Crónica.- FREAK VALLEY FESTIVAL 2.019 (día 2)

Si la primera jornada del festival había hecho que el viaje mereciera la pena, (algo que tenía claro iba a suceder), por delante teníamos una maratoniana jornada. La organización hace todo lo posible para la comodidad de los visitantes, y no me sorprendía que los servicios instalados en la zona de camping eran constantemente limpiados lo cual era muy de agradecer. Así mimo se había instalado unas cabinas con duchas de agua caliente a las que podíamos acceder por tan solo un euro. Ciertamente eramos muchos y para acceder a ellas debíamos de esperar un rato de cola, pero la espera merecía la pena. Por otro lado había instado un puesto para poder tomar un variado desayuno con café o zumos a un precio muy asequible con unos bancos instalado debajo de una carpa. Una vez aseados y alimentados emprendíamos el paseo colina abajo hacía el recinto del festival donde al filo de las doce del mediodía los británicos LACERTILLA abrían la jornada del viernes.

Con el escenario principal vacío, las dos primeras actuaciones de la jornada se desarrollaba en el escenario pequeño, situado en una de las esquinas del recinto y rodeado por árboles.

Al filo de las 12, los británicos LACERTILLA  abrían la jornada mientras poco a poco la gente iba llegando al recinto, dando cuenta de las primeras cervezas del caluroso día. El quinteto subía al escenario con un Matthew Fry al frente, maquillado con pinturas en su cara al más puro estilo Alice Cooper para ofrecernos una descarga de stoner, metal y mucha psicodelia. Todavía nuestros cuerpos estaban ralentizados a esas horas, pero su descarga consiguieron que poco a poco todos nos fuéramos activando con su descarga de riffs humeantes y los chillido de su cante Matthew. Un show lleno de energía para ir calentando motores para la larga jornada que nos esperaba. 

Tras ellos, el dúo alemán PRETTY LIGHTNING nos trasladaban a pantanos espacios con las únicas herramientas de su guitarra y batería. El blues del Delta tomaba Freak Valley desde una apuesta sencilla pero efectiva que servía para seguir metiéndonos en ambiente.  El momento se prestaba para tomárselo con calma y deleitarnos sentados de su show actuación. A la finalización de su show el recinto ya se encontraba prácticamente con todo el personal en su interior.

Era el momento de trasladarnos al escenario principal donde nos esperaban los retro-rockers suecos DEAD LORD. Como si hiciéramos un viaje en el tiempo a los setenta. Su puesta en escena y su indumentaria olían a hard- rock clásico. Abrían su actuación con «Gypsy caravan», para continuar con temas como «Woman» «White Unicorn», «Colossal» o «New Moon Rising». Tengo que reconocer que no tenía la sensanción de estar ante una jóven banda retro-rock, sino más bien que me había embarco en una máquina del tiempo en la que los sonidos añejos brotaban del escenario con la sombra de Thin Lizzy sobre cada acorde y cada riff. Ese sonido añejo, por momento se convertía en rancio, pero no fue lo más apetecible para mi. No obstante su temas eran tarareados por el personal mientras la banda derrochaba poses sobre el escenario con la típica estampa de sus tres guitarristas moviendo sus guitarras al unísono de un lado a otro. Una puesta que me pareció un poco fuera de lugar en los tiempos que corren pero cuyo sonido era pegadizo y divertido.

 

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Llegaba el momento de reponer fuerzas antes de enfrentarnos a GREAT ELECTRIC QUEST. Los heavy-rockers de San Diego ofrecieron un variado show con una puesta en escena por todo lo alto. Si al principio su cantante aparecía en el escenario cubierto por una túnica plateada que ocultaba su rostro, a continuación desaparecía del escenario para ofrecer toda su pose heavy-rock en un show en el que no faltaron versiones de Pink Floyd, Deep Purple o Judas Priest coreados al unísono por todo el personal. Agitando una bandera sobre el escenario, interactuando con sus compañeros y con el público, el cuarteto de San Diego imprimía vigor a cada riff. Subiéndose sobre los amplificadores, zarandando sus instrumentos y con esa puesta en escena colorista, resultaron ser toda una agradable sorpresa para mí. A pesar de que a priori, no eran de mis favoritos, lo cierto es que defendieron su fe con solvencia.

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Llegaba la hora de los noruegos PRISTINE. Momentos antes había estado un rato charlando con Heidi, su cantante, la cual siempre derrochando simpatía me comentaba toda su ilusión por estar allí, con las ganas que tenía de ofrecer un gran show.

Ataviada con un mono corto negro y una capa de tul difícilmente perceptible si no estabas cerca del escenario comenzó a soltar su rubia melena al viento. Con «Pioneer» arrancaba una actuación en la repasaban temas de sus últimos trabajos como «Road Back To Ruin», «All Of My Love» o «Bluebird» entre otros. El soul y blues revoloteando sobre el recinto del festival. Siempre con el protagonismo de Heide, todo un animal de escena que se encontraba bien custodiada por sus compañeros de banda y por  Oskar Georg Holldorff a los teclados. Esos teclados que le imprimen el toque vintage a su sonido. Ejecutando un show solvente, me dejaron una extraña sensación ya que en las anteriores ocasiones que les había visto en directo habían sido soberbios, y en esta ocasión les ví algo por debajo de ese nivel. Aún así, hicieron completaron una gran actuación que culminó con «Sinnerman» y «Derek».

