Reseña.- PHARLEE.- «Pharlee»

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Nacidos de la prolífica escena psicodélica de San Diego, con Justin «Figgy» Figueroa (Harsh Toke, Arctic) en la guitarra, Dylan Donovan (Sacri Monti) en el bajo, Zachary Oakley (Joy, Volcano) a la batería y Garret Lekas en los teclados. aportando un toque vintage a la exuberancia y desmesura de sus temas, más la portentosa y rabiosa voz de Macarena Rivera que pone la nota del blues más rabioso, publican su debut homónimo bajo el sello Tee Pee Records

PHARLEE construyen una vorágine de hard-rock con ondulaciones a lo largo de sus surcos contagiosos y riffs influenciados por el blues, tejidos con un hilo de psicodelia que se convierte en una bacanal rítmica de proporciones desmesuradas. Influenciados por el hard-rock de los setenta al que le incorporan altos dosis de sonidos psicotrópicos que mitigan con los tonos blues-rock de la voz de Macarena, la que pone orden en el presunto caos que construyen el quinteto. Dinámicos, no dudan en fusionar elementos del sonido de la Costa oeste con el heavy-psych más ácido y corrosivo y el latente espíritu blues. una perturbadora sección de ritmo en la que los músicos cambian sus instrumentos habituales para generan un nuevo espectro de proporciones descomunales. Con ecos que pueden llegar desde Blues Pills, Ruby The Hatchet o Electric Citizen, a  la enajenación lisérgica de Earthless. Toda una locura de disco que volará la cabeza del oyente con sus enajenadas distorsiones y la rabia con la que está ejecutado. 

Está claro que el espíritu de la escena de San Diego queda fielmente reflejada aquí. Músicos que experimentan con instrumentos que no son que utilizan habitualmente y que se dejan llevar por sus instintos, siempre optimistas y fiesteros.

Seis temas no muy largos y que van directos al grano. Solo hay que escuchar los primeros de riffs de “Ethereal woman”, para darnos cuenta de la exuberancia de los californianos.

Dinamismo arrollador con ritmos diabólicos mientras el potente órgano retro trata de poner algo de cordura a un tema que transita a toda velocidad enseñando toda la locura de las bandas de San Diego, y añadiendo una buena dosis del blues-rock más desgarrado. Una bestialidad de tema que deja un rastro de desolación a su paso

“Creeping”, ondula entre los vientos retro con un ritmo frenético, con constantes giros mientras Macarena aporta su magia soul-blues sobre el caos que tiene con ella. La demencia se frena para ofrecernos desarrollos en los que la guitarra libra una batalla con el órgano por llevar las riendas del tema a su terreno favorito.

Otro impactante tema es “Darkness hour”. Algo más luminoso que sus predecesores parece vivir más cómodo en los ecos de los setenta. Nebulosas rítmicas arropan los juegos vocales blues, mientras Zach y su batería parecen no tener freno. Con un aura más humeante, estamos ante un tema del rock más contundente de los setenta ejecutados por músicos que no habían nacido entonces.

Estamos ante una especie de ser nacido de la fecundación entre Earthless y Blues Pills y vestido con trajes retro.

El misticismo y la espiritualidad abren “Warning”, posiblemente el tema más destacable del álbum. En acústico y con elementos orientales, va creando el clima desde su espíritu chamánico, para atraernos a sus surcos. Una vez anestesiados, los pesados riffs y una voz que ahora se torna a tonos ocultistas, van manteniendo una calma tensa que no sabemos cuando puede estallar. La explosiva mezcla de guitarras fluidas y el peso de imponente hammond de Garret, mantienen el equilibrio, mientras las voces sigues hechizándonos. Creando un espacio de fuzz espeso y nebuloso entre los conjuros vocales y la inquietud de las teclas.

El quinteto se atreve con una versión del clásico “Going down”. En mi vida he conocido multiples versiones de éste tema, pero ésta tiene algo de particular. Una sensual versión de baja intensidad. Un registro entre contenido y salvaje que mantiene su esencia blues. Como a cámara lenta, las guitarras hacen sus florituras con distorsiones con la atenta mirada de control del órgano. Un tema que gira más hacia el blues que hacia el rock con el que fue concebido. En su conjunto, una versión de las más contenidas de un tema que se presta a ser salvaje, y a eso no se pueden resistir con un final apoteósico en el que la locura se vuelve a apoderar de PHARLEE en otra bacanal de guitarras salvajes y ritmos infernales.

