Crónica: AQUAMARIA Festival (Plattenburg-Alemania)

En otro año difícil para la celebración de festivales todavía encontramos maravillosos reductos que siguen manteniendo sus ediciones, uno de ellos es el festival alemán AQUAMARIA. Con casi una década de vida, y habiendo albergado a la flor y nata de la escena psicodélica, rock y stoner contemporánea, y situado en un idílico enclave en la localidad de Plattenburg, este modesto festival se celebra en el interior de un castillo rodeado de bosques y pequeños estanques y lagos, lo que hace que el lugar por si mismo tenga un gran atractivo para visitarlo, si a eso añades la presencia de magníficas bandas, la cita resulta obligada. Tras volar a Berlín y después de dos horas de viaje en coche, a la llegada al lugar, lo primero que llama la atención es la extensa zona de acampada en los prados aledaños. Sobre un manto verde, con la hierba como perfecto colchón para ubicar las tiendas de campaña, el lugar hacía presagiar una gran fiesta. En un ambiente de absoluta camaradería, las roulotte, campers y demás tenderetes se desplegaban en el lugar. Es algo habitual en los festivales alemanes el que la gente vaya preparada para todo. Mesas, sillas, colchones, barbacoas y tenderetes varios iban tiñendo de color el lugar con un personal bien aprovisionado de cervezas y demás viandas para que todo sea perfecto. Alrededor de setecientas almas, mayoritariamente alemanas, habían conseguido que la organización colgara el cartel de sold-out. Teniendo en cuenta las restricciones vigentes, junto a la zona de acampada se había instalado una carpa en la que se llevaban a cabo pruebas PCR gratuitas para todos los asistentes (algo que en España seguramente sería impensable), estando exentos de las mismas aquellos que acreditaran una pauta competa de vacunación. Asimismo, a la entrada era necesario rellenar un formulario para que cualquier incidente en forma de contagio pudiera ser atajado. Una vez realizados estos trámites ya se podía acceder al recinto sin ningún problema. Sin duda el cuidado y esmero que los organizadores de los festivales en Alemania ponen, es algo digno de mención y en este caso los artífices de AQUAMARIA , Maria y Eike, siguen esta norma no escrita para que cualquiera a asista a su festival se sienta como en casa, y mas teniendo en cuenta las condiciones actuales. Un gran trabajo por parte de la organización que demuestra que la cultura y especialmente la música en vivo, es posible en estos tiempos de pandemia. La llegada al lugar realmente impresiona, el vetusto castillo que lo alberga y el entorno que lo rodea, tiene la primera parada en la sirenita situada en un pequeño estanque lleno de nenúfares y cubierta por grandes árboles, lo que la convierte en la imagen del festival. A continuación, y unos metros más adelante una pequeña explanada da paso a la ancestral puerta de arco que da acceso al recinto. Tras atravesar el muro de los edificios que componen el complejo, el lugar te hechiza rápidamente. Varias carpas con bancos y distintos puestos de comida y bebida, así como stand del merchan ocupan parte del lugar. A la izquierda y en una ubicación distinta a la de años anteriores, el pequeño escenario en lo alto nos espera con las primeras bandas probando sonido. Un sonido que, dadas las características del lugar, hace que su acústica sea sencillamente excelente.

La primera jornada daba su inicio a las 8 de la tarde con un cielo lleno de nubes amenazantes que hacían prever que íbamos a necesitar los chubasqueros. Con una tarde fresca, los primeros en abrir las hostilidades eran los berlineses VUG. Una de las bandas que más despertaban mi curiosidad por ver en directo. Si sus dos albúmenes dejaban patente su solvencia para recrear los sonidos proto-metal y hard rock de tintes setenteros, tras los primeros compases de su actuación la joven banda dejaba muestras de su buen hacer en estas lides. No les hizo falta mucho para conectar con un público ávido de música en directo, para muchos de los presentes éste era su primer festival en dos años, y sin duda las ganas de buen rock eran palpable. Todo un derroche de energía que rápidamente puso al personal a bailar con sus sonidos vintage. Después de una primera parte en la que repasaron parte de su repertorio, la incorporación de los teclados en la segunda mitad de su show hacía que los sonidos retro-rock invadirán el Castillo. Una conexión total con un público enfervorizado. En su hora de actuación la temperatura iba subiendo y el público se veía contagiado por la energía de los berlineses mientras su guitarra se despojaba de su camiseta para terminar el show con el torso al aire, lo que reflejaba el calor que la banda desprendía. El quinteto se retiraba con una gran ovación. 

