TESOROS DEL SIGLO XX: STONE HARBOUR.- «Emerges»

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El incansable sello Guerssen recupera una nueva joya escondida publicando esta semana «EMERGES», el único álbum del dúo de Ohio STONE HARBOUR.

Editado originalmente en un prensaje privado en 1974 es uno de esos álbumes que siempre ha sido codiciado y valorado en el mercado del coleccionismo. Ahora tenemos la ocasión de disfrutarlo. Psicodelia llena de melancolía con unas guitarras ácidas que se desangran en profundos lamentos con cálidas voces que nos arropan en cada acorde. Oscuros y underground, sus temas fluyen de las profundidades del sótano en el que fue creado entre tenues. Ecos de garage y sencillo rock and roll que por momentos recuerda 13th Floor Elevators . Los jóvenes Ric Ballas y Dave McCarty plasmaban sus sueños y sus inquietudes en diez temas cuya sencillez se convierte en su mayor virtud. Psicodelia y folk unidos en una causa común en la que ensoñadores voces suponen un gratificante arrullo. Entre esos apacibles pasajes de folk psych, sorprenden algunos momentos en los que sin salirse de esa propuesta toman prestados elementos más propios de Hawkwind. lo cierto es que el sonido de los británicos Tractor parece adecuarse más a la definición de su propuesta musical, especialmente en los momentos acústicos de temas como «Summer magic is gone», toda una belleza de canción que nos susurra placenteramente generándo un estado de bienestar terapéutico y reconfortante,  o «Stone’s trow», en la que las guitarras acústicas conviven con ácidos pasajes eléctricos en un segundo plano. El título del álbum es ciertamente premonitorio, ya que los temas emergen con gran naturalidad.

En definitiva, un trabajo introspectivo, tenue pero lleno de una magia intrínseca que contiene muchos matices ocultos en cada surco. Psicodelia de baja fidelidad que se viste de rock and roll hilarante y psicotrópico en cortes como «Still Like That Rock & Roll» o «Rock and roll puzzle». ácidos en «Grainds of sand» y folkies en cortes como «Dying to love you».

El álbum cierra con «Working for the queen», un tema sucio en el que las distorsiones  cabalgan entre el garage punk y los dictados de Hawkwind a bajas revoluciones.

 

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Reseña: KADAVAR.- «For the dead travel fast»

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Con diez años de carrera y multitud de seguidores a sus espaldas, los alabados y queridos KADAVAR a estas alturas son capaces de hacer lo que quieran sin tener en cuenta nada ni nadie. Así es como ha nacido su sexto álbum «FOR THE DEAD TRAVEL FAST». Un disco compuesto sin complejos y nacido desde la relajación de no tener que demostrar nada (como me comentaba Lupus en la entrevista que hicimos el pasado mes de Agosto). Un álbum que en una primera escucha me pareció sencillo y simple, dejándome un poco frío. Seguramente no era el trabajo que esperaba de ellos (como muchos de sus fans), pero tras sumergirme en sus surcos encuentro su atractivo a pesar de las notables diferencias respecto a sus trabajos anteriores, y alguna de ellas son bastante interesantes. Con atmósferas sombrías que bien podrían recrear la banda sonora de una vieja película y con un notable cambio en cuanto a los registros vocales, brillan con la presencia de mucha mas melodía y coros, con voces que juegan con «falsetes» con gran destreza. «FOR THE DEAD TRAVEL FAST» no es el álbum que retrata a los KADAVAR más crudos, sino a una banda que juega y explora escenarios mas progresivos. Como resultado, obtenemos el álbum más atmosférico del trío berlinés. La portada del álbum, así como las fotos promocionales muestran a unos tipos ataviados con ropajes más propios de otra época y eso se nota en unos temas lúgubres y oscuros. Premeditados sonidos vintage  con canciones sencillas que no acaban de explotar en esa deflagración pesada a la que nos tiene acostumbrados. Haciendo de la sencillez una virtud, las tinieblas cubren sus nueve temas con sonidos juegan con el heavy-rock, el hard y los ecos progresivos de finales de los setenta y primeros ochenta. Guiños sinfónicos más propios de los dinosaurios del rock progresivo se entrometen entre la inequívoca herencia Sabbath que de alguna manera siempre estuvo presente. No hay grandes alardes, ni grandes canciones, pero el disco puede ofrecernos agradables momentos. Incluso me atrevo pensar que con el tiempo será mucho más apreciado y valorado.

