorios psicodélicos acompañados de ritmos cautivadores. El combo se manejaba bien en sus cambios de estilos. Su concierto fue la primera oferta interesante y sugerente que nos encontraríamos este fin de semana.

El segundo escenario había levantado el telón y ahora en el escenario principal HURACAN destilaban una combinación de heavy rock de la vieja escuela con sucios riffs arenosos, siempre volteándose hacia precipicios de metal. El recinto se iba llenando, aunque todavía la zona de acampada recibía visitantes. Los puestos de tokens, bares y merch comenzaban a poblarse de gente entusiasta.
De vuelta al segundo escenario FEEDY ofrecían su amplio repertorio estilístico ante una numerosa audiencia que gozaba con su versátil propuesta. El festival ya estaba a pleno rendimiento y la energía se desbordaba a las primeras de cambios. Encuentros, risas y buen rollo en un entrañable y original festival. La banda era capaz de mostrar su lado más experimental con golpes de noise o sludge para tornarse sofisticados coqueteando con el post rock y con melodías progresivas en un contraste glorioso.

WASTE era una banda hasta ahora desconocida para mí. La banda transmitía una energía desbordante con sus rabiosas canciones. headbanging por doquier en un recinto cada vez más lleno.
Por la senda del metal y lo más cavernoso AUFHEBUNG tocaban rabiosas canciones presididas por la melancolía. Un trágico transitar por la senda del post-metal, el sludge para acabar en flirteos post-rock sumidos en la oscuridad. Todo muy loco.
IT IT ANITA no bajaban el pistón. Con la lluvia castigando Down The Hill el trio derrochaban energía con un sonido arrollador. Sus graves juntos a su ritmo frenético desataban la euforia bajo la lluvia. Una banda muy interesante que se muestra sólida sobre el escenario. La tarde venía rebosante de vitalidad.
Tenía ganas de ver a TASCHIKA 21/16. La banda cuenta con Tim, el guitarrista de ROTOR, y solo su presencia me hacía augurar buenas vibraciones. Me encontré con el a su llegada y pudimos charlar un rato. Nos habíamos visto en Blackdoor y de nuevo nuestros caminos se juntaban, al igual que con los chicos de SLOMOSA una vez más. El sonido del trio de guitarra batería y saxo se balanceaba divertido por corrientes math rock con constantes cambios de ritmo en un concierto diferente pero sugerente. Dentro de poco podré verlos de nuevo en el marco del Tabernas Desert Rock Fest, donde profundizaré más en su sonido, ya que l banda me dejo buenas sensaciones.

SLOMOSA volvieron una vez más a ser uno de los highlights del fin de semana. Sus canciones arenosas y sus irresistibles melodías hacían que los pogos se sucedieran entre una audiencia on-fire. Su energía desbordante siempre es una garantía para un público entregado. Con su nuevo guitarra la banda amplía su espectro con un sonido más poderoso si cabe. Durante su actuación me voy obligado a recoger desde el foso de fotógrafos a una mujer que había tenido un desmayo entre la multitud. Un momento tenso que fue resuelto con la ayuda de los sanatorios presentes sin consecuencias para esta persona.

Al terminar su concierto fui a mi tienda a cambiar las baterías de mis cámaras mientras POTHAMUS iniciaban su actuación. Desde allí pude percibir el potencial de esta banda con transiciones exóticas que tan bien se maneja en las cavernas sonoras más tenebrosas. Una banda sonora que no deja dudas de su intención. Solventes, poderosos y oscilantes sembraban la atmósfera de inquietantes canciones sumidas en la oscuridad. Momentos drone y pasajes instrumentales solo dejan un leve espacio para la entrada de la voz. interesante banda con un ritual silencioso que explota con virulencia cuando las cosas lo requieren tras un penetrante muro de sonido. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que vi a CAUSA SUI, una de mis bandas favoritas. Habían tocado en España mientras yo estaba en Blackdoor, por lo que no les puse ver, pero ahora me quitaba la espina. Estando en el backstage se me acercó alguien a saludarme, en un principio, sin gafas no lo reconocí, pero era Jonas, junto a el resto de Causa Sui, con los que estuve charlando distendidamente un rato. Estaban encantados con tocar en el escenario de madera de Down The Hill y me transmitían las buenas sensaciones que les había despertado el festival. Sobre el escenario aplacaron los ánimos del personal llevándonos a un viaje mesiánico por los territorios más coloridos de su psicodelia. Una maquinaria perfecta con todas las piezas minuciosamente engrasadas. Esto hace que su solidez se mantenga con sus bellas melodías, pero también con ese swing que caracteriza a los daneses. El bálsamo perfecto para rematar una jornada intensa. La banda alternaba canciones sosegadas con momentos en los que el wah wah de Jonás activaba el ritmo oscilante de Rasmus y Jess, mientras Jakob marcaba el ritmo con la precisión matemática que le caracteriza. Con un recital de registros infinitos de guitarra la banda se mostraba enorme una vez más, en contraste con la discreción que mantienen fuera del escenario. El público se fue tan extasiado como lo había estado en un concierto de balanceos, sonrisas y bailes ante esos irresistibles ritmos.