En una jornada corta, con tan solo tres bandas, y con el personal con ganas de fiesta, la siguiente banda en saltar al escenario eran CIRCUS ELECTRIC. Con el recinto ya ocupado por el grueso de los asistentes, y continuando con el ambiente festivo y los sonidos vintage de los 70’s, la banda subía al escenario comandada por su guitarra ataviado con su habitual sombrero y chupa de cuero como toda una declaración de intenciones. Habría su actuación con ‘What are you wating for you’ dejando claro lo que nos esperaba en la próxima hora y media. Puro hard y blues rock de siempre lleno de calidad y un fantástico groovy. La banda dejaba claro que el rock atemporal sigue vigente y teniendo multitud de adeptos, algo que se sentía entre un público que ya estaba en modo ‘fiesta total’. Las primeras filas cercanas al escenario estaban copadas por gente bailando al ritmo de una banda sobrada de calidad. Enérgicos, pero con la capacidad para trasmitir sus temas llenos de sentimiento, iban desgranado su repertorio de catorce canciones directas, en una brillante actuación que finalmente se nos hizo corta. Concluían su actuación con ‘Horizon’, ante un público completamente entregado y que supo valorar el buen hacer de estos jóvenes sobre el escenario. Probablemente entre los asistentes habría gente con sus propias preferencias estilísticas, pero mayoritariamente el público pertenecía a esa estirpe de viejos rockeros curtidos en mil batallas, y por tanto el sonido de CIRCUS ELECTRIC era recibido con gozo. Si algo tiene la escena alemana es que te puedes encontrar a distintas generaciones juntas disfrutando del rock. Como si fuera una forma de vida, es habitual ver a padres que no dudan en llevar a sus pequeños hijos a vivir el rock and roll, algo que se reflejaba en esos diminutos con enormes cascos para proteger sus frágiles oídos de los decibelios que hay en cualquier concierto, algo que siempre me ha parecido maravilloso y que en España se ve raramente.

La velada discurría con esa lluvia que las previsiones anunciaban, pero que en ningún momento llegaba a deslucir el espectáculo.  Ya entrada la noche llegaba el turno del cierre con una banda desconocida par mía, pero que había despertado mi curiosidad. Con una gran reputación y una importante corte de seguidores, THE HIRSCH EFFEKT hacía acto de presencia en un escenario presidido por la oscuridad. El trio es una de esas bandas que te hace salir de la zona de confort, ya que su ecléctica apuesta sonora se apartaba de lo que habíamos vivido con las bandas precedentes. Pero ufff!!, poco tardaron en dejar claras sus intenciones. Entre momentos de math-rock, post-metal, hardcore y oscuros sonidos alternativos que incluso coqueteaban con lo progresivo, el trío golpeaba con fuerza. Riffs hilarantes, pesados y una atronadora batería envolvía las embestidas de su guitarra y bajista. Recorriendo el escenario, retando al personal al borde de este entre efectos de humo y explosiones que les cubrían, unidos a un espectáculo de luces electrizante, la banda era como una chincheta en nuestro asiento. Difícil no sentirse estimulado por sub descarga de fuerza y decibelios. Por momentos emulando a Neurosis en contraste con momentos más melódicos, THE HIRSCH EFFEKT fueron una agradable sorpresa para un servidor y un perfecto final para jornada intensa y gratificante en la que la música en directo volvía para muchos de nosotros a nuestras vidas. El trio es de esas bandas que siempre tiene que haber en un festival; de esas que incitan a los pogos, tal y como sucedió en la noche del viernes en el Castillo de Plattenburg. Era hora de retirarse a descansar y retomar fuerzas para la intensa jornada que nos esperaba el sábado.

La jornada del sábado nos tenía reservadas fuertes emociones, con un tiempo más soleado y con la lluvia alejada del lugar, todo se presentaba fantástico para disfrutar de un buen día de rock.