Teniendo en cuenta que el registro fue grabado en un equipo analógico, puede que nos lleve ante un sonido más auténtico en el que las membranas de los altavoces de nuestro equipo sean puestas a prueba.

“Sunward”, el tema que cierra este debut, vive de una conjunción de elementos. Con vocación retro-rock stonerizada, la banda toma elementos desérticos en una combinación con registros soul-blues enérgicos. Desatando la rabia sobre ese torbellino rítmico que se acelera y entra en bucle. Con una segunda parte con otro aspecto más calmado en el que los sonidos de guitarras psicodélicas se entremezclan con voces más cercanas a momentos west-coast.

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Pharlee – S/T – Snow White Vinyl LP – OUT 4/5/19

Reseña.- THE DEVIL AND THE ALMIGHTY BLUES.- «Tre»

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Con gran regocijo recibo esta tercera entrega de una de las bandas que más me ha emocionado en los últimos tiempos. La banda que nace de la encrucijada del blues europeo y americano y que en sus temas está fuerte influenciada por los blues del delta de Robert Johnson, ve publicado «TRE» bajo los auspicios de Stickman Records y BLUES FOR THE RED SUN.  Una banda en la que puedes encontrar influencias de multitud de sonidos siempre con una cadencia moderada. Una parsimonia que no llega a la pesadez, una fuerza que no raya en el metal. Unos tiempos medios que enamoran al oyente, manteniendo la crudeza de la voz de Arnt O. Andersen y unos hechizantes temas que transitan por el lado más calmado, pero siempre con una gran fuerza interior. La magia hecha canciones, con el espíritu del blues en sus venas y la psicodelia siempre presente. Una música psicotrópica pero que nunca nos depara malos viajes. Sentimientos a flor de piel que no caen en lo empalagoso, y una ejecución ponderada que hacen que estemos ante una de las bandas más destacadas de la escena alternativa. Desde su primer disco THE DEVIL AND THE ALMIGHTY BLUES consiguió conquistar a público de distintos géneros, ¡por algo será!. Con temas que pueden parecer monótonos, que nunca levantan la voz más de lo necesario, pero que no pierden la esencia. Ese atributo que poseen de una forma innata y que hace que sean grandes. En «TRE»   encontramos blues humeantes llenos de fuerza que se conjugan con dictados de psicodelia con influencia Colour Haze en los que la crudeza es compensada con un enorme y acertado trabajo en unas melodías encantadoras. No falta a la cita con los sonidos hard de tintes retro, con una suavidad que engrandecen con sus guitarras. Si seguimos hablando de géneros, podríamos encontrar pinceladas de proto-metal sobre todo en la voz e incluso incursiones en terrenos progresivos. Sin duda estamos ante un trabajo de proporciones descomunales que puede llegar a generan un amplio abanico de emociones. ¡¡Candidato a disco del año!!

Sigilosamente, los primeros acordes de “Salt the earth”, el tema mas largo del disco con sus doce minutos de duración, la guitarra, repitiendo sus acordes va arrastrando sutilmente al resto de los instrumentos para que se unan a su causa. Con tonos retros, los blues humeantes de los pantanos van apareciendo en un tema que evoluciona sobre un mismo riff que se repite una y otra vez para ir creando un corte de blues impregnado en lodos espesos pero que contiene un aura hechizante. La quebrada voz muestra todo su sentimiento con garra y fuerza. Un tema que parte de las entrañas de la banda en un derroche de fuerza. Un nervio contenido que va elevándose en su primera parte. A partir de ese momento la intensidad desciende a susurrantes y apacibles acordes en los que salen a relucir bellas y encantadora guitarras. Un murmullo apacible y reconfortante que nos atrapa entre sus encantos creando un clima de sosiego en la nuestra sensibilidad se ve invadida por su belleza. La cadencia habitual de los noruegos hace que el hechizo se apodere de nosotros. Los distados bluseros dejan paso a momentos de psicodelia que se van elevando con la dualidad de guitarras. De una forma estratificada, sin prisa, pero sin pausa, consiguen el éxtasis, para una vez que nos han situado en el nirvana, recordarnos de donde habíamos partido. Los mismos acordes del inicio del tema vuelven a escena para mecernos nuevamente con el sentimiento vocal y las delicadas armonías.

