Reseña: KING BUFFALO.- «Dead star»

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Todavía recuerdo cuando hace casi siete años, su primera «DEMO» me hechizó. En aquel momento pocos eran los que conocían a la banda. El trío practicaba un sonido poco habitual, y seguramente gracias al éxito de bandas como All Them Witches, fueron haciéndose con una cada vez mayor legión de seguidores. Tuvo que pasar un tiempo  hasta que pude verlos en directo, y en las ocasiones que lo hice consiguieron seducirme y hacer que esos shows se mantengan en mi retina. Ahora, ya asentados como una de las bandas puntera del género, publican «DEAD STAR». Treinta y seis minutos llenos de mística que nos hace evadirnos de nuestros problemas cotidianos, para embarcarnos en un hechizante viaje en el que la psicodelia y las melodías shoegaze nos envuelven. Abrazando y arrullando al oyente con cálidas voces y coros, reverberaciones psicotrópicas e hipnóticos ritmos kraut el trío de Rochester se reinventa experimentando con momentos más progresivos en los que encontramos algún eco floydiano. Una mirada interior que hace que nuestros sentidos se vean motivados con sus murmurantes pasajes.  Dejando más protagonismo a los sintetizadores, siempre encontramos una guitarra que emerge de las oscuras y nebulosas atmósferas para seducirnos con sus bellos pasajes.  Grandes momentos épicos que eclosionan con una fuerza e intensidad monumental entre esos desarrollos drone de tonos espaciales que tan bien saben construir.  Con este trabajo KING BUFFALO se arriesgar a explorar nuevos horizontes a través de nuevas texturas que solo hacen que fortalecer su música.   Si todavía no has rendido pleitesía al Rey, esta es una magnífica oportunidad hacerlo. Sin complejos, vuelven a llevarnos a una nueva dimensión sin renunciar a su apuesta psicodélica pesada.  

KING BUFFALO son: Sean McVay (voz, guitarra y sintetizadores) Dan Reynolds (bajo y sintetizadores y Scott Donaldson (batería). «RED STAR» está disponible vía Stickman Records, habiéndose grabado en NY en Main Street Armory en diciembre de 2019 y enero de 2020. Producido y diseñado por Sean McVay, mezcladado por Grant Husselman y masterizado por Bernie Matthews. El arte de la portada fue creado por Ryan T Hancock con fuentes de Mike Turzanski.

Un largo tema de dieciséis minutos como «Red star Pt. 1 & 2» abre este intenso trabajo del trío de Rochester. Con una introducción atmosférica que evoluciona lentamente nos llenan de una neblina de la que surgen místicos coros en la lejanía. Pausados acorces susurrantes  y reverberaciones nos envuelto en un manto mágico del que se eleva la cautivadora voz de Sean adornando aterciopeladas melodías. Un cautivador hechizo que eleva a la categoría de sublime el genero shoegaze. La cadente batería  y los efectos provocados por los sintetizadores acompañan los bellos acordes de la guitarra. Sin perder un ápice su aura mística y ensoñadora, el corte se elevando pausadamente, sin ninguna prisa. Con tonos rituales los tambores resuenan entre exóticos aromas mientras el tiempo no pasa. El tema no parece querer arrancar, acomodándose en sus acolchados y atmosféricos pasajes.   Embutidos en un atuendo psicodélico, los solos de la guitarra se contonean sensuales y profundos. El trío se toma doce minutos de viaje catártico antes de explotar por la senda de ritmos kraut antes de elevarse majestuosos sobre pesados riffs que se compensan con una estructura creada en dos niveles de sonido en forma de capas envolventes. Sencillamente apoteósico. 

«Echo of a Waning Star» retoma la vocación shoegaze con la que nació la banda. Hipnóticos acordes y la voz susurrante y cálida nos arrulla en un enternecedor y gratificante canto. Siempre desde la pausa, consiguen crear ese imperturbable campo magnético en el que nos atrapan sin remisión. Con momentos llenos de épica elevan la intensidad golpeándonos con pesados riffs. Tras la descarga, retoman la senda de la pasua y la belleza de sus magnéticas melodías.

Reverberaciones y sintetizadores van construyendo «Ecliptic». Otro atmosférico tema en el que los sintetizadores toman un mayor protagonismo.  Palpitante e hipnótico el corte prescinde de las voces para desarrollarse sobre una estructura que me recuerda a cierto momentos floydianos antes de disiparse.