Día 2 (sábado)
GROS COEUR son una banda peculiar, no son muchos los que los conocen, pero cualquiera que vea sus conciertos quedará sumamente sorprendido por la frescura de sus rítmicas canciones. El cuarteto ponía a bailar a un público que poco a poco iba ocupando el recinto en una apertura de jornada ilusionante y vibrante a partes iguales.

Con el cielo encapotado, pero sin la previsión e lluvia del día anterior THE GURU GURU, con su cantante en pijama y zapatillas de estar en casa proseguían con la incitación al baile con canciones bizarras con un cierto tono vintage. Divertidos y un buen elemento para ir entrando en calor sin demasiados sobresaltos.
El garage punk desenfrenado de BIKINI BEACH ocupaba el segundo escenario. Con la gente dispersa en las primeras horas de la tarde los más marchosos se desvelaban frente un escenario que desprendía energía pura. El contrapunto lo ponían los belgas BLACK POWER.en el escenario de los troncos con ritmos afro-rock, texturas jazzeras y un cautivador sonido. Calidez tropical llena de matices con un resultado brillante en el que la psicodelia aromatizada también tenía espacio en sus canciones envueltas en fuzz.

Tenía muchas ganas de ver a los noruegos NEEDLEPOINT, y a media tarde de mi último festival veraniego por fin lo conseguí. Lo que me encontré sobre el escenario fue a cuatro fantásticos músicos tocando el mejor rock progresivo que he visto en los últimos tiempos. Sonido Canterbury, desarrollos instrumentales que se complican y unas acolchadas melodías vocales realmente hermosas, todo ello con ritmos oscilantes llenos de giros. Arrebatadores, recibían el respeto de un público que escuchaba atentamente sus canciones. Otro acierto más de Down The Hill programando a una banda de las que no es habitual encontrarte en los carteles de otros festivales similares. ¡Bravo! Disfruté su concierto al completo sentando plácidamente tras tomarles unas fotos.

NAXATRAS destilaban toda su magia psico-progresiva ante un público que disfrutaba con las canciones de los griegos. Solventes en su actuación, y con un nuevo teclista, la banda demostraba una vez más que son una formación solvente que siempre da su mejor versión. Con ellos el recinto principal se abarrotaba de gente que disfrutó enormemente con su actuación.

De vuelta al segundo escenario, Uffe lo dejaba claro en su presentación, ‘Somos LYDSYN y tocamos rock and roll’. Y no mintió el grandullón danés, la banda no hacía prisioneros en su primera canción. Rock sudoroso a la vieja usanza. Canciones nacidas de los mas oscuros momentos del ser humano, ese lado del rock más auténtico que se plasma en letras, ritmos y una actitud mas propia de perdedores. Uffe, explicaba a la audiencia como se pronunciaba el nombre de su banda comentando que era la primera vez que tocaban fuera de escandinava. Curiosamente al acabar su actuación charlé con varios amigos de Alemania, Bélgica, Francia y Holanda sobre esa pronunciación, y paradójicamente cada uno de nosotros lo pronunciábamos de una manera diferente. Uffe no estaba equivocado dándonos esa pista. Para algunos fue una sorpresa ese derroche de rock sin ataduras, rock auténtico, crudo, reivindicativo, y divertido, como debe de ser. A veces me olvido que mis orígenes musicales estaban ahí, en el rock directo, Una vez más la fórmula de ’menos es más’ se cumplió.

