Tres muchachos de Baltimore que tocan un stoner rock, con raíces bluseras en un garaje conocido como “The Compound” en Granite (Maryland).
Nos presentan su debut, publicado el 1 de marzo de 2.018. La banda está compuesta por Sean Kearney(voz y guitarra), Dennis Barth (bajo) , Cabbage (batería). Grabado por Paul Kelly en The Sheed.
8 temas en los que una cadencia rítmica llena de frescura con una pesada batería y que vienen cargados de psicodelia y stoner blues.
“November” sigue claramente esa línea con guitarras llenas de fuzz. El stoner cadencioso y las distorsiones son su carta de presentación.
STONE DUST RIDERS no solo gustan del stoner más viril. “Bike ride” viene cargado de blues-rock con voces retro. Pausado, rítmico, vacilón. Un tema lleno de frescura con toques funky.
Las voces más agresivas aparecen en “Hominey & Griys”,. Un tema sureño, dinámico, con vocación de blues-rock con sabor añejo.
“Steve the dolphin” la frescura desaparece, con misteriosos riffs de un bajo espeso, denso. Las distorsiones nos inducen a una nebulosa desértica.
Sonidos de sirena abren “Busted”. Un tema a ritmo de boogie stonerizado, con ritmos gruesos y mucho fuzz.
Llegados a este punto, posiblemente estés ya predispuesto a dejar tus melenas al viento, sin dejar de mover tu cabeza al ritmo de “42”. Los garitos del desierto nos convierten en autómatas al compás de los de Granite. Humo y luces a nuestro alrededor. La lisérgia se manifiesta.
“British desert tent”, ésta vez sin voces, utiliza una fórmula parecida, Los pedales se permiten un viaje a los años setenta, Un ácido viaje,
Cierra este “VOL. 1”, el tema “Inner city grif fight”. Un breve cierre de clásica psicodelia pesada.
Una banda que no inventan nada, pero que lo que hacen, lo saben dotar de personalidad.
Desde la República Checa nos llega un auténtico misil en forma de disco.
El cuarteto de Praga compuesto por Pavel Podzimez (voz y guitarra), Petr Voruda(guitarra), Michal Hanácek (bajo) y Pert Podzimek.
Con mucha más contundencia que la mostrada en la demo de 2 temas publicada el pasado año, nos regalan 5 bombazos en los que los sonidos stoner y de psicodelia pesada nos golpean dejándonos KO.
Grabado, mezclado y masterizado en Amak Golden HIVE Studio, en su Praga natal, por el propio Amak Golden, y un arte de portada de Tomas Miro Zhoriz Sarkozi.
BARO CHANDELes una banda que influenciada por clásicos sonidos hard-rock apuesta por la contundencia stoner. No pudiendose resistir a realizar incursiones en la psicodelia pesada en la línea del último trabajo de los polacos WEEDPEACKER, por poner un ejemplo.
Riffs de guitarra distorsionada es lo primero que escupe «Grow ass man». Un torbellino se nos viene encima desde las primeras notas. Repuestos de la bofetada inicial, nos percatamos de que estamos a una banda que sigue los cánones del hard-rock, llevándolo a los territorios del stoner más vigoroso.
Las leves paradas que tiene el corte, sirven para percibir un aplastador ritmo de bajo. A su vez los coqueteos con las psicodelia son rápidamente reprimidos por los riffs stoner.
Repuestos del primer aldabonazo, la banda nos ofrece una tregua en forma de psicodelia pesada. “Flowhead” se presenta con pausados y reconfortantes armonías lisérgicas en una línea que nos recuerda a algunos pasajes de CAUSA SUI. La voz contribuye a ese reposo tras el aturdimiento que nos ha producido el primer tema. Una vez que hemos bajado la guardia después de un minuto y medio los checos vuelven a las andadas. Gruesos sonidos nos invaden en una nueva oleada cual horda conquistadora asedia una fortaleza. Todo un juego de idas y venidas, ya que se vuelven a tomar un respiro de calmada y gratificante psicodelia. Tras una nueva embestida “Flowhead” se asienta en la calma que sucede la tempestad, con dulces armonías y una voz que reconforta las heridas del guerrero.
Paisajes de devastación dan paso a una peripecia en la que riffs de hard and heavy se fusionan con ritmos stoner, presididos por una batería que es golpeada con firmeza. Esa es la temática de “I was so high”, un tema en el que la banda no parece decidirse del camino a seguir. ¿stoner? ¿hard?, ¿psicodelia?. Lo más probable es que en el fondo no quiera renunciar a sumergirse en todos a la vez. Así de simple.
En “Piece of Clay” acordes de guitarra acústica van fundiéndose con un sutil bajo que escava nuevamente en una psicodelia meditativa, mística, oscura a la vez. Rozando territorios Shoegaze que son invadidos por pesados riffs. El ejercicio de subidas y bajadas en la intensidad de los temas es una tónica a lo largo de BARO BOKHALO. Algo cercanos a los estadounidenses KING BUFFALOlo, pero subidos de revoluciones.