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La tarde estaba caliente y era el momento de los belgas RAKETKANON, banda que se había incorporado al cartel tras la baja meses atrás de IT’S NOT NIGHT: IT’S SPACE. Si hay algo bueno en este tipo de festivales es que siempre hay alguna banda de la que no tienes referencia y que luego te sorprende. En esta ocasión la primera gran sorpresa me la dio el cuarteto belga. Una apuesta alternativa en la que los teclados y la electrónica tienen un gran peso sin regenerar de pesados riffs y momentos casi hardcore. Constantes cambios de ritmos extraños e hipnotizantes que por momentos rozaban el noise. Con su cantante y sus espasmos aquello resultaba ser toda una locura psicotrópica. Los músicos se movían como autómatas mientras todos nos sentíamos atrapados en su tela de araña musical. Nunca sabías por donde iba a venir el siguiente giro y eso hizo que la banda se consagrara en boca de todos como una agradable sorpresa. Originales y efectivos, su show me pareció de lo más atrayente.

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Otra de las bandas que estaba en mi agenda desde hace tiempo eran los griegos TUBER, y pasadas las seis de la tarde, logré poner otra muesca en mi lista.  los griegos repetían en el festival, pero para mí era la primera vez, y una primera vez siempre hay que vivirla intensamente.  A lo largo de los seis largos temas que formaron su show, la banda consiguió con maestría trasladarnos con su pesados riffs a entornos de magnética psicodelia. Esa combinación que tanto me gusta entre lo pesado y lo «viajero» se produjo en la tarde del viernes. Sin una gran puesta en escena Yannis Gerostathos, Yannis ArtzoglouParis FragkosNikos Gerostathos se dedicaban a tocar su instrumentos con una precisión matemática. Si te ponías en la parte de atrás frente al escenario solo veías ante ti como las cabezas del público se balanceaban en cada riffs. El cuarteto conseguía crear un auténtico campo magnético sobre el recinto del que nadie podía escapar. TUBER rayaron la perfección con una ejecución que recibía la ovación del público al final de cada uno de sus temas.  Su set-list se conformó con «Sucker Punch», «Cat Class», «Moon Rabbit» «Sex And Depression», «Desert Overcrowded», uno de los temas más celebrados, y «Firebird» para cerrar una actuación que rozó la perfección y en la que cada nota, cada riff había ejecutado con precisión logrando transmitir un peculiar estado de ánimo a los presentes.t

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Después de esa poderosa embestida, Sean McVay al frente de KING BUFFALO, dejó claro a quién corresponde la corona del festival y quién es el verdadero rey. El trío neoyorquino consiguió poner de acuerdo a la mayoría con su melancólica actuación en la que su brillo hizo que todos nos sintiéramos deslumbrados. Esa corona soportada en magnéticos pasajes de psicodelia que coquetean con los sonidos shoegaze.  Al igual que sus predecesores TUBER, su show estuvo compuesto por seis largos temas, de los cuales tres pertenecían a su último álbum, «Sun Shivers», con la que abrieron su actuación, antes de ejecutar «Longing To Be The Mountain» y «Eye of the storm» con la que cerraron su actuación. Hace dos años había tenido tenido la suerte de poder verlos en directo, también en Alemania, y si entonces me habían maravillado, aquí se mostraron todavía mas majestuosos si cabe. Una cautivador Sean nos susurraba con su voz, mientras su guitarra y sintetizadores nublaban nuestra mente creando un placentero vacío en el que solo cabían sus notas. el éxtasis se implantaba en todos nosotros, sintiéndonos autenticamente atraídos en sus apacibles y magnetizantes nebulosas lisérgicas. Los de Rochester simplemente se mostraron ¡¡¡majestuosos!!!.  Sin duda, el mejor show de todo el festival, que recibió una gran ovación final de un público que reconocía que había un momento difícilmente olvidable. Supongo que pasarán los años y todos recordaremos esta actuación, yo al menos, creo que sí.  

