DEAD WITCHES.- «The final exorcism»

 

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Nueva entrega de DEAD WITCHES con la incorporación de dos nuevos miembros respecto al personal que grabó su anterior trabajo “OUIJA”. Aunque ya estaba incorporado a la banda desde el triste fallecimiento de su guitarrista , Greg Elk, “THE FINAL EXORCISM” es el primer registro en el que encontramos los riffs de  Oliver Hill a la guitarra. Asímismo, tras la salida de Virginia Monti, la banda incorpora como vocalista a Soozi Chameleone, que se une a la base rítmica de Mark Greening y su diabólica batería y al bajo fuzz de Carl Geary.

En esta nuevo ritual las «BRUJAS» siguen por la senda del doom más ocultista con un álbum de título enigmático, “THE FINAL EXORCISM”. Siete aturdidores temas en los que los londinenses derrochan toda su brujería a base de difusos sonidos pesados a caballo entre Black Sabbath, los primeros Electric Wizard y momentos Hawkwind. Un disco en el que todavía se muestran más pesados y fangosos y con el que sacan sus demonios de sus entrañas. Con riffs pegajosos que conviven en estratos distintos creando una falla sin fondo en un ritual de posesión demoníaca.

Con una introducción intrascendente con golpes de una enigmática batería y alguna extraña voz abren con “There’s someone”.

A continuación, el tema que da nombre al álbum, “The final exorcism”, nos muestra el argumento de su nuevo trabajo. El doom custodia a su nueva sacerdotisa en un nuevo sortilegio de oscuridad llena de fuzz con solos envolventes apoyadas en un pesado ritmo. Desgarros vocales se elevan sobre la niebla de su sonido. Con la presencia de la herencia Sabbath, construyen un denso tema en el que destaca el trabajo del sólido bajo de Carl.

Sin olvidarse de su estilo, los solos de fuzz sobre la base doom, se llenan de distorsiones sobre voces que se acercan a estándares de heavy ocultista. “Goddess of the night” posee mucha más presencia de riffs arenosos que se embarcan en una odisea espacial de psicodelia pesada. En este tema se siente la presencia de postulados Hawkwind, que se repetirá en temas como “Lay demon” más nítidamente. La orgía de fuzz genera un ambiente espeso y aturdidor.

“When the dead see the sun” nos muestra una faceta completamente distinta. Con momentos pseudo-progresivos donde la virulencia a la que nos tienen acostumbrados se diluye en sosegados relatos pastorales a lo largo de su minuto y medio de duración.

Ese espejismo se desvanece con los primeros riffs de “The Church the sea”. Unos tambores rituales custodian riffs arenosos y pegadizos. En ésta ocasión, la calmada voz de la nueva sacerdotisa Soozi se va elevando en sus rezos junto a una corte de plomizos sonidos distorsionados; el entorno natural en el que mejor se mueva la banda. Oscuridad envuelta en fuzz, con efectos dispersos que le convierte en uno de los temas más destacados de todo el álbum.

Por la senda del doom-metal, “Lay demon” nos muestra a los DEAD WITCHES más siniestros. Lentos y cansinos, la voz continua con su ritual exorcista sobre contundentes riffs a paso lento. Unos terroríficos efectos de viento desatan la tempestad. Un deambular por territorios en los que los espectros son los dueños de la escena. Tomando momentos heredados de los Hawkwind más difusos así como de los Sabbath más ocultistas, el tema va dejando un reguero de desolación a su paso. Una estela pseudo-espacial de destrucción masiva.

“Fear the priest” sigue esa senda de doom-metal que tanto le gusta a la banda. Poderoso riffs siguen dando cobertura a las plegarias de su vocalista en otro plomizo corte en el que el temor se palpa sobre el terrorífico cuadro que describen sus acordes. Gruesos riffs de un portentoso bajo, con una insaciable batería que acaban devorando la voz de su exorcista con su contundencia.

DEAD WTICHES grabaron en el estudio, Chuckalumba, donde también se realizaron las fabulosas sesiones de Dopethrone y Let Us Prey, de Electric Wizard, así como su debut de «OUIJA». Las sesiones comenzaron en la luna llena el 25 de agosto en el corazón de New Forest, en lo profundo de Dorset, el hogar sagrado de las leyendas del  doom de los 90 y el folclore del Electric Wizard, marcando la cuarta vez de Mark en ambas bandas en Chuckalumba.

John Stephens, que opera el museo viviente de máquinas analógicas y de análogas y de estudio de válvulas antiguas, capturó un mundo de demonios y posesiones … Un gemido de lamentable canto de sirena tejiendo un siniestro mundo de terror, a través de oleadas de floreciente confusión y infierno atronador enviado desde la batería.

Al darse cuenta de la magnitud de lo que se habían comprometido a grabar, Dead Witches comenzó a buscar a Doug Shearer, el mago de la masterización y el miembro final en el aquelarre.

La portada del disco es obra de  Goatess Doomwyc.