Una introducción atmosférica y misteriosa con suaves y tétricos acordes nos enseña el camino de la oscuridad en «The end». Voces llevadas del mas allá nos enlazan con el siguiente tema, «The devil’s master». Pasajes casi progresivos van elevándose entre la voz de Lupus y el cadente bajo de Simon, para iniciar el camino con riffs hard de tonalidad retro. Nebulosas vintage. El tema, como la mayoría de los del álbum, viene marcado por el particular registro vocal. Unas voces lánguidas que relatan episodios de nostalgia en un relato épico mas propio de otros tiempos. Un especial protagonismo de la base rítmica de Tiger y la guitarra nos recuerda momentos del heavy-rock de los años ochenta.  lo cierto es que por momento el tema tiene un «tempo» especial.

El hard-rock setentero más dinámico aparece en «Evil forces». Riff que se repetien con una cierta herencia Sabbath y elemento puramente heavy-rock añejo, así como la voz y coros con «falsetes» preceden a momentos de guitarras que aullan. Es como si estuvieramos a una versión «light» del heavy-rock más tenebroso. La implacable batería mantiene el tipo en todo el tema. Me llama la atención esos «grititos» en vena diabólica.

Las atmósferas oscuras y tétricas son el escenario natural en el que se desarrolla la trama del álbum, y así lo refleja «Children of the night». Tonos vintage en entornos pseudo-progresivos en el marco de la latente oscuridad  que tratan de obtener la luz con unos estribillos pegadizos que van modulando su tonalidad hacia una mayor calidez sobre los vivaces y repetitivos ritmos. La banda sonora de una película de misterio que poco a poco sucumbe a la melancolía con ramalazos de tétricas penumbras. Una especie de Sabbath progresivos con solos de fuzz desbordante que vuelven a elevar el tema antes del regreso a la penumbra. 

En esa linea progresiva en la que parecen instalados, «Dancing with the dead»  con voces más cálidas y reconfortantes, sucumbe a un sinfonismo en tonos melancólicos que acarícian las melodías bajo un soporte rítmico contenido. Un relato del pasado en el que destaca la cadente batería de Tiger mientras los solos de guitarra ondulan apacibles sobre un gran trabajo de bajo  para construir el tema más melódico. 

«Poison» muestra a la banda mas contundente y tenebrosa. Lúgubres pasajes bajo una implacable batería acercándose a Rush (en versión light) con las tinieblas como testigo. Voces desgarradoras y cambios de ritmos elevan el tema como si de un canto de esperanza se tratara. constantes parones y arrancadas. Lamentos entre luces y sombras y atmósferas psico-progresivas completan el corte. 

Con mucho mas fuzz y guitarras psicodélicas, «Demons in my mind» da lugar a una espiral diabólica que poco a poco se transforma con melodías hard & heavy de aspecto vintage. Un trasfondo sólido en el que los efectos y pedales se sosiegan cayendo en las tinieblas con la sombra de Sabbath en el horizonte. Oscuros y misteriosos bosques, mucho fuzz y la sensación de que cada instrumento va a su libre albedrío para acabar cohesionándose entre la espesura rítmica. Un corte, a pesar de todo que contiene gran dinamismo. 

«Saturnales» es una pseudo-balada en la que los efectos y los sintetizadores describen oscuros paisajes de una forma calmada e inquietante. 

El álbum se cierra con el tema mas largo y elaborado. «Long forgotten song» avanza por los mismos territorios que se desarrolla el resto del álbum. Lento pero a su vez pesado y grueso, la senda del hard-progresivo es transitada con amago de elevarse en su intensidad. Un simple espejismo que nos devuelve la sombríos pasajes con melodiosas voces que describen bellos y tristes pasajes. Susurrantes y magnéticos KADAVAR  acaban construyendo un tema que en otros tiempos pudiera convertirse en un himno.