«Eta Carinae» fue el primer single que el trío nos presentó. Un tema en el que los ritmos evocan a Pink Floyd entre acordes de psicodelia con esa cautivadora voz shoegaze. Con tonos algo más progresivos, la sombra de «The wall» parece cubrirlos por momentos. Oscuros espacios que se llena de un tono de misterio. Siempre magnéticos, KING BUFFALO, son fieles a sus principios, pero a la vez experimentan mas en su sonido, algo que solo hace enriquecerlos. Dotando a su sonido de una personalidad inquebrantable componer un tema único, que se recuesta en ecos de los setenta cuando los «crecendos» elevan tema. Siempre sacándose de la chistera algún solo impactante, construyen un tema rebosante de tonos hipnóticos más propios del kraut-rock.

«Dead star» el tema que da nombre al Ep, se deja llevar por melodías acústicas, con tonos campestres. Siempre susurrante, sin perder su esencia, volvemos a encontrar algún pasaje floydiano antes de una nueva explosión sonora. Bellas melodías vocales entre una instrumentación que nuevamente se estratifica en dos planos diferentes. Uno lleno de fuerza y el otro, magnético y arrullador. 

El trabajo concluye con un corte de psicodelia espacial . «Red star pt. 2» se camufla entre pasajes mas propios de Hawkwind, en una huida hacia adelante. Fornido y pesado nos ofrece el lado más contundente de la banda.  Entre tonos pseudo-espaciales se dejan llevar por desarrollos heavy-psych llenos de fuerza. Narcóticos y sugestivos, prescinden de acariciarnos,  para golpearnos con fuerza entre supernovas en un viaje hacia desconocidos confines.  Un brillante ejercicio de psicodelia pesada envuelta en meteoritos siderales. 

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Reseña: PYRIOR.- «Fusion»

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Avalados por el prestigioso sello Tonzonen Records, el trío berlinés PYRIOR, publica su cuarto álbum «FUSION». Un álbum destinado a hacer audible la influencia musical de cada miembro de la banda, y fusionar diferentes estructuras de canciones y diferentes sonidos en un todo coherente. Ofreciéndonos por tanto una experiencia general y una declaración colectiva. Fundamentado en su stoner instrumental y en atractivos pasajes heavy-psych en línea de sus paisanos Colour Haze o Rotor, logran construir temas que serpentean por distintos espacios en los que una fuerte base rítmica sirve de soporte a bellas melodías en las que la guitarra nos seduce, atrapándonos en un estado de ánimo gratificante y relajante. Esto no quiere decir que «FUSION» carezca de fuerza, todo lo contrario, ya que logran habilidad componer temas compactos y versátiles, sin que la ausencia de voces, sea ningún problema. El álbum está estructurado combinando temas pesados, con otros, a modo de interludio en el que incluyen pasajes acústicos que amortiguan la fuerza de algunos de los cortes. Todo, para embarcarnos en un emocionante viaje instrumental a través de diferentes paisajes sonoros en los que el oyente puede perderse. El trío alemán está en una búsqueda para cruzar sus límites musicales, y aquí, nos llevan a otro mundo, un lugar desconocido pero acaba resultando de lo mas familiar.

PYRIOR nació en el año 2008 como una comunidad de músicos dedicada a las jam-sessions. Estas sesiones improvisadas dieron como resultado la formación de un trío de rock clásico con sede en Berlín, compuesto por Dan Low (batería), Toa Ster, (bajo) y Max Appeal (guitarras).

Después del EP «PULSAR» de 2009 y el álbum debut «OCEANUS PROCELLARUM» de 2010, la banda lanzó dos álbumes «ONESTONE» en 2014 y  «PORTAL», en 2016.

Con «PORTAL», la banda completó su propia trilogía épica. El sonido se movió del rock Espacial al post rock, de pesado a psicodélico, de mayor a menor, y todo lo demás. 

El álbum abre con una introducción de algo menos de dos minutos. «Guanine» parece describir un génesis a través de apacibles acordes con ambientación atmosférica. 

Tras la breve introducción «Hellevator» muestra al trío en plenitud. Pasajes en pura línea Colour Haze van oscilando por la frontera del stoner y los desarrollos puramente heavy-psych. De alguna manera esta es la seña de identidad de la banda. Belleza y riffs que se elevan majestuosos entre bellas melodías instrumentales. Guitarras que aúllan cual manada de lobos entre el estruendo de una estampida de búfalos provocada por esa poderosa base rítmica. Un tema que deja un paso de desolación a su paso. Fuerza stoner y psicodelia siguiendo esa tradición alemana de bandas como Rotor o los citados Colour Haze. 