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Con el listo puesto en lo mas alto era el momento de A PLACE TO BURY STRANGERS, y con ellos llegó el caos. He reconocer que jamás los había escucha (o al menos no soy consciente ello), lo primero que sorprendió fue ver a su guitarrista Oliver Ackermann con una guitara que no pasaría ningún control de calidad, al menos en su apariencia. rota en elaguna de sus partes y solo con parte de su pintura, lo cierto es que de ella salían incendiarios riffs, Mientras  Lia Braswell , su batería aporreaba los parches con una virulencia inusual. lo mismo sucedía con el bajo de Dion Lunadon, en el que había mucha solera sobre esas cuatro cuerdas. Con un sonido atronador, sus riffs rozaban el noise. Distorsiones infinitas y unos músicos que estaban sumidos en un frenesí diabólico. La primera bomba estallaba cuando su guitarrista Oliver, en un arebato de locura premeditada, comenzó a golpear su guitarra contra el suelo y a lanzarla ondeandola sobre el escenario, algo que contagió a Dion, que hizo lo mismo con su bajo, solo había transcurrido cinco minutos de show y ya habían incendiado el festival y se habían quedado sin instrumentos. Ahí no acababa todo, reponiendo sus instrumentos, seguían ofreciendo el mayor nivel de decibelios de todo el festival, las distorsiones se clavaban en nuestras neuronas. En mi vida he visto muchos shows locos, pero aquello estaba tomando tintes de hecatombe, y todavía nos quedaban fuertes emociones por delante. Como poseídos por alguna extraña fuerza, seguían acercando su guitarra y bajo a los amplificadores creando un ruido ensordecedor. Ritmos diabólicos y una nueva guitarra destrozada. media hora de show y los musicos abandonaban el escenarios entre distorisiones. por la parte izquierda, Dion volaba con su bajo sobre las cabezas del público, mientras, Lia se dirigía a la mesa de sonido, de la cual sacaba un carrito con una mesa de mezclas y un micrófono poniéndose a tocar en medio del público. Nuevamente las distorsiones cubrían todo. Allí los tres se juntaron para crear algo parecido a una rave. ¡¡¡¡Toda una locura!!!. La última parte de la actuación, ya sin estos sobresaltos siguió el mismo camino frenético. Sorprendentes y salvajes.

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Tras esa descarga de adrenalina, era el momento de ir a reponer energías antes de YOB comenzaran su show. Me sorprendió en la parte trasera del escenario la gran cantidad de equipo que traían el trío de Oregón con un Mike Scheidt con el que pude charlar un rato, derrochando simpatía y amabilidad, pero a su vez concentrado en preparar todo para que nada fallase. YOB es una banda que tiene un gran reconocimiento dentro de la escena, y que a mí personalmente no me había atrapado de esa forma, por lo que afronté su show con la esperanza de que esto cambiara. La noche había caído y los primeros riffs retumbaban en el escenario. Con una voz entre desgarrad y melodiosa Mike, rasgaba con contundencia su guitarra y elevaba al viento sus aullidos casi guturales entre riffacos doom-metal. Abriendo su actuación con temas viejos como «Quantum Mystic» y «Atma» mostrándose pesados y contundentes, fueron bajando la intensidad en la segunda parte de su show para mostrar su faceta más melódica con temas de us último álbum como «Beauty In Falling Leaves», «Original Face» y «Our Raw Heart». La banda ofrecía un generoso despliegue de luminotecnia que amplificaba el poder de sus temas completando un brillante show que no me decepcionó. 

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CORROSION OF CONFIRMITY cerraban la jornada  celebrando el 25 aniversario de su álbum «Deliverance». Como preludio «La Grange» de ZZ Top nos introducía en la descarga de metal sureño que nos esperaba. La primera parte de su show correspondía a temas de «Deliverence» como «Seven Days», «Señor Limpio» «Broken Man» «Heaven’s Not Overflowing», «Albatross» o «My Grain» con sus pesados riffs, dando más protagonismo al Stoner que al su faceta mas sludge, lo cual personalmente agradecí. Brillantes momentos de hard-rock que eran agradecidos y coreados por los presente llenaban un show intenso. Sin ser una de mis bandas favoritas, el final de noche me pareció más divertido de lo con anterioridad preveía. Esa inclinación por sonido con aroma sureño hizo que aguantará hasta el final de su show tras una agotadora pero satisfactoria jornada en la que habíamos vivido muchos grandes conciertos. Era el momento de emprender nuestro camino a descansar y reponer fuerzas para lo que nos esperaba el día siguiente, que no era poco.

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Crónica.- FREAK VALLEY FESTIVAL 2019 (día 1)

Varios años con la ilusión de poder asistir a uno de los festivales más importantes de la escena underground psicodelica, stoner, doom y blues y en esta ocasión tuve la suerte de poder cumplir ese deseo. Levantándonos a las cuatro de la mañana para coger un vuelo vía Dusseldorf y desde allí, tras alquilar y coche dirigirnos hacia la localidad alemana de Netphen. Las previsiones del tiempo para ese día era variables, pero eso no iba a ser un obstáculo para en algo menos de dos horas desde nuestro aterrizaje, estuviéramos llegando a Siegen, la antesala de Freak Valley. Un bello paisaje nos recibía y aquel cartel en la carretera que tantas veces habíamos visto en foto, se presentaba ante nuestros ojos «Welcome to Freak Valley», ya habíamos llegado. Tras las indicaciones de los voluntarios nos dirigimos a la zona de acampada situada en una colina a aproximadamente un kilómetro del recinto del festival. Una vez instalada nuestra tienda y con las cámaras en la mochila un agradable paseo por el bosque nos descendía hacia la puerta del festival. A mi llegada, con las puertas todavía cerradas se producían los primeros encuentros con amigos alemanes así como otros llegados de distintos puntos de la geografía europea. Las puertas se abrían y tras obtener la acreditación correspondiente podía por fín comprobar «in situ» aquel lugar que tanto había deseado visitar. Un acogedor entorno y unas magníficas instalaciones preparadas para todos nos sintiéramos cómodos.