Solo nos queda esperar como se desarrollan estos temas en directo en la próxima visita que nos harán el próximo mes junto a Hällas (con los que este trabajo tiene bastantes similitudes) y Mars Red Sky.

 

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Reseña.- DIRTY SOUND MAGNET «Transgenic»

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El trío suizo DIRTY SOUND MAGNET publica su tercer trabajo «TRANSGENIC», demostrando que la banda sigue evolucionando desde unos inicios en los que el blues estaba mucho presente. Con su segundo álbum incidían en escenarios psicodélicos que culminan en este álbum abriendo más sus horizontes y rescatando sonidos de los últimos 50 años con una mirada particular y personal. El álbum presenta una visión inquietante del presente y del futuro cercano, con el significado de las redes sociales y temas ecológicos cada vez más alarmantes que dan forma a una distopía Orwelliana. Hace tan solo unas semanas el trío estuvo de tour por España culminando en el Festival Tabernas Desert-rock Fest donde comprobamos el gran potencial que poseen, siendo una de las bandas que mas sorprendió al personal por su capacidad para conjugar distintos estilos e influencias con un sonido masivo y monumental en el que a su vez reflejaban la frescura que tiene su música. Con indudables momentos de neo-.psicodelica consiguen no encasillarse y ofrecer temas modernos llenos de atrevimiento. DIRTY SOUND MAGNET no necesitan alargar sus temas para conseguir su objetivo, elaborando canciones cortas y directas a excepción de los casi nueve minutos de «Skull Drawing Rose». Resulta curioso la versatilidad de ses sonidos a pesar de no haberse usado sintetizadores en la ejecución de los temas, obteniendo un resultado brillante.

«Organic sacrifice» surge con desvergüenza con pegadizos ritmos y estribillos en tonos inspirados en la psicodelia de los sesenta, pero con la suficiente capacidad como arrastraste en sus surcos con un hipnotismo innato. Un corte directo y resolutivo con constantes parones que no le hacen perder el ritmo y unos coros melodiosos y dulces sin caer en lo empalagoso.

Los registros vocales marcan un trabajo que pudiera parecer noño pero que son utilizadas con precisión no cayendo en esos estados. Así,  «USA, LSD, BNB, HIV» incide en es fórmula con momentos más lisérgicos. Un estado entre la neo-psicodelia, lo kraut e incluso algún momento indie que rescata momentos más pop pero manteniendo una riqueza instrumental superlativa. Modernos sonidos que no reniegan del legado de décadas pasadas. Un reflejo de la sociedad actual es la base sobre la que se construyen el corte. Es probable que si lo analizamos en profundidad, podemos encortar en forma de flashes momentos de distintos momentos de las últimas décadas.

Mas exóticos y con tonos casi indie, «Rigid soul» se sustenta en sonidos más propios de los noventa para evolucionar ampuloso por territorios semi-progresivos. Siempre desde una mirada contemporánea. Dejando de lado el vigor y el dinamismo la calma preside otro tema que usa elementos electrónicos en una efectiva combinación de lo analógico con la tecnología moderna.  Tal y como pudimos comprobar hace unas semanas en su directo, la capacidad para crear sonidos de sus tres instrumentos es digna de elogio.  Mil matices que hace que cada tema te sorprenda con cada acorde y cada giro. Éste podría ser un nuevo ejemplo, dejando más protagonismo a la base rítmica que al sonido de la guitarra. 

«Skull Drawing Rose», el tema más largo del álbum se instala en el rock clásico. Siempre con esos parones y giros y los constantes coros apacibles y melodiosos, la psicodelia, y el fuzz aparecen entre elementos progresivos y sinfónicos. Un relato que se viste de ropajes floydianos con un mayor protagonismo de la guitarra fielmente custodiada por sus escuderos en la base rítmica. Coros poppies entre complejas estructuras instrumentales que giran y giran en una avance que nunca nos deja claro hacia donde van a ir. Momentos vintage en un tema instalado en sonido setenteros en los que la guitarra de Stavros brilla en todo su esplendor. Si escarbamos en su interior podemos intuir momento mas propios de Yes, que contrastan con el sonido moderno de los temas precedentes. El tema quita los posibles complejos que el oyente haya tenido al escuchar los primeros cortes del álbum. 