A modo de interludio, «Adenine», con algo mas de un minuto, nos sirve de bálsamo con sus acordes acústicos antes de una nueva embestida.

Tras el relax del corte anterior, los poderosos riffs de «Splicer» nos golpean con contundencia. Elevándose esplendorosos nos sumergen en una nueva espiral de pesados ritmos stoner y psicodelia pesada en línea Rotor. Como si estuvieran hechos de caucho, las guitarras se estiran y encogen hasta la extenuación. Oscilando constantemente a un vertiginosos ritmo, la estructura se repite con momentos en los que la guitarra parece hablarnos en esos solos tan atractivos.  

«X» Cadentes y con un protagonismo inicial del bajo, la guitarra susurra, serpenteando hábilmente. Con ecos del sonido de los setenta, la psicodelia se fusiona con gruesos y difusos pasajes de un bajo poderoso e insistente.  El leitmotiv del álbum queda fielmente reflejado en un tema que parece atascarse con esas repetidas embestidas. Rugosos, y mostrando su faceta mas pesada, los berlineses se dejan llevar por las vibraciones mas arenosas en contraposición con lo mostrado en los cortes anteriores. Aún así, los solo afilados no falta a su cita cotidiana con cada uno de los temas del álbum.

 «Thymidine» recupera la calma con arpegios acústicos llenos de calidez. El tema desprende melancolía con bellos pasajes que se alejan de los rudos momentos stoner. Prescindiendo de batería, describen ensoñadores paisajes en los que calma lo envuelve todo.   

Tambores rituales nos introducen en «Norfair». Tomando el relevo un poderoso bajo nos guia a través de apacibles y floridos espacios. El tema se muestra mas experimental, acercándose por momentos a escenarios de psicodelia en un ejercicio en el que repiten la estructura del tema creando un clima relajante y a la vez misteriosos. Insondables espacios complementados con ocasionales guitarras que enlazan con el siguiente tema.

«Fusion» retoma los escenarios más propios de Colour Haze con rifs ondulantes y un dinámico y atractivo ritmo, mientras el bajo nos golpea hipnótico. Guitarras que se contonean por escenarios netamente heavy-psych. Con un parón los tambores regresan tomando el protagonismo para arrastrar a la guitarra a engalanarse coloreando bellas atmósferas lisérgicas. pinceladas de extenuantes solos y efectos envolventes retoman la verdadera vocación de la banda.  Empapados de hongos mágicos traspasan la forntera sensorial para elevarnos a magnéticos momentos llenos de belleza. Sin duda, aquí la banda se deja llevar por el hechizo del propio tema, bien con sus hipnóticos riffs o por el magnetismo de esa batería que juguetea seduciendo a la banda a embarcarse en un viaje tortuoso y serpenteante por escenario psicotrópicos en los que  nos sentimos completamente atrapados. No puedo resistirme a pensar en Rotor, con esos momentos de éxtasis en los que el hechizo hace su efecto haciendo que levitemos entre cada acorde. Sin duda, el tema más elaborado y sobresaliente de un álbum brillante.

Para el cierre, PYRIOR nos deja un susurrante y atmosférico tema, «Cytosine». alejándose de la contundencia, en esta ocasión deambulan por espacios más etéreos. Murmurantes  pasajes nos masajean entre efluvios mágicos en una experimentación que vuelven a fusionar distintos elementos , incorporando pasajes espaciales para concluir esta cuarta entrega.  

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Reseña: HUMULUS.- «The deep»