Después de escuchar este primer tema, ya podemos decir que el álbum es una maravilla. Da igual lo esté por venir, este viaje ya ha merecido la pena en su primera etapa.

Los coros rituales con voces femeninas abren “One for sorrow” nos masajean llevándonos por momentos finales de los sesenta. Elegantes acordes de guitarra replicando los coros y la ahogada voz nos saca del sueño para llevarnos de paseo por territorios retro-rock. Un intercambio de afilados solos entre las dos guitarras da un dinamismo que no habían mostrado hasta ahora. Ondulantes y a buen ritmo los lamentos vocales aparecen entre las vibrantes guitarras.  La banda parece frenar su ímpetu para no dejarse llevar por una pesadez excesiva retomando los apacibles momentos. Algo que no está reñido con la gran pujanza de sus creaciones, de hecho, incrementan la intensidad hasta la parte final donde cierran en círculo como habían hecho en el corte anterior.

“Lay down”, tiende una alfombra de blues al hard rock para que una voz ecualizada con tintes psico-progresivos cubra de un manto de psicodelia al tema mientras las guitarras revolotean cambiando sus formas entre el blues y el rock setentero hasta el descenso en los oscuros bosques de lisérgicos entre los que se esconden guitarras que muestras sus formas cambiantes. Los esquemas del rock de siempre con una guitarra rítmica y otra solista aparecen aquí.

Nuevamente la psicodelia oscura empapada de blues aparece en “Heart of the mountain”. Desde la habitual pausa consiguen una grandilocuente epopeya en los entornos a los que nos tienen acostumbrados. Uno de los puntos a destacar de los noruegos es como consiguen conjugar la rudeza de la voz con la belleza de sus melodías. Una serenidad que se refleja en los acordes de las guitarras y que por algún azar del destino hace que venga a mi cabeza algún momento de sus paisanos Spidergawd. Acordes bellos y susurrantes que se arrebatan entrando en un trance dentro de esa encrucijada entre el blues y la lisergia para explotar en fornidos riffs que se elevan sobre los finos solos de guitarra que aparecen en un segundo plano.

El sonido y la influencia de Colour Haze en los noruegos queda patente en un tema como “No man’s land”. Por escenarios heavy-psych coloridos y con dinamismo más las voces con registros porto-metal y algo progresivas nos llevan al interior de frondosos bosques que tienen sus claros en los que podemos encontrar nuevamente los coros femeninos. Entre tanto las guitarras conversan con palabras del ayer siempre bajo la cadencia contenida que imprimen a todos sus temas.

Llegados a este punto podemos concluir que THE DEVIL AND THE ALMIGHTY BLUES componen sus temas de una forma circular. Unas curvas con aristas que no usan la matemática sino la creatividad, pero que concluyen siempre en el punto de salida.

Mas inmerso en terrenos narcóticos y lisérgicos, “Time ruins everythyng” constituye un ejercicio creativo que, aun manteniendo la esencia, da lugar a una mayor experimentación creativa. Si bien el tema parte de un riff repetido, encontramos momentos más inquietantes. Graves reverberaciones  que acaban sucumbiendo a momentos de apacibles atmósferas susurrantes en las que las guitarras nos seducen nuevamente con sus aterciopelados acordes en los que el blues subyace en sus traste. Heavy-blues y psicodelia unidos de la mano y oscilando entre la calma y la intensidad. Siempre atrayentes y seductores THE DEVIL AND THE ALMIGHTY BLUES consiguen construir otro tema monumental. Y ahora me pregunto…. ¿Dónde tienen el límite? Después de cincuenta minutos de gozo y de sensaciones, solo me queda esperar que pase pronto este mes y poder disfrutar de estas melodías en vivo, ¡Por fin!.