En esta evolución de sonidos, «Social media girl» nos devuelve al sonido de su anterior álbum «WESTERN LIES», con tonos exóticos de psicodelia apacible. Aires orientales que le aportan frescura a otro luminoso tema con letras sobre el demoníaco poder de las redes sociales en el que no faltan buenos solos de guitarra sobre una cadente pero incisiva base rítmica. 

Con poco  mas de medio minuto «Transgenic» es un interludio sinfónico que nos adentra en otro tema de corte kraut como es «Social media boy». La electrónica aparece nuevamente en una fusión con lo vintage. Una lucha constante entre lo antiguo y lo nuevo. Sus coros pegadizos y alegres hace que el tema sea toda un fiesta en la que no falta a su cita los tonos psych.

El lado más apacible y psicodélico lo encontramos en «Hashtag love». Un oscuro y enigmático caleidoscopio con reminiscencias de la psicodelia más profunda y underground de finales de los sesenta con tenues momentos en los que agudos y penetrantes pasajes de guitarra nos llevan a una magnética dimensión mas allá de la razón. 

Una nueva cara de la banda aparece en «The Death of Beauty», en la que los sonidos acústicos se mantienen el el otro lado del espejo. Sinfónicos y casi espaciales pasajes describen un nuevo mundo hasta diluirse. 

DIRTY SOUND MAGNET lo componen Stavros Dzodzos (guitarra y voz)  Maxime Cosandey (batería y coros) y Marco Mottolini (bajo y coros). «TRANSGENIC» fue grabado en Eko Studio, mezclado por Leopold SchwallerStéphane Chapelle y Marco Mottolini , siendo publicado por Hummus Records.

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Reseña.- ZIOR.- «Before my eyes go blind «(The complete recordings)»

El sello Cherry Red Records publica una caja de cuatro cd’s con todas las grabaciones de los británicos ZIOR. Con el aliciente de que en su contenido se encuentra el álbum que la banda grabo bajo el nombre de MONUMENT así como un nuevo álbum grabado en 2.018 con el nombre de «SPIRIT OF THE GODS». ZIOR nacieron a la sombra de la explosión del rock ocultista de los primeros setenta que practicaban bandas como BLACK SABBATH, BLACK WIDOW, o en línea Alice Cooper o Arthur Brown, pero también heredando los ecos de psyco-pop de bandas como Cream o The Troggs. Navegando entre aquellas aguas, tanto el blues-rock como el hard-rock y el proto-metal o los primeros pasos del rock progresivo se aprecian en sus composiciones. Muchas veces denostados por la versatilidad de unos temas que parecían no definirse en un estilo propio, lo cierto es que en su primer álbum, el homónimo ZIOR dejan patente su potencial.

Temas como «New land» en el que bellas melodías poppies soportadas en un omnipresente órgano se inclinaban hacia espacios más propios de Jethro Tull con la incorporación del sonido de la flauta en un guiño a las primeras bandas hard-progresivas británicas. Con registros vocales cercanos a Gary Wright (Spooky Toooth) no dudaban en ofrecer temas «Gimme love» en el que el órgano es eclipsado por incisivos solos de guitarra en tonos hard-blues tan al uso en aquellos años. Cortes netamente progresivos como «Quabala» (uno de los destacados) se codean con una psicodelia de pastelería como «Oh mariya» o la negroide «Your Life Will Burn» en la que se puede intuir algún eco a Santana. «Love’s desire», Hard y blues junto a coros que se inclinan al soul y riffs potentes e incisivos con una cadencia rítmica pegadiza. «I really do» y sus tonos ásperos marca su incursión en el proto-metal en ebullición en la época. A pesar de que pueda considerarse con un álbum solo de canciones que no tiene nada que ver entre sí, es un reflejo de la confusión de estilos de aquel 1971 en que se publicó.