“My reptilian self II: Not returning of my reptilian self”, el tema que cierra el trabajo, arranca con repetitivos ritmos y coros, esta vez con la ayuda deZubata y Petra Hanackova. Lo espacial y lo electrónico conviven pesados riffs, y estribillos pegadizos que parecen llegar de los noventa.
Prometedor trabajo de una joven formación que en una primera escucha puede dejarnos algo desconcertados ante la falta de definición de la apuesta que ejerce. Como antes mencionaba, no me queda claro si la deriva es por una falta de definición o algo plenamente premeditado. En cualquier caso el resultado es brillante, consiguiendo un disco dinámico y variado a pesar de no inventar nada nuevo, lo cierto es que saben batir esos estilos para obtener un buen jugo.
Todo un cañonazo de hard setentero desde Melbourne
Registro lanzado el pasado 24 de febrero. Grabado en Head Gap Studios por Rohan Sforcina, mezclado en Manana Manor por Tom Hoskinf y masterizado por Joe Carra. Con una inquietante portada diseñada por Chris Gurney.
La formación australiana está compuesta por Jon Shannon(guitarra y voz), Myles Barrow (batería), Tom Hoskins (voz) , Chris Mildren (teclas y guitarra en BRTCD) y Dave Oxley (bajo)
SWAMP MOTHrevisiona los sonidos hard rock de los setenta, con influencias de bandas como LEAFHOUND, CAPTAIN BEYOND o BOLDER DAMN.
“Brother“abre con unos riff retro, con voces que nos recuerdan a Robert Plant, un incesante órgano funky que crea una tensión arcaica, para bajar levemente la tracción, y con los aullidos de Tom, sumergirse en una sucesión de efectos psych.
El omnipresente órgano comanda “Apocalipse”. Un tema con gran ritmo, en el que los coros más gratificantes, y la orgía de sonidos que brotan de los teclados de Chris se convierten en infernales, creando un corte con una estructura de hard-progresivo, con claras influencia de los ingleses URIAH HEEP.
La banda no reniega de sonidos americanos similares a GRAND FUNK RAILROAD. El stoner retro, heredero del más clásico rock and roll, viene acompañado de ritmo, mucho ritmo, convirtiéndolo en una ranura divertida, fiestera. Grandes solos de guitarra contenidos en su interior, dan muestra de que estamos ante una formación compacta.
Evidentemente SWAMP MOTH, sabe conjugar los aires retro que están intrínsicos en su música, con sonidos de stoner actual. Así, “Down the road i go”. Combina la revisión setentera, especialmente con los registros vocales. Éstos hacen un viaje en el tiempo, acompañados del órgano vintage que envuelve el ambiente.
Ecos de los americanos CACTUS son reflejado en el corte que cierra el trabjo, “Evil”indaga en un blues-rock lleno de adrenalina.
La banda lo tiene todo para triunfar. Una buena voz, una base rítmica indestructible, un órgano incendiario, y riffs salvajes. No me canso de comentarlo, la escena australiana está en plena ebullición, y “SWAMP MOTH” es un ejemplo más. Un trabajo que afianza a la banda después de las buenas sensaciones recibidas con su primer EP, publicado en la primavera de 2.013.
No lo dudes, si te gusta el hard setentero, este es tu disco.
Trio italiano compuesto por Flavio Mattia Marini (guitarra y voz), Andrea Ruggieri(bajo y voz) y Valerio Rossini(batería) con su EP debut. Un registro grabado el pasado verano en su Roma natal, mezclado y masterizado por Roberto Mascia, con una portada a cargo de Alessandro Beccia.
Joven formación que empezó a caminar en el otoño de 2016 con su apuesta por el stoner, la psicodelia y hard más clásico.
Un inquietante bajo inicia “Rough”, para dar paso a ritmos stoner retro, con una letra evocado placeres a ritmo de rock and roll.
El bajo de Andreamarca la ruta del tema, sobre un esquema de rock tradicional. Unos riffs llenos de cadencia rítmica con una revisión stoner sobre estructuras del rock más clásico. Buena guitarra fuzz cadenciosa aparece fugazmente para brillar por sí misma.
“Velvet blues”, es la típica historia del blues de la chica sexy a la que quieres poseer. Esquema que recuerda a los canadienses B.T.O. el boogie rock más pesado se entrelaza con el blues en una paleta de colores en la que se incluye la psicodelia. Sonidos setenteros que frotan nuestros oídos.
Nuevamente los ecos setenteros se vislumbran en “Cleos kaos”. Un esquema similar a los temas precedentes, con una complejidad mayor. El stoner entra en suaves terrenos ácidos. La calma vocal arrastra a la parte instrumental a la exploración.
El aura de misterio incluida en los ocho minutos de “Jupiter’s moons” consigue conjugar una composición sólida guiada por un bajo plomizo a lo largo de pasajes psicodélicos en los que la tensión predomina, con embriagadoras voces.
Extrañas voces ecualizadas nos devuelven la energía sobre territorios desérticos llenos de nebulosas.
Interesante y recomendable trabajo de OOPart con una gran sección rítmica y que nos llega empaquetado en una magnífica portada.