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Hasta el pasado otoño no había comprobado «in situ» como se las gastan los italianos en directo, pero esa actuación en el marco del Tabernas Desert-rock Fest me dejó tan buen sabor de boca que ha hecho que me zambulla inmediatamente en su nuevo álbum «THE DEEP».  Un trabajo que lleva semanas dándome momentos de placer con cada escucha y en el que la banda se muestra con una solidez digna de elogio. Construyendo los temas con la precisión de un relojero consiguen transmitir sensaciones y estados de ánimo con una notable habilidad. El álbum parece tener dos partes diferenciadas en sus seis temas; una primera en la que la pesadez stoner tiene una mayor cuota de protagonismo y una segunda en la que se dejan seducir por la psicodelia más aromatizada y atractiva creando paisajes llenos de belleza. Un álbum que fluye con un buen ritmo y en el que cada acorde parece perfectamente diseñado, con unos instrumentos perfectamente ejecutados y unas magnetizantes voces que nos atrapan en hechizo psicotrópico.  Tanto en los numerosos pasajes instrumentales como en los momentos vocales de un mágico Andrea, HUMULUS se gradúa «cum laude». Combinando las melodías con sus crujientes riffs , la vocación retro y el blues están también presentes en unos surcos que rezuman la mejor psicodelia pesada que puedes encontrar actualmente.  Con la transversalidad por bandera saben exploran distintas vibraciones con un acierto digno de elogio, lo que hará que tanto los amantes del stoner más tradicional, como los amantes de la psicodelia encuentren aquí un filón donde explorar.  «THE DEEP» nos invita a un paseo por un oscuro bosque encantado en el que la psylocibina nos intoxica para crearnos un auténtico estado de éxtasis. Primero fue el elefante, luego la morsa, después el rinoceronte, y ahora, el pulpo extiende sus tentáculos para esparcir el elixir psicotrópico de los italianos. 

El álbum está disponible vía Kozmik Artifactz.

Contoneándose bajo pegadizos riffs stoner de vocación retro «Devil’s peak (we eventualy eluded death)» se gesta un corte heredero de los sonidos de los setenta con el blues en sus venas.  Hard, heavy-rock y stoner unidos por una causa común creando gruesos riffs con la suficiente pesadez proto-metal, zimbreandose vacilones antes de que una subida de psilocibina nos haga compañia en un transitar por narcóticos bosques en los que los hongos mágicos nos muestran formas cambiantes. Un colorido espacio en el que una bruma intoxicante nos invade. ¿Retro-rock? ¿Heavy-psych?, ¿stoner? ¡Que más dá! esto es completamente hechizante.

«Gone again»  habita en escenarios más arenosos en los que el humo cannabico frota a toneladas. Lo suficientemente ritmico, y con mucho fuzz, todo un torbellino nos arrasa. un corte cegador y pesado con pasajes crudos y sonidos primitivos que se suavizan con modulaciones en las que las que las melodías se cuidan con esmero.

Partiendo de un introducción ambiental con sintetizadores, «Hajra» comienzo su andadura con un tenebroso bajo y magnéticos acordes con cierto exotismo. La cálida y hechizante voz nos aporta una mística especial en un tema que camina cadencioso por la senda de la psicodelia para elevarse entre brumosas atmósferas. La rabia y la fuerza de unos riffs llenos de épica supone todo un golpe de efecto en la latente oscuridad en la que se desarrolla el corte. Inclinandose por momentos hacia laderas casi doom, el exotismo de alguno de sus momentos supone un contraste maravilloso. Casi en todos arábigos la voz nos susurra envolviéndonos en un hechizo que desemboca en ramalazos de un fuerza tenebrosa.

Envueltos en esa atmósfera de misticismo se va gestando el siguiente tema, «Into the heart of the volcano sun». Con unos coros en la lejanía (o esa sensación me da), los pasajes de profunda psicodelia perfumada nos invaden. La calma con la que los italianos acarician sus instrumentos resulta como un imán para atraernos aun relato lisérgico en el que todo fluye sin prisa. Delicados pasajes adormecedores creando un estado de bienestar al oyente. HUMULUS crean un mundo paralelo en el que las apacibles y reconfortantes sensaciones transmitidas reafirman el poder terapéutico de la música, y estos tres italianos son doctores en la materia.  Siete minutos instrumentales antes que la cálida voz nos sorprenda para mecernos con cada estrofa. Magnetismo en estado antes de una nueva descarga de intensidad en una catarsis sensorial que estimula nuestras endorfinas con gran dominio del ritmo y la melodía.

Si bien la primera parte del álbum estaba dominada por pesados sonidos, en la segunda parte, temas como «Lunar queen» se inclinan por el sosiego. Aquí, la cálida voz, con ese registro tan grave, nos vuelve a susurrar entre acordes acústicos. Una tema que bien pudiéramos definir como una pseudo-balada llena de melancolía. A través de un cierto sinfonismo el tema se arropa con momentos psico-progresivos que se alejan de los cánones del stoner y los sonidos pesados.