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Reseña: SILVER DEVIL.- «Paralyzed»

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Publicado el pasado mes por Ozium records, «PARALYZED» es uno de esos discos que se han quedado en un rincón de la carpeta de pendientes y que por fín le ha llegado su hora. Ocho años después de su primera entrega los suecos SILVER DEVIL se salen de alguna manera de la corriente mas prolífica del panorama escandinavo actual pàra recuperar vibraciones más cercanas a bandas como Dozer o Truckfighters. A través de sus ocho temas, nos meten de lleno en una ciénaga arenosa a base de fuzz. Una arenas moveidas golpeadas por tormentas desérticas con una estela de destrucción a su paso con momentos de psicodelia. Unas nebulosas que rayan la psicodelia pesada en entornos oscuros con voces psycho-doom, agudas y ahogadas entre torbellinos de fuzz envolvente. Temas como «Howl», «Rivers» o «Paralyzed», transitan con riffs difusos por los cánones del desert-rock más ortodoxo.   Pesados y cadentes ritmos en los que incorporan algún solo hiriente y profundo. Al mismo tiempo, dotan a los temas de un cierto matiz progresivo, que resulta más evidente en unas voces que me recuerdan a algunos momentos del último trabajo de Elder, especialmente en «Paralyzed»

No faltan los momentos en los que SILVER DEVIL se inclinan hacia postulados metal como en «Nightwalker», en la que, tras un comienzo hipnótico y repetitivo, el tema es ejecutado a gran velocidad. Si te gustan las reverberaciones fuzz, sin duda, éste es tu disco. Entre los pesados y nebulosos ritmos, lesas voces que tratan de asomar entre la exuberancia rítmica son un pilar fundamental. Por otro lado, no faltan a la cita sabbathica en «Hypersleep». Un tema que si sigue un camino parece al citado «Nightwalker», aquí, el quinteto sueco, se vuelven  más doomies entre las tinieblas. Un derroche de sonidos Sabbath, fuzz, stoner, psicodelia pesada y doom. Incluso, si vamos más allá, podemos encontrar algún eco setentero o incluso, hasta heavy. 

«PARALYZED», es uno de esos discos que prácticamente no te da un respiro. Poderoso en todos sus cortes, y rebosante de humeantes riffs pesados y cegadores. entre esas arenas movedizas, la banda es capaz de incluir esos elementos de psicodelia pesada que modulan un poco la tempestad; si a eso sumamos la vocación progresiva de las voces, el resultado es bastante atractivo. «Octopus», puede ser el tema que resuma todas las vibraciones y modulaciones que nos ofrece SILVER DEVIL. Otro de los cortes que incluye resonancias más consonantes con la psicodelia pesada es «Beast», un tema mucho más psicotrópico a pesar de que no baja el alto listón que se han puesto a su intensidad. Seguramente «PARALYZED» no aparecerá entre las listas de los discos más destacados del año, pero lo cierto es que es un plato de fácil digestión para los amantes de los sonidos más arenosos y contundentes. Todo ello, sin sonar agrio, ni trasnochado, ya que aporta su toque personal, sobre todo con ese tono vocal que lo hace tan particular. ¿Te atreves a probarlo?. lo más seguro es que no te arrepientas.

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Reseña: GREEN LUNG.- «Woodland Rites»


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Después del buen sabor de boca que nos dejó su EP «FREE THE WITCH» publicado el pasado año, había ganas de una nueva entrega de los londinenses. Y la espera ha merecido la pena tras escuchar éste «WOODLAND RITES». Ya el título del álbum y especialmente la portada nos dan pistas de lo que podremos encontrar entre sus surcos. Un ritual ocultista en bosques sombríos en los que el proto-metal se une con el heavy-rock bajo la mirada de una neblina de psicodelia y stoner que no prescinden de las melodías; influenciado por Black Widow, Black Sabbath, (especialmente esa cadencia vocal que nos recuerda al mejor Ozzy) o la imaginería Comus.  Una liturgia de riffs a los que une un órgano inquietante y unas voces y coros hechizantes. Como el propio título del álbum nos indica la liturgia oscura de apariencia satánica se presenta a través de ocho impactantes temas que no te dejaran indiferente. Teniendo en cuenta que no soy muy amante de las vibraciones heavy-metal, me postro a sus pies cuando son combinadas y ejecutadas de esta manera tan impresionante. La banda utiliza la estructura de las dos caras de un vinilo para hacernos propuestas distintas, algo que encontrábamos en los setenta con muchas bandas que usaban una cara del disco para un tipo de temas y len la otra cambian su registro. En este caso sucede algo parecido.