La octava edición del Freak Valley Festival comenzaba marcada con la cancelación de bandas como THE OBSESSED, por problemas con los visados que les había obligado a cancelar la gira europea, o de DUEL con contratiempos con la compañía aérea por la caducidad del pasaporte en el Reino Unido, así como SLOMATICS, por circunstancias desconocidas para mí. Algo que la organización solventó con acierto y premura con la incorporación de los holandeses DEWOLFF y con una grata sorpresa en la segunda jornada.

Varios años situado a la cabeza de los festivales de la escena alejada de lo comercial y habiendo colgado el cartel de sold-out a las pocas horas de puesta a la venta sus pases en el mes de noviembre, (lo cual viene siendo una constante desde hace unos años) la cosa prometía. Además en este edición el festival iba a ser retransmitido en streaming por Rockpalast, lo cual era el reconocimiento a un trabajo y aun prestigio ganado a lo largo de los años.

Un excepcional entorno natural entre bosques, prados y montañas en la localidad de Netphen acogen a uno de los festivales supone una citada obligada para todos los Rock Freaks desde hace años. Una formula alejada del lucro y que con unas magníficas instalaciones hace que 2.500 personas disfruten de 3 días intensos en una especie de mini Woodkstock del siglo XXI sintiéndose como en casa.

Había llegado la hora y entorno a las cuatro de la tarde y con el cielo encapotado y una amenazante tormenta eléctrica, VALLEY OF THE SUN abrían el festival. Los de Ohio derrocharon desert-rock con influencias grunge para calentar al personal desde el primer momento. Era la segunda ocasión que visitaban el festival y ahora venía con un nuevo álbum publicado hacía unas semanas. Un disco que ya reseñamos días a atrás y que copo el podio de nuestras recomendaciones de la semana en su publicación. Tenía gran curiosidad por ver como se desenvolvía en directo el trío con esos riffs humeantes y esas voces herederas de los noventa. Lo cierto es que la sensación fue muy buena, consiguiendo romper el hielo que supone abrir un festival con el público todavía frío, que ellos consiguieron enganchar al personal en un show de una hora de duración, un buen aperitivo para todo lo que estaba por venir.

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Tras ellos STONEFIELD. Las cuatro hermanas australianas desplegaban toda su sensualidad en una brillante apuesta por la psicodelia setentera que sorprendió a la concurrencia. Las «Findlay» ofrecieron un show muy parecido al que pocas semanas antes había visto en el Desertfest Berlin, de hecho, su indumentaria era exactamente la misma. También con nuevo álbum publicado recientemente, dejaron patente que su progresión no es una casualidad. Nuevamente ofrecieron un show en el que su aparente fragilidad se contrarrestaba con su solidez interpretativa. Navegando entre las aguas psicodélicas llegadas de los setenta conseguían meterse en el bolsillo a un público que gozaba con cada uno de sus temas.

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Llegaba la hora de una de las bandas que despertaban mi curiosidad. Los polacos SPACESLUG son unos de los abanderados de la prolífica escena pesada polaca, y sobre el escenario del Freak Valley, subían las revoluciones con su doom-psych, demostrando que son una banda sólida. Los polacos repasaron temas de toda su discografía, y si en disco, suenan pesados, en directo ofrecían esa pesadez adornada de mucha psicodelia humeante durante algo mas de una hora de show que recibió el reconocimiento de un público que todavía estaba poniéndose en ambiente.

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La tarde se estaba desarrollando a las mil maravillas, y todavía nos quedaban muchas emociones por vivir. Uno de los aliciente de un festival como Freak Valley, es la versatilidad de estilos que te puedes encontrar sobre su escenario, y ahora dábamos un giro con la banda del británico JOHN FAIRHUST BAND y su blues hendrixiano que conseguían ponían cara de satisfacción al personal con su potente embestida de blues-rock clásico. He de confesar que había escuchcdo un par de temas del John, pero me tengo que rendir ante la actuación que ofreció. Calidad y precisión de un tipo que tiene grandes dotes para la guitarra y que se hace acompañar de una mas que solvente base rítmica. Rock de siempre, que siempre resulta efectivo si es interpretado de esta forma.  El recinto con numerosas zonas donde poder comer, beber o simplemente descansar en los sofás y zonas chill-out, permitía que todo se desarrollara con buenas vibraciones entre un público que se toma esto como una fiesta de confraternización creando un ambiente excepcional en el que el rock es el protagonista.