El trabajo se cierra con un tema de quince minutos, «Sanctuary III». Susurrantes acordes, psico-sinfónicos nos introducen un una atmósfera de oscuridad en la que el tema brota lentamente. Tras la introducción, una explosión de luz guiada por pausados riffs de vocación retro nos hacen transitar en esa delgada línea que separa la frontera de la psicodelia pesada y stoner. Todo sucediendo de una forma pausada, el trío no tiene ninguna prisa mientras su voluminosos bajo y un cadente ritmo de tambores van soportando el sonido de una guitarra que nos hace de guía entre la neblina lisérgica. Todo una exploración psicodélica de la que surge una voz inquietante con un halo de misterio y oscuridad. Ahora bajo tonos pseudo-ocultistas con una tufillo a Sabbath se suceden entre unos pasajes vocales en los que se vislumbra el blues en el horizonte. Dejandose llevar por bellas armonías que no reniegan de espacios heavy-progresivos nos introducen en un bosque encantado en el que todo se muestra bello. Una brisa nos masajea con sus aterciopelados pasajes para ir construyendo un cuadro de psicodelia aromatizada en la que los embriagadores perfumes nos intoxican. Aquí la banda se olvida de sus ásperos riffs para ofrecernos su lado mas delicado, dejando aparcada la pesadez mostrada en los temas que abrían el álbum.

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Reseña: THE SPACELORDS.- «Spaceflowers»

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Sólo he tenido el placer de ver en directo en una ocasión a THE SPACELORDS, y aquel concierto siempre quedará en mi retina por la cantidad de sensaciones que fueron capaces de transmitirme con su apuesta de psicodelia espacial. Por eso, cada nuevo álbum de la banda supone una oportunidad para el gozo, recibiendo la cantidad de sensaciones que son capaces de trasladar, y en esta ocasión, con «SPACE FLOWERS» los alemanes se han superado. Solo tres largos temas para invitarnos a un viaje a los confines del universo en busca de esa dimensión sensorial capaz de anular nuestros sentidos para dejarnos en un estado de éxtasis. Cerrando la trilogía iniciada con su álbum «LIQUID SUN», y su secuela «WATER PLANET», «SPACE FLOWER» supone la culminación de un viaje en el que los psicotrópicos invaden nuestras neuronas en una catarsis sensorial. Sus tres temas se construyen sin prisas, fluyendo con una grandiosa naturalidad que consigue atraparnos entre sus surcos. Teniendo en cuenta que ninguno de los temas baja de los once minutos, pudiera parecer que la monotonía haría acto de presencia en cualquier momento. Precisamente ahí está el gran poder de la banda, ser capaces de que después de sus largos desarrollos instrumentales no nos hayamos dado cuenta del tiempo. Eso binomio espacio-tiempo es  uno de los avales de la banda, y aquí queda perfectamente reflejado. Aromantizando sus pasajes con exóticas fragancias, o golpeándonos con sus hipnóticos ritmos, saben modular cada desarrollo instrumental para que aflore espontáneamente. Otra de las características, es su capacidad para hacer que cada acorde sea sobre-dimensionado gracias a la multitud de efectos que incorporan. Pocas bandas como ellos son capaces de hacer esto con tanta maestría. Con su psicodelia pesada consiguen trasladarnos mas allá del hábitat de las supernovas, en un entorno casi-post-apocalíptico, en el que la vida vuelve a brotar. Un torrente de sensaciones que nos invade sin renunciar a la pesadez logrando el equilibrio perfecto entre las pasajes mas  contundentes y los aterciopelados entornos que consiguen describir. Este álbum es unna gratificante travesía sobre entornos siderales que hace décadas exploraron bandas como Hawkwind con influencias de los grandes la kosmiche-musik alemana de los setenta, en una actualización en la que los pesados sonidos stoner tienen su parcela de protagonismo.  Nadie con sensibilidad debería renunciar de unos temas que carecen de voces, porque  aquí, el nirvana está garantizado. 