Una guitarra en tonos acústicos crea la atmósfera propicia en “Initiation” para adentrarnos en las profundidades de los dominios del quinteto en los que la brujería tiene todo el poder.  Tras seducirnos con esos acordes, el heavy-metal hace acto de presencia de una forma majestuosa. Una épica aplastante, en la que las voces están ausentes hasta el enlace con el tema siguiente, “Woodland rites” donde una locución amenazante da paso a poderoso riffs y una voz que recoge el legado de Ozzy. Densos, con afiladas, guitarras y un bajo inquebrantable, van modulándose con seductoras melodías, para atraparnos entre sus garras y arrojarnos un vendaval de  heavy-rock.

Recuperando el legado proto-metal, nuevamente nos introducen en “Let de devil in”.  El heavy-metal de los ochenta en una encarnizada lucha con las vibraciones pioneras del metal los setenta. Lo que puede parecer una contradicción, es algo completamente pretendido. Una unión de dos mundos que se unen en beneficio del mal. Voces y coros, así como una cadencia media, hace que poco a poco caigamos en ese hechizante sonido, con el conjuro que llega desde un órgano que parece pasar desapercibido pero que crean el clima necesario dentro de la exuberancia rítmica.  

Coros eclesiásticos y un sonido del órgano inicial una nueva liturgia que sin disimular, se sumerge en lo ocultista. “The ritual tree”, un inquietante nombre para una canción que le hace honor. Una celebración invocando al diablo con vestimentas heavy-metal y cantos magnetizantes. El contraste entre el bien y el mal, en una lucha desigual. La segunda parte de la canción desciende a las profundidades más psicotrópicas, con calmados momentos en el que el órgano mantiene la tensión mientras las guitarras se afilan para cortar la respiración con una nueva embestida de riffs y solos que poco a poco se van elevando y agigantándose en espesuras en las que fugazmente aparece la luz.

“Templar dawn”, nos ofrece los mas oscuros momentos. Aquí el ocult-rock se muestra ya sin tapujos. El relato de película de terror está servido. Los cánticos rituales se envuelven en llamas de guitarras que se contonean cual sirvientes. Adeptos a la causa, que ya no se ocultan en ropaje alguno. El órgano y el bajo amenazante muestran todo su poder. Vestigios Sabbath se inclinan al doom, con riffs despuntando ocasionalmente haciendo que su base rítmica se postre a sus pies.  Sin darnos cuenta, el quinteto a creado el clima perfecto para que los discípulos de belcebú salgan de su guaridas para rendirle tributo.

Cada tema se inicia con una pequeña locución y “Call of the coven” no iba a ser menos. Sin distracciones, los londinenses vuelven al heavy-metal, con toda su parafernalia, mientras la voz de Tom Templar mantiene sus registros. El tema sirve de lucimiento para Scott Masson y sus solo propiamente heavies.

“May queen”, con sus cerca de siete minutos, es el espacio propicio para que la banda cambie un poco su discurso, y se muestre más compleja en su composición. Con hechizantes momentos con voces seductoras y la ambientación del órgano, así como una bajada de revoluciones, construyen un corte que permite comprobar el crecimiento como banda de GREEN LUNG. Un tema elaborado que te seduce poco a poco, sin violencia. Son los momentos más heavy-psych del álbum. Una psicodelia que se viste de tonos vintage. Por los mismos derroteros, “Into the wild”, ahora de con una introducción más contundente, pasa a calmadas atmósferas, entre lo psico-progresivo y lo ocultista, sin terminar de deshacerse de sus ropajes setenteros. Aquí es donde aparecen momentos Black Widow, con una cadencia de órgano y bajo a medio gas. Las arremetidas de gruesos riffs metálicos no faltan a su cita, acudiendo a la llamada del clérigo cuando este lo requiere. Ondulante y nebuloso, se va aderezando con mesura con esas guitarras que nos habían mostrado en el resto de los temas. Una montaña rusa de vibraciones que se contonea en su danza, para adormecernos y despertarnos a su antojo.

GREEN LUNG son: Tim Templar (voz) John Wright (órgano), Scott Masson (guitarra), Andrew Cave (bajo) y Matt Wiseman (batería). «WOODLAND RITUAL» sale publicado por  Kozmik Artifactz.

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