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Acercándonos al ocaso hubiera sido la hora de ver a THE OBSESSED, pero de nuevo los problemas de Wino con las autoridad y su documentación impedían la presencia de los norteamericanos. Personalmente el anuncio de DEWOLFF como sus sustitutos me gratifica, ya que están mucho más en la onda que me hace vibrar. La banda me comentaba antes de subirse al escenario que hacía un par de días que les habían ofrecido tocar en el festival, y que habían tardado dos segundos en decir «¡¡si, vamos»!!. Lo cierto es que se les veía encantados de poder estar allí.  Su salida al escenario tras el anuncio de Volker fue recibida con una gran ovación, y los primeros riffs de «Big talk» así como los acordes de los teclados de Robin nos trasladaban de inmediato a mediados de los setenta. La cautivadora voz de su guitarrista Pablo iba haciendo desde este primer tema que las cabezas de la gente oscilaran en un trance al ritmo de sus armonías. el trio ejecutó un show basado principalmente en temas de su último álbum «Trust», aunque no faltaron clásicos como  «Sugar Moon»  o «Tired Of Loving You» de su álbum «Roux-Ga-Roux». La banda agradecía al público las ovaciones recibidas y mostraba su lado más calmado dentro de su incuestionable estilo retro.  Robin no dejaba de balancear su cuerpo sobre el teclado en esas posturas imposibles elevando los flecos de su chaqueta al viento, mientras los hermanos Van de Poel derrochaban sudor y energía. He visto en numerosas ocasiones a los holandeses y quizás éste haya sido su show más contenido. Dando un mayor protagonismo a las melodías en detrimento de la locura, y quizás eché en falta alguna de las versiones con las que suelen regalarnos en su actuaciones. Dicho esto, completaron un fantástico show, demostrando que los setenta fueron los mejores años para la música, y a pesar de que estemos en el siglo XXI, ellos consiguen trasladarnos a aquellos momentos dorados en los que se hacia rock and roll sin aditivos. De nuevo, brillantes.

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Caía la noche y uno de los platos fuertes del día estaba a punto de salir al escenario. El padrino del rock del desierto BRANT BJORK abría su show entre humo y focos que enfocaban al cielo de Netphen arremetiendo con su clásico «Low desert punk». Han pasado veinte años desde que fuera publicado en su mítico álbum «Jalamata», pero es un tema que cada vez me parece que está más vigente.  Sin interactuar demasiado con el público Brant iba desgranando en la parte central de su actuación algunos temas de su último álbum como «Makind woman» o «Chocolatize», ya acompañado por su inseparable Sean Wheeler. El personal ya se encontraba plenamente integrado en el show, produciéndose episodios de crowdsurfing. «Biker No. 2, «Pretty Hairy» o «Somebody/Nation indica» (la que resultó especialmente hechizante) coreada al unísono por el público, adquirían una nueva dimensión con un Brant centrado plenamente en su guitarra derrochando fuzz y wah wah. Su show concluyo, ya sin Sean sobre el escenario, con «Lazy Bones / Automatic fantastic»  mostrando al Bjork más funky. El show concluyó con una enorme ovación y Brant dejando su guitarra junto al amplificador con un acople a modo de despedida tras el que se acercó al micrófono a dar las gracias a un publico rendido a sus pies y con la sensación de que aquello había sabido a poco. 

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La media noche había llegado y la tormenta nos había respetado, lo que propiciaba que otro tipo de tormenta nos esperaba. De entre todas las bandas de esta edición de Freak Valley, la que mas ganas tenía de ver era ELECTRIC MOON, y por fín había llegado la hora. Un escenario en tonos azules y el silencio recibían al trío alemán. Sula, Lulu y habían tomado posiciones en el escenario, y ajustaban sus instrumentos antes de que el viaje partiera. Los efectos de Sula y los platillos de la batería de Pablo, con una Lulu arrodillada al frente del escenario junto a su bajo nos iniciaban en una odisea lisérgica de tintes espaciales llenos de misticismo. Si por algo han destacado siempre ELECTRIC MOOn es por su capacidad para las improvisaciones piscodélicas y en esta ocasión no iba a ser para menos. Su show transitó por insondables espacios que hacían que nuestros cerebros despegarán de la tierra para visitar una nueva dimensión. Dos largas jams en las que los elementos krauts aparecían para hipnotizarnos o en temas como «The picture» de su álbum «Theory Of Mind» o «D-Tune» de «Lunatics revenge» con la que concluían su actuación. Si con esos jam y distorsiones lograr hechizar a  un público predispuesto, la contundencia de su base rítmica como una poderosa línea de bajo a cargo de Lulu incrementaban la grandiosidad de su show aportando la pesadez en contraposición con el magnetismo de la guitarra y sintetizadores de Sula. Aquello que tanto tiempo había estado esperando por fin se producía, y de la mejor de las formas posibles. Un increíble show que consiguió que mi cuerpo levitara al dictado de su chamánico y ácida música. si la jornada había sido increíble, el cierre no podía haber sido mejor. Sobresalientes y de otro mundo ELECTRIC MOON consiguieron transportarnos a otra dimensión cósmica. nuevamente con la sensación que aquello había sido corto, llegaba el momento de la peregrinación. La larga cuesta hasta la zona de acampada nos esperaba. Con la linterna en mano nos uníamos a la procesión de kreaks que se dirigían a dormir, o a continuar la fiesta en lo alto de la colina.