El disco 2 corresponde a «EVERY INCH A MAN», álbum originariamente publicado en Alemania en 1973, cuando ya la banda se había separado y que ofrece la faceta mas pesada de la banda. Voces desgarradas y ritmos hard-rock bailables hacen de «Chicago spine» un tema a tener en cuenta, demostrando que cuando menos te lo esperas en un tema previsible aparecen esas guitarras asesinas que te dejan noqueado. Los ecos de Alice Cooper se reflejan en «Have you heard the wind speak» en un guiño al glam, antes de un giro de 180 grados a escenarios acústicos en «Time is the reason». Blues -rock de libro en «Dudi Judy» o «Evolution», rock and roll sucio en «Ride me baby» o «Cat’s Eyes», éste más cercano al sonido de los Stones; pero siempre con un tono dicharachero y divertido. Ritmos contagiosos en los que el órgano tiene un menor protagonismo, excepto en el extraño e inquietante «Every kind of magic». El ábum se cerraba con «Angel of the highway», un tema poseído por el wah-wah ofreciendo la mejor versión de si mismos en un corte desgarrador.

Bajo el pseudónimo de MONUMENT, la banda realizó su mejor trabajo con el título de «THE FIRST MONUMENT». Cuenta la leyenda que en realidad el disco se compone de unas grabaciones que hicieron borrachos, pero lo cierto es que es el álbum más progresivo. Voces teatrales cercanas a Mike Patto, y una densa instrumentación en la que la oscuridad del magnífico órgano lo envuelve todo. Por otro lado encontramos algunos guiños a The Stooges, especialmente en algunas voces. pero si hay algo que destaca especialmente en este álbum es el sonido de sus teclados. Heavy-progresivo de altos vuelos con guitarras brillantes que se intercalan como en «State flesh». Rock and roll en «Don’t run me down». Con bastantes episodios teatrales en pura línea Arthur Brown, como «Give me life»  en la que los giros inesperados se suceden. Episodios pisco-progresivos en los que el envolvente sonido de los teclados nos adormece dejándonos en un estado de inconsciencia en «The metamorphosis tango», o la mas apacible y lisérgica «Boneyard bume».  La combinación del órgano pastoral frente a la agudas voces alternativas de «First taste of love» es solo el preludio a hirientes solos de guitarra ácida. Aquí está el verdadero poderío de la banda, la conjunción de esos elementos es uno de los valores de este trabajo. El álbum venía acompañado de un texto en el que se reflejan las conexiones de la banda con la brujería y el vudú. El álbum cierra con «I’m coming back» a ritmo de blues rock.

Al margen de que la caja contenga todas las grabaciones de ZIOR, tiene además el aliciente de contener en el CD 4 el álbum que grabaron a su regreso en 2.018,  «SPIRIT OF THE GODS». Toda una sorpresa en la que la banda ejecuta temas que suenan a sesenta. Canciones con mucho tono negroide, y que conjugan tanto rock, blues, progresivo y sobre todo funk-rock. Oscuros temas en los que los teclados siguen sonando como hace cuarenta años. Un groovy especial que sigue la senda de la ceremonia del vudú que iniciaron al comienzo de los setenta. oscuros y experimentales en «The wicca maker», con unos tambores tribales que inician el ritual. Ecos de Santana y Sly Stone en ·Crowman rises», con un órgano penetrante y voces negroides. Blues-rock pantanoso en «Earth hell & fire» en línea Dr. John. Fuzz y voces salidas de ultratumba a ritmo de funk-rock en «Release the dogs». La oscuridad de sus dos primeros álbumes se convierte ahora en un ritual de magia negra en el que no faltan temas bailables como «Eastwood bugsy» o oscuros pasajes psico-progresivos como «Sabbath 8» en el que dejan su impronta ocultista. Hard y rock enérgico en «Scorpion», un tema que lleva el ritmo en las venas. no faltan temas puramente setenteros como «Storm chaser» en el se travisten de Grand Funk Railroad, con esos teclados penetrantes. En definitiva un sorprendente álbum que no desmerece de sus primeras grabaciones manteniendo la obscuridad, aunque ahora tenga matices distintos.