Dando el pistoletazo de salida a la jornada del sábado, MY LITTLE WHITE RABBIT con un recinto todavía con poco público, algo habitual en cualquier festival. La segunda jornada, tras el frenesí de la primera noche, suele iniciarse con calma y con resaca. El quinteto era desconocido para mí ,teniendo solo la referencia de su último single publicado hacía unos días, por lo que, como siempre, mi mente estaba abierta para ver que podían ofrecer. Comandados por su cantante y guitarrista, una chica rubia de aspecto frágil, pero con el suficiente gancho como para atraer al personal con una apuesta sonora que iba desde el rock clásico, las baladas y sonidos indie que por momentos también coqueteaban con la psicodelia y el rock and roll. Melódicos y con fuerza la formación contaba con dos guitarra y teclados, lo que hacía que su sonido ocupara un amplio espectro. A pesar de haber tocado ante poco público, consiguieron que la gente bailara con su apuesta alternativo en la que el rock and roll se mestizaba con otros estilos tendiendo un puente entre el pasado y el presente. Solventes.

Tras ellos, y con el grueso del público ya en el recinto, otra de las bandas que despertaban mi atención eran PYRAMID. Tras haber estado charlando con ellos minutos antes de su actuación y comprobar lo divertidos que eran, poco tardaron en hacerme caer rendido a sus pies. Teniendo en cuenta que eran una de las bandas que tenía en mi punto de mira, sin duda no me decepcionaron. Con su guitarra ataviado con una llamativa maya de girasoles y un collarín en su cuello tardaron unos minutos en atraer al público hasta el pie del escenario. En una jornada en la que los cabezas de cartel eran Colour Haze, PYRAMID era el aperitivo perfecto. Heavy-psych instrumental de muchos kilates con el que consiguieron conectar con la concurrencia. A lo largo de su actuación los solos de guitarra se conjugaban con vibraciones Stoner llenas de pesadez logrando un equilibrio entre ese sonido que invita al ‘viaje’ y la fuerza. Con una actitud a prueba de bombas e interactuando con el público, el trio iba dando rienda suelta a sus temas con solvencia. Durante su show se veían las caras de felicidad entre la gente que movía sus cabezas acompasadamente al ritmo que desde el escenario marcaba la banda. Con leve problema con el cableado de su bajo la banda se tomaba el tema con resignación resolviéndolo rápidamente para continuar su descarga. Elementos curiosos como el arco sobre las cuerdas del bajo o con una taladradora sobre las cuerdas de su guitarra, PYRAMID conquistaba AQUAMARIA recibiendo el reconocimiento de un público que las aplaudía fervientemente lo que hizo que regresaran al escenario para reglarnos una nueva canción. En definitiva, una actuación sobresaliente de una banda que debería tener mas reconocimiento en la escena heavy-psych y que desde DenpaFuzz, invitamos a descubrir a todo aquel que todavía no los haya escuchado. 

Con el listón puesto en lugar alto llegaba el momento de TOCCOA, otra banda hasta ahora desconocida para mi y que me dejo un gran sabor de boca. Con una oferta sonora diferente a lo que habíamos vivido hasta ahora, los sonidos americanos envolvían un ambiente que había decrecido junto al escenario. Desafortunadamente la banda no contó el calor que merecía un sonido, limpio, eficaz y la vez contundente. Una combinación que realmente funcionó durante su actuación. El quinteto contaba en la parte final de su actuación con la colaboración de una cantante par mas brillo a su espectáculo. Una notable actuación que debió tener un mayor reconocimiento del público. Así las cosas, el publico deambulaba por el recinto en los puestos de comida y bebida mientras una muchacha con su cuerpo decorado por bodypainting daba réplica la imagen de la sirena que es la seña de identidad del festival. Este tipo de actividades solo hacen que enriquecer una apuesta cultural versátil sirviendo amablemente a la gente para que se hicieran fotos junto a ella, sin duda el trabajo estaba muy logrado.