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RECOMENDACIONES DE LA SEMANA (Recomendations of the week)

SACRI MONTI.- «WAITING ROOM FOR THE MAGIC HOUR» (US) heavy-psych, psychedelic-rock, progressive, 70’s, west-coast, rock

LUNA AND THE MOONHOUNDS.- «MOONBASE» (UK) hard-rock, blues-rock, 70’s, rock, psychedelic, retro 

I AM THE LIQUOR.- «ESCAPE FROM PLANET SMOKE»  (US) stoner, doom, metal, fuzz,  

3 WHEELER BAND.- «3 3 3» (Mexico) stoner-rock, fuzz, heavy-rock

JUICY’S.- «GOOSEBERRIES» (Francia) garage-rock, proto-punk, blues-rock

RAMPRASAD.- «II» (UK) psychedelic-rock, progressive, jam band, stoner

EXUM.- «SUPER KRUISER EP» (US) stoner-metal, heavy-rock, rock

NINE O’CLOCK GUN.- «CARRONADE» (Canada) hard-rock, blues-rock, stoner

EL SEÑOR DE LAS MOSCAS.- «PROBLEMAS DE PLAGA» (Mexico) stoner, garage-punk, fuzz

STONED CENTURY.- «SLAVES OF THE FALL» (Francia) psychedelic-rock, stoner, instrumental, post-rock

GRAND ATOMIC.- «IVY KING» (Noruega) fuzz, desert-rock, stoner, heavy-psych

HOUSE OF LUD.- «BLUD» (US) doom, metal, stoner,

FIREBALL ELECTRIC.- «BLACK SONGS» (US) hard & heavy, stoner-metal, doom

GRIZZLY.«GRIZZLY» (Argentina) rock, stoner, sludge, heavy-rock

UGATZ.- «UGATZ» (España) post-hardcore, alternative, punk, stoner, post-metal

TORT.- «VOID ADDICTION» (España) sludge, doom, metal, stoner

ALBATROSS OVERDRIVE.- «ASCENDANT» (US) hard-rock, metal, alternative, fuzz, stoner

 

Reseña.- STONEKIND.- «Stonekind – EP»

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Originarios de Carolina del Norte, y sin haber encontrado información al respecto de la banda me topo de bruces con STONEKIND y lo que parece ser su primer «EP». Una maravilla de esas que te sorprende de cuando en cuando y de la que no puedes despegarte en un tiempo. Cuatro adictivos temas heavy-psych y heavy-blues stonerizados en una linea que inevitablemente me recuerda a mis amados Devil & the Almighty Blues. Es muy fácil hacer una reseña del último disco de Sleep o de Kadavar, pero siempre he pensado que, sin olvidarnos de las grandes bandas, el objetivo de DenpaFuzz es precisamente dar a conocer este tipo de propuestas desconocidas para la gran mayoría de la gente. Estamos ante un Ep que rebosa calidad a raudales en cuatro temas con un magnetismo y pesadez que te enganchan desde la primera escucha. Unas cálidas y hechizantes voces que navegan entre las aguas psicodelicas de las guitarras con tonos hard-retro que surgen por sorpresa y se mezclan con momentos stoner. Todo ello sobre ádormecedores efluvios lisergicos que emanan de manantiales blues. Temas construidos con una cadencia ondulante, sin estridencias y que acaban convirtiéndose en un gratificante hechizo para los sentidos. Un derroche de fuzz sobre un sólida base rítmica con una apabullante batería que sirven de  cimientos a la magia de las voces y las guitarras. Todo un brillante debut en el que el trío  serpentea en cada tema con maestría logrando trasmitir distintas sensaciones y estados de ánimo, siempre con el objetivo de hipnotizarnos en cada acorde, en cada riff y en cada tema. Absolutamente recomendable para fanáticos de The Devil & The Alghmity Blues, pero no solo para ellos…. ¿Te vas a perder el viaje?

Lo primero que escuchamos son unos acordes acústicos en modo de arpegios para inciar la exploración con «Ember». Algo menos de dos minutos hipnóticos en los que las guitarras crean una introducción en la que los efectos espaciales planean aportando un hipnotismo que sigue la estela de los noruegos The Devil & The Alghmity Blues. Un brillante comienzo que simplemente sirve de preludio para lo que nos viene encima.

Una vez extasiados por la introducción, los poderosos riffs humeantes de «Talk to Fire» desde la pesadez, nos señalan el camino de espacios heavy-psych de altos vuelos. Con cambios de ritmos en los que se enredan en territorios propiamente stoner, derrochan energía.  una intensidad y un dinamismo que va ondulando entre momentos retro y otros más lisergicos. Ya aquí podemos comprobar que lo de las guitarras de Davis Templeton es algo serio. Mientras, las baquetas de Jeff Ayers Jr. dirigen el ritual por espacios stonerizanos cercanos a Greenleaf intercambiándose los roles con pasajes mucho más ácidos en los que la guitarra se desangra en sus solos. En la trastienda el blues más corrosivo subyace en cada nota.