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Reseña.- ACID ALICE «The road»

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Tratando de rescatar el rock clásico de los setenta los mexicanos ACID ALICE publican su debut. Con mimbres sacados de los setenta construyen un cesto moderno y divertido. Hard-rock, psicodelia, blues rock, proto-metal, stoner, todo tiene cabida para crean un sonido fresco, potente y divertido. Uno de esos disco que te puedes poner una y otra vez porque no hay un momento de aburrimiento. pesados, lisérgicos, rítmicos, desgarrados, Como si los espíritu de Jimi Hendrix, Johnny Winter, Jim Morrison o tantos otros, regresaran de los cielos para introducirse en los cuerpos de estos chicos. Temas de gran dinamismo y fantástico groovy. Pesados pero rítmicos e incitadores al baile. La banda sonora para una fiesta endiablada de rock and roll a la vieja usanza usando elementos modernos. Seducción constante, bien sea a través de contagiosos ritmos o de desgarradores momentos de psicodelia, siempre con el blues como referente. Toda una sorpresa que nos llegaba la pasada primavera y que persiste como uno de los debut más destacados del año. Dos guitarras asesinas y un vozarrón al servicio de una implacable base rítmica hace que cada tema, fluya de manera vertiginosa e intensa.   Desgarradores y desenfrenados, sus temas recorren todos los estilos de la década dorada del rock and roll. Absolutamente recomendado.

El disco se  abre con un la poderosa «Acid Horse «. todo un volcán en erupción que me recuerda por momentos a Cactus. Atronador tema de blues y hard rock de siempre con un aliño que lo stoneriza para acabar convirtiéndose en un corte de rock and roll por las bravas. Toda una chincheta en nuestros asientos que hará que botemos.

La batería y el poderoso bajo hacen la llamada al fuzz en «Destroy me». Con una seductora cadencia vocal y un fantástico groovy rítmico, la garra y los tonos heavy-psych de esas guitarras hirientes, construyen un tema retro en el que el wah wah y el fuzz consiguen crean auténticas nebulosas lisérgicas. Todo un trance psicotrópico que nos envuelve en en un caleidoscopio hard. Imposible resistirse.

Con un inicio similar al «Rock and roll hoochie koo», «Coming home» se desarrolla entre boogie-rock y fuzz. Alegre, contagiosos y absolutamente enérgico.

Tejiendo una tela de araña, el stoner y el hard rock se fusionan en «Free». Un tema ondulante, que no esconde su vocación vintage. Un viaje en el tiempo de ida y vuelta en el que la voz de desangra bajo poderosos y contagiosos ritmos.

La banda no baja el pistón en  » Wolf «. otro desgarrador registro en el que los ritmos de heavy-blues mas endiablados aparecen sobre ácidas guitarras.

Como si hubiera dos partes en el álbum, » In My Memory «, se construyen sobre un blues lisérgico lleno de crudeza y desgarro. guitarras que se lamenta y voces que se quiebran sobre un torbellino rítmico de grandes proporciones. Un tema crudo y profundo que socaba tus sentidos..

«I’m losing the stars» es otro blues desgarrado e hiriente. Primitivo, áspero e incisivo, reposa en su parte central en momentos llenos de acidez. Otro tema, que bien pudiera haber sido compuesto de 1970.

Un magnético bajo encontramos en » Broken Man «. un corte proto-metal que sirve de lucimiento a su cantante Darcy Core sobre esa estructura heavy-blues del siglo XX en la que los riffs nos golpean con parsimonia pero con contundencia antes de una nueva orgía de instrumentos desbocados.

Cambiando el registro, efectos de sitar y drones, abren «Fata Morgan». Un tema que me recuerda al mítico «Riders on the storm» de The Doors. En los mismos tonos cadentes, y con esa cálida voz que emula a Jim Morrison, van oscilando entre el frenesí y esos espacios chamánicos en los que el blues más ácido impregna nuestros sentidos.  

Cambiando completamente, el registro, «Hate», cierra el álbum en tonos acústicos. Las guitarras, y la seductora voz, esta vez acompañada de unos coros en segundo plano,  construyen un tema diferente, pero no menos impresionante.

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