Ya llegó el día tan esperado. Por fín podemos disfrutar del nuevo trabajo de los californianos EARTHLESS.
Casi cinco años después, cerca de 40 minutos de locura y buen hacer musical.
En está ocasión el contenido no sólo se trata de jams instrumentales. Cuatro de los seis temas con voces, lo que supone una cierta novedad en cuanto a lo que nos tenían acostumbrados.
Sin perder la esencia ácida, tenemos temas más asequibles para los no acostumbrados a la lisergia contenida en sus anteriores trabajos.
“Gifted by the Wind” abre con unos solos de guitarra distorsionada, para dar rienda suelta a riffs y ritmos sólidos. El espíritu de Hendrix, siempre presente en la banda, se reinventa en el siglo veintiuno. Un corte con ahora añejo, con una modulación vocal que brilla sobre estructuras de stoner contemporáneo. Los efectos de la guitarra de Isaiah Mitchell, envuelven el ambiente, emulando al genio de Seattle. Mario Rubalcaba, aporrea la guitarra cual autómata enfurecido, quedando el trabajo de Mike Eginton como un consistente soporte de sus compañeros.
El sonido consigue el objetivo de la banda. Sonar como lo hacen en sus directos. De hecho, tal y como nos contaba Isaiah en su entrevista de hace días concedida DenpaFuzz, la banda grabó las tomas de “BLACK HEAVEN” al unísono en el estudio, habiendo editado solo determinados pasajes.
Tras el pepinazo de “Gifted by the Wind”, el siguente corte, “End to End” se muestra más enérgico si cabe. Un viaje psicodélico al hard-rock de finales de los sesenta o primeros setenta, con toques de blues-rock. Los efectos fuzz suenan aguzados, creando un clíma de locura que golpea sobre nuestros cabezas.
El tema más largo del álbum, “Electric Flame” repite el esquema. En esta ocasión con riffs más pegadizos. Una épica retro, en la que la repetición de riffs sirve de antesala al despliegue de unos solos de guitarra que son custodiados por una batería infernal. Un ir y venir, de la calma a la enajenación contenida. Un gran equilibrio entre la melodía y la armonía.
Las cabalgatas de guitarra parecen no tener fin, acentuadas por las mazas que Mariotiene en sus manos. La distorsión se apodera de un tema que comenzaba apacible, lo cual es un sello de identidad de EARTHLESS.
Nuevamente los sonidos vintage, hacen acto de presencia en un corto tema de sólo dos minutos escasos. El frenesí sonoro es dueño de “Volt Rush” con siertos aires stoner.
El zeppeliniano comienzo de “Black Heaven”, tema que da nombre al disco, y que sirvió de aperitivo a la publicación completa del mismo, mantiene la esencia del trio. En esta ocasión el sonido del bajo adquiere un mayor protagonismo. Las reminiscencias Sabbath, son compartidas con la brillantez de la guitarra y la potente batería que figura presente en todos los temas. Fieles a su estilo, prescinden de las voces en esta ocasión. Efectos espaciales se entremezclan, con acordes más dulcificados aparentemente, en lo que es una nueva bacanal sónica.
“Suden end”, cierra este maravilloso “BLACK HEAVEN”, con una calma inicial poco habitual. A modo de relajación, la banda suena más dulcificada rescatando ecos del siglo veinte. Un apaciguado tema en el que las voces corales le dotan de una cercanía al oyente. El aura de nostalgia que aparece lo hacen unos de las piezas más accesibles para todo tipo de oídos. El pasado interactúa con el presente a base de efluvios caleidoscópicos.
Una vez finalizada la escucha, hay que mencionar que los agoreros que vaticinaban que EARTHLESS perdería su esencia al fichar por una compañía como Nuclear Blast, estaban completamente equivocados. La producción de “BLACK HEAVEN” es impoluta, y la incorporación de los registros vocales en la mayoría de los temas no resta un ápice de fuerza ni calidad al trabajo.
Si muchas veces se ha comparado el estilo de tocar de Isaiah Mitchell con el mismísimo Jimi Hendrix, en esta ocasión hay que decir que sus voces tienen una cierta similitud con él. No estamos ante el mejor cantante de la historia, no. Pero lo cierto es que el tono de su voz lo hace reconocible, efectivo y particular, al igual que lo hizo con Hendrix.
El trabajo de Mario Rubalcaba a la batería no baja ni un ápice lo ya demostrado por él en sus discos predecesores. ¡Un animal de las baquetas!!.
La pregunta que me viene a la mente ahora es: ¿Estamos ante el disco de la semana?. La respuesta sin duda es que SI. ¿Es el disco del mes?. La competencia con la producción musical de este 2.018 es mucha por lo visto en lo que va de trimestre, pero sin duda, es un firme candidato a copar el pódium del año. Un DISCAZO en toda regla, que podremos degustar próximante en el marco de sus shows en Europa. Y tal y como nos desvelaba Isaiah, aún quedan fechas por confirmar. Ojalá España se encuentre entre ellas.