Es difícil abstraerse  escuchando al trio de Wisconsin y no quitarte de la cabeza a Devil & the Alghmity Blues.»Black Molasses», de nuevo con unos magnetizantes acordes y esa voz chamánica de su batería Jeff, siguen en espacios lisérgicos que van describiendo atmósferas nebulosas bajo medios tiempos. Con aroma a cannabinoides el ritual chamanico que nos ofrecen, no está exento de poderosos riffs. Un tema que guarda el equilibrio entre lo plomizo, lo psicodélico y la esencia blues. Espacios enigmáticos pero gratificantes que se desarrollan entre los vapores adormecedores que fluyen de cada nota y que se ornamentan con riffs stoner-blues consiguen que la magia aparezca. Bosques oscuros en los que cualquier extraño pero amistoso ser puede aparecer ante nosotros en esas nubes de psicotrópicos. Estamos ante un tema de psicodelia pesada de libro, un corte para ser laureado por su perfecta construcción y ritmo. mas de siete minutos de intenso viaje por espacios insondables que acaban conquistándome completamente.

A ritmo lento, la pausa de los acordes psych de «It’s alive», se ve envuelta en una eficaz combinación de envolventes efectos antes de golpearnos con fuerza con pesados riffs hard que parecen llegados de otras décadas. pegadizos y contagiosos, el hard blues se presenta vestido de gala. Está calro que STONEKIND no es una banda aburrida, y que gusta de hacer serpentear sus temas con distintos momentos que transmiten variados estados de ánimo que van a concluir en cannabinoides entornos. y por si algo faltara, la cálida voz que nos susurra hace el resto ante de descender a cavernas plenamente lisergicas en las que desarrollan un hechizo hipnótico que logra nublar nuestros sentidos, para que solo abierto a su música.

 

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Reseña.- SACRI MONTI.- «Waiting room for the magic hour»

772462-500x500Cuatro años después de su álbum debut, SACRI MONTI están de vuelta con su segundo álbum «WAITING ROOM FOR THE MAGIC HOUR». Sin perder su espíritu caleidoscopico y lisérgico, el quinteto de San Diego continúa ofreciéndonos esas jams en las que las guitarras se superponen en diferentes estratos. Profundizando mucho más en los elementos progresivos y con melodías más cuidadas, siendo un caso particular dentro de la prolífica escena de su San Diego natal. Si abrimos el envoltorio heavy-psych, encontramos temas con una clara vocación progresiva. Hace ahora un año, ya pude intuir esta evolución en su actuación en el dunajam, en el que nos regalaron el que posiblemente fue el mejor show de todo el evento. Aquellas sospechas se ven claramente confirmadas en un álbum de una riqueza compositiva atrevida y que no se queda en el escenario psicodélico con el que se presentaron en su primer álbum.  Todo un salto entre lo espontáneo y lo musicalmente calculado.  Tomando prestados tanto ecos proto-metal más propios de Blue Cheer, como complejas estructuras cercanas a los dictados de King Crimson, sus ocho temas son todo un estímulo para los sentidos. Muchos momentos de melancolía que se ven reflejados en todos ocres a través de los teclados de Evan Wenskay, siempre custodiados por la pulsante línea de bajo de Anthony Meier y los ritmos de la batería de Thomas Dibenedetto . Un bajo que no se ve ensombrecido por los riffs psicotrópicos de las guitarras de  Brenden Dellar y Dylan Donovan. Manteniéndose en los sonidos de los setenta que les sirvieron de inspiración pero ejecutados desde una mirada más sosegada y madura. Otro punto a tener en cuenta son unos registros registros vocales que se contonean entre la ternura y la rabia, aunque predominando la calidez sobre lo desgarrado. En ««WAITING ROOM FOR THE MAGIC HOUR» encontramos guiños a los sonidos de la west-coast de finales de los sesenta y especialmente alguna influencia Quicksilver Mesenger Service. Uno de los factores en los que se sustenta es la capacidad para no perder la frescura de sus exuberantes jams dentro de unas estructuras compositivas mucho más complejas y medidas. Prueba de ello es que SACRI MONTI parecen sentirse más cómodos construyendo largos y embriagadores temas, lo que no supone un obstáculo para mostrarse efectivos en cortes más sencillos. Si a esta evolución unimos que no han perdido toda la fuerza de su primer álbum, estamos ante uno de los trabajos que se acercará al podio de los mejores discos del año. Si, ya sé que esto puede ser un tópico, pero déjate llevar por sus surcos y comprobarás que no es una afirmación tan osada.