Ahora era el turno de una nueva banda para mí, THE WAKE WOODS. Un trio contundente y pesado que sabía jugar con el rock para transformarla en algo arrollador. El organizador me alertado de ellos y mi curiosidad siempre está abierta a nuevas bandas; sin duda sabía de lo que hablaba. Un nuevo torbellino descargaba su fuerza ante un público que, ya caída la noche, lo daba todo con su ardiente show. Nuevamente los pogos y episodios de crowdsurfing se sucedían junto al escenario lo que claramente reflejaba que la banda había conectado y lograba transmitir toda su fuera a una audiencia predispuesta a emociones fuertes, y THE WAKE WOODS, sin duda, lo eran. Una actuación divertida y caliente que no defraudó a personal.

Poco a poco nos íbamos acercándonos al final, y ¡¡¡qué final!!!. Sin dudas una de las bandas que mas me seducían de todo el line-up eran POLIS. Un magnífico quinteto del que previamente había reseñado alguno de sus álbumes y que me tenía totalmente enamorado. En la pausa de cambio de equipo el backstage era un hervidero de bultos. Evidentemente un quinteto con un batería a la vieja usanza, con aéreos y timbales e incluso un gong, ocupa mucho espacio. Entre todo el equipo que la banda traía había llamado mi atención unos paneles de cristal que no sabía para que se usarían. La duda se resolvió cuando vi que se situaban delante de las torres para amortiguar el sonido, algo curioso y que no había visto con anterioridad. Por otro lado, cabe señalar que el sonido vintage de la banda requiere de instrumentos vintage, y emulando al mismismo Keith Emerson, su teclista traía tres teclados que ocupaban un amplio espacio en el escenario lo que hacía casi imposible el paso de los técnicos y el cámara que la banda traía para acceder a él, dando lugar a alguna estampa curiosa más propia de una yincana. Cualquiera que haya escuchado a POLIS, seguramente sabrá que no puede haber un escenario más apropiado para una banda así que el Castillo de AQUAMARIA. Yo no tenía claro como sería recibida la banda, pero teniendo en cuenta como dije antes, que el público que asistía al festival estaba curtido en mil batallas, una apuesta psico-progresiva como la suya, tendría muchos aceptos y sin duda, así fue. POLIS son una banda fantástica que hace música fantástica y en directo todavía brillan más. Cinco tipos divirtiéndose sobre el escenario, interactuando constantemente con la gente y con la sonrisa puesta, es difícil que algo salga mal. El mágico entorno en el que se celebra el festival era el lugar perfecto para su sonido.

Con reminiscencias de CAMEL en sus pasajes progresivos, con un cantante que desprende sensibilidad, un batería versátil y efectivo, un bajista que sabe hacer su trabajo y un guitarra virtuoso que se retuerce con cada punteo como si la guitarra y él fueran una pieza unidos a un organista que se maneja bien en los pasajes clásicos y en el hard rock, ofrecieron la que seguramente fue la mejor actuación del festival, y eso que tuvimos muchas buenas. Al igual que hacen en sus álbumes, en cada canción son capaces de cambiar el registro sin que nos enteremos. Pasando de bosques psicotrópicos en los que la guitarra se retuerce en solos ácidos, la banda pasaba a llevarnos a relatos más propios de cuentos y leyendas, muy acordes con en lugar en el que estábamos. POLIS fueron la locura, pero una locura maravillosa. Con momentos de gran pesadez, elementos folks, psicodelia, hard-rock y mucho rock progresivo, la banda dejaba espacio a cada miembro para su lucimiento. Si su guitarra se retorcía en mil muecas con cada riff, era el momento para que su cantante reposara agachado o sentado en el escenario dejando a su compañero, si llegaba el momento de los teclados, aquello explotaba mientras era custodiado por el resto de la banda en un segundo plano. Todo ensamblado, y sonando a gloria. Su actuación hizo que la audiencia enloqueciera con una propuesta más propia del pasado en su esencia, pero que sabe conjugar los tiempos, ofreciendo un sonido brillante y actual a la vez Porque si, los amantes de la pesadez también tuvieron su ración, pero los gustos más refinados, fueron igualmente recompensados con una música que sabía a gloria, a gloria de una grandísima banda. ¡¡Los mejores!!.  No hay un ‘pero’ que poner a la banda en su actuación, porque a pesar de que la banda previa había hecho estallar el escenario, ellos supieron meterse al público en el bolsillo. Incluso compartieron cigarritos de la risa durante su show, entre risas y competa profesionalidad. Especialmente destacado su guitarra, un monstruo de las seis cuerdas que sabe como incendiar un escenario con sus riffs, pero que también sabe seducirnos con bellas melodías entre muecas y gestos que siempre son de agradecer. La banda se retiraba gratificada por el calor recibido por el público tras una actuación sublime. Me atrevería a decir que solo por haber visto a POLIS, el viaje había merecido la pena, pero aún quedaban las leyendas, COLOUR HAZE.