A caballo entre los misteriosos entornos espaciales y la psicodelia más aromática «Spaceflowers», los Señores del Espacio se muestran sólidos y elegantes a la vez. Un corte ejecutado con calma, sin prisa para el despegue, y en el que los siempre prolíficos efectos que tan gustan a la banda hacen que el sonido de la guitarra se retuerza en pasajes psicotrópicos. Sin abandonar su propuesta espacial enriquecen ésta con los hipnóticos ritmos de la batería de Marcus Schnitzler, mientras el sobresaliente bajo de Akee Kazmaier derrocha su habilidad. Llenos de magnetismo, el trío consigue su sonido, situado en tres planos diferentes, se compacte en una causa común, con la guitarra de Hazi Wettstein multiplicando su sonido. Sin perder un ápice de magnetismo da la sensación de que los sintetizadores fueran los protagonistas sobre los elegantes pasajes. el tema se muestra pesado e incisivo en su desarrollo. La influencia de la kosmiche-musik de los setenta, aparece en las entrañas de un corte que transita por potentes pasajes heavy-psych en una combinación de distintos elementos. 

«Frau Kuhnkes Kosmos» se deja llevar más nitidamente por los ritmos kraut más pesados. incrementando a la vez su vocación espacial y su intensidad nos ofrecen una tormentosa odisea. La calidad del trío hace que sean capaces de dotar a su pesadez bellos y magnéticos desarrollos en la parte central del tema con algún eco floydiano. En términos generales el tema se construye sobre una atmósfera fría y poderosa como resultado del entorno mas sideral en el que nos introducen. Esto no resulta ser ningún obstáculo para que la psicodelia emane de cada acorde. 

La magia aparece a lo largo de los casi veinticinco minutos de «Cosmic Trip». Desde una evolutiva introducción sobre ensoñadoras atmósferas van construyendo el tema desde la calma. Transmitiendo el sosiego sobre reconfortantes pasajes rebosantes de belleza en los que el sinfonismo hace acto de presencia. Paulatinamente el corte va adquiriendo tonos más misteriosos en una exploración en la que la guitarra derrocha pasajes realmente bellos. Si bien el bajo, aparentemente  parece dirigir el destino del tema, esa guitarra en un segundo plano modula el tema haciendo que se contonee en bellas formas. Como si estuvieran describiendo un momento post-apocalíptico en el que todo parece cobrar vida nuevamente. Pasando por distintos estados, (obviamente estamos veinticinco minutos de viaje) va incorporando una intensidad con pasajes mas gruesos entre los numerosos efectos espaciales. Todo coloreado con una especie de exóticos cantos orientales que despiden una embriagadoras fragancias. todo un contraste con la misteriosa atmósfera de su comienzo. Pasajes de psicodelia aromatizada  que se construyen con un cadente y persistente ritmo cuyo resultado es una mística que conjuga el infinito vacío sideral con enigmáticas fuerzas alejadas de lo terrenal.  Toda una dimensión sensorial que nos atrapa con su gran magnetismo y delicadeza en la que insondables y exóticas deidades sobrevuelan sobre nuestros sentidos creando un espacio de liberación emocional que nos traslada a un nuevo mundo alejado de lo terrenal. Navegando por místicos entornos en los que todo sucede con una calma gravitatoria en esos entornos siderales. Sin perder ni un momento el hipnótico ritmo la guitarra se torna más ácida y psicotrópica en la parte final. Uno de los grandes activos del tema es que , a pesar de su duración no resulta nada monótono, lo cual dice mucho de la calidad que contiene. ¡Sublime!

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Reseña: THE THIRD MIND.- «The Third mind»

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THE THIRD MIND es el proyecto de dos veteranos músicos de la escena californiana como Dave Alvin (THE BLASTER, X) y el multinstrumentista Victor Krummenacher (CAMPER VAN BEETHOVEN, CRACKER, MONKS OF DOOM) a los que se unieron David Immergluck (CAMPER VAN BEETHOVEN, COUNTING CROWS, MONKS OF DOOM) y Michael Jerome (RICHARD THOMPSON, BETTER THAN EZRA). para crear esta maravilla de debut que ve la luz vía Yep Roc Records. Un álbum hecho con la máxima de «Juntémonos y hagámoslo» y que refleja la frescura de unos grandes músicos dejándose llevar por su libertad creativa recuperando la banda sonora de su adolescencia y que se criaron a la estela de los sonidos west-coast, algo que queda completamente patente en los cinco temas del álbum. Jams psicodélicas hechas con ternura y espontaneidad sobre versiones de músicos tan dispares como la cantante de jazz Alice Coltrane, el músico folk Fred Neil, o la maravillosa folky canadiense Bonnie Dobson, BUTTERFIELD BLUES BAND, Roky Erickson y sus 13TH FLOOR ELEVATORS, y la esencia de las versiones que de alguno de ellos hicieron GRATEFUL DEAD o IT’S A BEAUTIFUL DAY manteniendo el espíritu del verano del amor. Con Hendrix como referente y la libertad de ejecutar las canciones sin ataduras, ofrecen su particular visión lisérgica de estos temas, tiñéndola con pinceladas jazz o folk. Una alocada idea con un resultado exquisito. Las palabras para describirlo sobran, ya que estamos ante un álbum sencillamente MARAVILLOSO que lo que pide es escucharlo con atención y empaparse de toda la sensibilidad y calidad que contiene.