«Waiting room for the magic hour» el tema que da nombre al álbum y que abre el mismo, parte de de una espiral de poderosos riffs característicos del sonido San Diego para ir poco a poco mutando a escenarios progresivos en los que vislumbro elementos que me recuerdan a los californianos Quicksilver messenger Service. Voces que oscilan y se balancean entre cálidos susurros melancólicos y desgarros llenos de fuerza. Ritmos y riffs de una intensidad a prueba de bombas, impenetrables, que se ven arropados por unos magníficos teclados de tinte vintage. con constantes giros en la trama,  el tema está lleno de profundas guitarras, dispuestas en distintos estratos, lo cual es una constante en todo el álbum.  

En un álbum que nos sorprende constantemente, los suaves y sinfónicos acordes de «Fear and fire» son como el terciopelo sobre el que recostarse.  Poco a poco el tema se va elevando para llevarnos a un Jardín del Edén con nostálgicos momentos creados por los teclados retro y los lamentos vocales. toda una oda psico-progresiva que según avanza se van volviendo más complicada gracias a la espiral de solos que aúllan en una espiral de efectos revoloteando y haciendo que el tema ondule por distintos escenarios sonoros. Mucha riqueza compositiva se esconde en unos surcos que suponen una nueva dimensión sensorial que se debate entre la psicodelia y lo progresivo sin terminar de decantarse por ninguno de los dos estilos. Como si su creatividad fuera tan grande que no quisieran renunciar a nada. Habrá quien piense que esto le supera con tantos cambios en la trama, pero personalmente me parece todo un acierto.

Nuevamente nos rompen los esquemas con el siguiente tema. «Armistice» a diferencia de los temas que le preceden, y como si una continuación de «Fear of Fire» se tratara,  una base rítmica poderosa sirve para la repetición de riffs de las guitarras así como los acordes de ese órgano retro tan omnipresente. A pesar de esa estructura repetitiva los solos se desangran hasta la extenuación.

Retomando esas atmósferas psico-progresivas, «Starlight» cuida las melodías para fortalecer el sentimiento que se transmite desde las voces. Creando un caleidoscopio sonoro de dimensiones descomunales el tema recupera brillantes momentos progresivos de origen setentero. Un tema ampuloso y monumental que escapa de los estereotipos con un impactante bajo en la sombra. Mostrando a Antony Meier en todo su esplendor la fuerza de dos guitarras y un órgano no consigue ensombrecerle ni un solo momento. Hard-progresivo de altos vuelos con guitarras ácidas que van y vienen en un aquelarre mesiánico de gran belleza en el que no faltan los momentos de esquizofrenia y locura lisérgica. En palabras de Brendan Deller: «La inspiración vino de una época en la que mezclé hongos con LSD y observé el cielo nocturno en el desierto y sentí que estaba volando las estrellas como cometas con mis ojos, años más tarde, recordé esa experiencia e incorporé una especie de elemento de canción de amor sobre una mujer en el cielo que intenta comunicarse con alguien en la Tierra a través de rayos de luz intentando dar instrucciones sobre cómo pueden estar juntas».

«Afirmation» supone la confirmación de la deriva que toman los californianos. Un camino que está mas cerca de King Crimson o Pink Floyd que de Earthless. Sutiles y elegantes sus armonías y sus susurrantes voces van creando un tema que se inclina hacia laderas sinfónicas. unas guitarras que parecen estar mas cerca del Mediterráneo que del Pacífico. Pasajes llenos de nostalgia y melancolía que a su vez transitan por escenarios sureños en sus momentos acústicos. Un pequeño giro pero que no se aleja del camino marcado. A diferencia de otros temas, aquí parece que se mantiene el rumbo desde el principio sin saltos mortales, todo más sosegado y lineal para construir un tema bien ensamblado y sin fisuras.

«Gone from grace» nos devuelve el protagonismo de las guitarras, con momentos más psych. Serpenteos de guitarras sobre una densa instrumentación, lo cual es una constante repetida, pero no por ello aburrida, sino llena de riqueza compositiva. Un torrente que se precipita sobre pesados ritmos. El propio Brendan dice del tema:  «Es una especie de cómo es el deber de todos compartir sus mentes y talentos con el mundo porque la bondad está dentro de ellos. Muchas personas confían en Dios u otras cosas para su bondad, pero así es como el mundo siempre termina en la mierda y las mentes hermosas se destruyen». Toda una declaración de intenciones para un tema lleno de fuerza.

Nuevamente nos encontramos con tema corto, como si de un interludio se tratara. «Wading in malcesine» es crea atmósferas ensoñadoras de tintes espaciales a través de efectos y sintetizadores bajo el sintonismo de unos teclados que recrean un ambiente celestial a modo de bálsamo para los sentidos.

El álbum cierra con «You beautiful demon». Aquí la guitarra acústica toma el protagonismo acercándose a sonidos west-.coast de corte pseudo-folk con un aura psico-progresiva revoloteando sobre su notas. Basado en acordes acústicos el sentimiento aflora con vocación «americana» sin perder el sintonismo que subyace en todos los temas, esta vez prescindiendo de la batería.

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