Si en las pasadas ediciones del festival pudimos ver a leyendas de los 70’s como Arthur Brown, Gong o Focus, este año ATOMIC ROOSTER visitaban el escenario de los troncos. Liderados por su guitarrista fundacional y miembro de HEADSTONE, Steve “Boltz” Bolton, el cuarteto británico nos llevó de viaje al corazón de los 70’s, un lugar en el que el heavy-prog dominaba con esos mágicos teclados y canciones de puro rock. Su teclista y cantante Adrian Gautrey con su larguísima melena dorada hacía que nos olvidáramos de la ausencia del fallecido Vincent Crane, motor de la banda. Un tipo con chispa, voz y el crisma suficiente para soportar gran parte de las canciones de la banda. Sin duda otra banda que deleitó a la concurrencia con canciones que invitaban al baile. Toda una fiesta de rock setentero de una banda que mantiene el nombre, pero que sus miembros no desentonan. Heavy-progresivo, blues, funk, soul y un espíritu indomable del rock mas auténtico hicieron las delicias de un auditorio rendido a la veterana y solvente banda. Sin duda, para mi, todo un regalo poder haber disfrutado de ellos en directo, y más con la cercanía que se mostraron ante el público. ATOMIC ROOSTER no se mostraron como unos viejos veteranos pasados de moda, sino que, manteniendo la esencia de la banda, brindaron un concierto en el que hicieron un repaso a su historia, centrándose en la parte final en las canciones más reconocibles por una audiencia que bailaba y disfrutaba de una notable actuación.

TEMPLE FANG son una banda especial, y en DOWN THE HILL lo dejaron claro una vez más. Con un escenario iluminado en rojo, naranja y amarillo el humo envolvía a unos músicos que se dejaban llevar invitando al público un viaje al corazón de la psicodelia pesada más sugerente. Sus largas canciones instrumentales se balanceaban entre pasajes floydianos llenos de mística y momentos de deflagraciones de pesadez. Siempre innovando, la banda mantenía un tono meditativo que hacía que la gente cerrara sus ojos acunando suavemente su cabeza en una noche inmersiva. El cuarteto combinaba sus sugerentes voces con esos largos pasajes instrumentales cada vez más inmersivos. Cada show de TEMPLE FANG es único, ya que estos chicos a pesar de mantener la estructura de sus canciones, en cada actuación improvisan haciendo que las mismas parezcan diferentes sin perder su esencia. Quizás más suaves que en otras ocasiones, los neerlandeses concluían su actuación con una larga canción que formará parte del próximo álbum de la banda, un perfecto termómetro de lo que nos espera de un grupo que jamás pone límites su creatividad psicodélica.

OZRIC TENTACLES, una banda legendaria de la psicodelia cósmica que nunca había visto con anterioridad, cerraba el festival. Hipnóticos, siderales, psicotrópicos, el combo se sustentaba en los teclados y sintetizadores custodiados por una base rítmica inquebrantable y una guitarra asesina. Un viaje a los confines del universo con envolventes pasajes instrumentales que te atrapan en su espiral sónica. Con altas dosis electrónicas el trance sonoro de los británicos electrificaba los cuerpos de un público desatado en bailes más propios de una rave. Sin duda, estos veteranos saben a lo que juegan, y sus shows son siempre una jugada ganadora. Uno de los momentos álgidos del festival.

Un broche de oro para el final del festival y del periplo veraniego.
Desde el anuncio de su line-up supe que iba a ser uno de los mejores festivales del verano, pero la despedida con multitud de amigos con los que me he visto en otros festivales y el ambiente que cada año se crea, hace de Down The Hill un festival único. Si a eso unes el equipo de gente que se deja la piel porque todo vaya bien, el círculo perfecto se cierra. Este año he tenido la oportunidad de compartir muchas horas con el equipo los días previos, sobre todo en la cocina, y allí pude comprobar la magnitud de todo lo que conlleva el festival y la perfecta organización. Enhorabuena y gracias por haberme acogido así una vez más.
Ahora queda asimilar todo lo vivido
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