«Journey in Satchidananda», Con momentos drone de pausada psicodelia teñida con borboteantes efectos a modo de introducción se va construyendo un tema en el que el cadente bajo camina lentamente entre una psicotrópica neblina. Con el jazz como argumento, la banda transforma el tema en un espacio para la experimentación lisérgica. Esto es una constante en todo el álbum. Los acordes se van sucediendo con una parsimonia completamente narcotizante.

Con esa misma vocación psicodélica, se atreven desde e un reconfortante sosiego a versionar «The Dolphins», tema de Fred Neil, versioneado previamente por  músicos de la calidad de Tim Buckley. Linda Ronstadt, o It’s a Beautiful day. Embarcándose en un viaje que recupera los bucólicos sonidos west-coast de los californianos con cálidos y reconfortantes registros vocales. Entre delicados coros angelicales, el manto psicodélico envuelve un tema de inequívoco carácter folk. Menos luminoso que la versión original, aquí los tonos grises predominan entre pinceladas coloristas. Lo cierto es que, aun manteniendo la esencia del original, consiguen transformarlo en un plácido paseo por la psicodelia más florida.

El siguiente tema, «Claudia Cardinale», original de la banda, mantiene la línea de los cortes precedentes. Con ecos de guitarra clásica evocadores del Concierto de Aranjuez y una guitarra con un sonido que me evoca a Carlos Santana en modo sinfónico, consiguen mantener el halo lisérgico entre pasajes sinfónicos. El corte supone un magnifico escenario en el que su guitarrista puede desarrollar toda su técnica entre tenues atmósferas.

Ahora tomando como referente a Grateful Dead, «Morning dew», el tema original de Bonnie Dobson. se viste de cálidas voces en vena folk para generan un susurro placentero con medidos acordes interpretados desde la pausa. Nuevamente el bucolismo más reconfortante nos acaricia con sus sedosas texturas. Una voz que no tiene nada que envidiar a grandes del folk como Joni Mitchel, o la misma Bonnie Dobson nos masajea con delicadeza entre brillantes solos de guitarra que vuelven a certificar el buen hacer de su guitarra. La belleza en estado puro sobre aterciopelados pasajes vocales. Ciertamente, al margen de la particularidad de la voz, el tema mantiene con acierto la esencia de los Grateful Dead en su dorada época del verano de amor con sus hecHizantes y mágicas voces y un crescendo que evoluciona con sosiego, sin prisa.

Con un aparente giro en su propuesta, Butterfield Blues Band son homenajeados con «East West». Dieciséis minutos en los que el blues se une a la fórmula psicotrópica que con tanto acierto ejecutan. Tomando el formato de una jam ácida la improvisación hace acto de presencia sobre cadenciosos y efusivos ritmos. La larga duración del tema deja espacio al desarrollo de una bacanal de alucionóigenos en la que los lisérgicos pasajes se adornan con el sonido de la armónica. Evidentemente estamos ante un tema de blues, y ese elemento no podía faltar aquí al ser una de las señas de identidad que dio gloria a Paul Butterfield en aquella aventura junto a Mike Bloofield. Este pequeño giro no es un obstáculo para que mantengan el listón en una ejecución rítmica implacable a la que nada le frena. Manteniendo esa vocación west-coast, el corte fluye entre las aguas del blues que su funden con corrientes psicodélicas muy en la línea de Grateful Dead.

Dando un nuevo salto al vacío, «Reveberation», el tema de 13th Floor Elevators«adquiere una dimensión más pesada. Con el blues en el horizonte se alejan del bucolismo mostrado en los temas anteriores para ofrecer un tema mucho más corrosivo. Sucios sonidos que nos intoxican en esa línea garaje-rock que mostraron los de Texas en sus tiempos de gloria.

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