La banda liderada por Stefan, eran los encargados de poner el broche final al festival. El comienzo de su actuación se retraso algo respecto a lo previsto, pero la gran parafernalia de la banda anterior con instrumentos y equipo hizo que el cambio fuera algo más lento de lo habitual. Eso, unido a la meticulosidad de Stefan, fue el origen del ligero retraso. En torno a las 11-30 de la noche, los primeros acordes de la banda en un formato casi minimalista empezaban a impregnar nuestros corazones. Si el día anterior habían actuado con teclado en su show junto a MY SLEEPING KARMA en Munich, aquí se presentaban en formato trio, con su nuevo bajista. La sombra de Philip es muy larga, y mi interés versaba en comprobar como esta ausencia afectaría a COLOUR HAZE.  Quizás lo primero que me sorprendió era la rudeza de su sonido inicial, en el que ofrecieron su versión más pesaba. Sus riffs crujían quizás mas de lo habitual, o probablemente era que yo esperaba su versión más ‘viajera’. En cualquier caso, COLOUR HAZE se sustenta básicamente en el trabajo de Stefan, y ahora probablemente su labor, es más importante si cabe. La puesta en escena sobre el escenario era sencilla. En las actuaciones anteriores los focos ofrecían más alicientes del que ofrecieron durante su actuación, pero eso no importa, COLOUR HAZE son siempre una garantía, y si bien puede que su actuación fuera la que menos me ha impactado de las que los he visto, verlos de nuevo dos año y medio después de mi última vez en Berlín, siempre es gratificante. Poco antes de su actuación la gente buscaba la mejor posición para disfrutar de su show, recordándome la situación a los conciertos de antes de la pandemia, cuando acercarse al escenario era complicado para un fotógrafo, y más en un festival que no cuenta con foto-pit, lo que dificulta enormemente mi trabajo, ya que la gente quiere divertirse y no le gusta tener al lado a un tipo que se mueve tratando de buscar la mejor ubicación para capturar el momento.  Tras escuchar las primeras canciones opté por retirarme a otra ubicación y lo primero que me sorprendió es que el sonido era muchísimo mejor a distancia del escenario, algo que por contra no había sucedido con el resto de las bandas. En cualquier caso, la acústica del lugar es inmejorable, lo que contribuye al lucimiento de los músicos. En los últimos tiempos con la incorporación de los teclados, el sonido de COLOUR HAZE se acerca más a postulados más progresivos, pero teniendo en cuenta esta ausencia, optaron por un repertorio más Stoner, sin perder su magia psicodélica.  

Y así finalizaba un fin de semana mágico en el que por fin, tras muchos años queriendo asistir, y por motivos de coincidencia con otros festivales, tuve la oportunidad de visitar un lugar especial, uno de esos lugar que transite su magia como es el castillo de Plattenburg donde se celebra el festival. Pero no solo el lugar y las magníficas bandas son el aliciente para visitarlo nuevamente. El ambiente de camaradería que siempre vivo en los festivales alemanes, unido a la exquisita hospitalidad que Eike y Maria me dispensaron ofreciéndome todas las facilidades para cubrir el evento, hace que AQUAMARIA a partir de ahora esté en mi corazón. Gracias, ¡espero volver!!.

Solo se me ocurre una palabra para definir la edición 2.021 del festival AQUAMARIA : ¡¡¡Mágico!!!

(Aftermovie pronto…..)

Todas las fotos en facebook: DenpaFuzz

AquaMaria

VUG

Circus Electric

The Hirsch Effekt

My Little White Rabbit

Pyramid

TOCCOA Band

The Wake Woods

Polis

Colour Haze