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DZJENGHIS KHAN.- “Dzjenghis Khan”

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Heavy Psych Sounds rescata el álbum homónimo de DZJENGHIS KHAN que había sido  lanzado en 2007 por el sello holandés Motorwolf. La banda, con base en San Francisco, contó con el bajista Carson Binks (también en Wild Eyes and Saviors), el bateria Tommy Tomson y el guitarra Lane Rider

Este disco refleja la escena musical de esa época y sigue siendo una perla de rock ácido sin pulir. Recuperando el sonido heavy-psych en un momento en el que no había una escena real. Así se han convertido en unos “pioneros después de los pioneros”. Con un sonido sucio en su surcos, ácido, borroso y completamente en bruto. Con un ambiente de baja fidelidad pero que derretirá tu cara con sus fangosos riffs, haciendo que tu cabeza sufra una deflagración de fuzz.    

“Snake bite” abre el trabajo con un ritmo imperturbable de batería y solos corrosivos e incesantes. Una ondulación sobre el poder de los tambores en un tema instrumental que directamente vuela cabezas. 

La esencia hard rock setentera está presente en gran parte de los temas. muchos de ellos, dotándolos altas dosis de ese sucio sonido de Detroit, que se practicaba a finales de los sesenta.

“Wildcat” es un claro ejemplo de ello. Un tema en el que la instrumentación es más densa. Desgarros vocales con mucha influencia blues y una vocación de garage-punk. Una aspereza, con altas dosis de retro-rock, con riffs pegadizos, e incursiones salvajes de una aguda guitarra sobre la densidad del espeso ritmo. Un tema con fuerza y gancho.

Este tipo de sonidos son muy del gusto del sello italiano, donde ya hemos visto repetidas apuestas en este sentido.

La crudeza de los setenta más salvajes se manifiesta en “The widow”. Rock and roll y garaje con ritmos repetitivos como mucho groovy que poco a poco se van engordando.  

Todo un torbellino con una batería básica y matemática a su vez, sobre la que van elevándose riffs como mucha dietilamida en una línea que por momentos recuerda a CREAM vestidos de Johnny Winter, con interminables solos virtuosos. En esa enagenación de riffs, la batería pone orden para retomar la ondulación y el aparente control dentro del caos. Ahí aparecen esas voces gritonas y macarras herederas del garage más salvaje. 

El sonido Detroit, fiel reflejo del desencanto del proletariado de las fábricas de su barrios, vuelve a aparecer en “No time for love”. Un pegadizo ritmo con registros vocales que recogen toda la rabia en un tema en el que el blues está presente. Mucho groovy y toda la crudeza en sencillo y primitivo corte de poco mas de dos minutos.

Con un ligero cambio de tono, “Avenue A”, con ritmos cambiantes en los que los parones y acelerones se suceden, DZJENGHIS KHAN ejecutan un corte que me recuerda a  alguno de los temas más garageros de los alemanes WEDGE. Más anclado en sonidos de los sesenta, pero sin mostrar tanta rabia. Sencillez a través de ritmos y estribillos efectivos y divertidos.

Un pulsante bajo y una diabólica batería nos introducen en “Against the wall”. Otro tema en el que la vocación punk, hace acto de presencia. Voces garageras junto a solos corrosivos son llenan de un frenesí agotador con altas dosis de la psicodelia más dinámica.

Pesados y fornidos riffs aparecen en “Black saint”. Un cambio de registro en las voces ayuda a un tema que muestra un empaque distinto. Si, los ritmos siguen siendo frenéticos y explosivos, pero la voz ahora está más contenida, con una mayor calidez. La suciedad ahora se espesa en pura grasa a través de los difusos sonidos de un riff que se repite hasta la saciedad.

Emulando a Iggy Pop, pero con tintes trágicos y misteriosos, “End of the line”, nos devuelve a un machacón ritmo de bajo, en un sonido mas denso en el que no faltan a su cita los hirientes solos de la guitarra. 

Perdiéndose en una entrada de solos de guitarra y bajo, con unos susurrantes platillos, “Rosie”, vuelve a repetir la fórmula Wedge. Voces sesenteras, sobre una difusa y gruesa instrumentación, sobre la que se van coloreando riffs ondulantes. El incesante bajo marca el devenir de un tema que se va volviendo más lisérgico sobre unos efectos que se olvidan de los ecos garageros, para acabar construyendo toda una jam en la que bajo y guitarra no cejan en su lucha por copar el protagonismo, con la intensa mirada de unos efectos envolventes a lo largo de sus ocho minutos de fuzz rebosante.

Con un completo cambio de registro, “Sister Dorien”, cierra el disco, con una guitarra acústica que en nada se parece a lo que habíamos escuchado hasta el momento. Con el mínimo apoyo de un bajo discreto, construyen un agradable tema a modo de epílogo.

DZJENGHIS KHAN se formó en San Francisco en 1977 por tres jóvenes sabios cuyas identidades han sido objeto de mucha especulación a lo largo de los años. Aunque se han escrito muchos tomos y varios “eruditos” del rock se han llegado literalmente a la locura al tratar de descubrir minucias como sus nombres y colores favoritos, el único hecho acordado por este país son las publicaciones musicales legítimas (el “Big Three”, tal como están ” Lo que se sabe es que ninguno de ellos tenía experiencia musical previa ni sabía lo que era en realidad. El resto es meramente conjetura. A principios de siglo, la banda estaba formada por Binxebus Eruptum en el bajo, Lane Rider en la guitarra y Tommy Tomson en la batería. Se desconoce qué miembro cantó. Ninguno de estos hombres tuvo ninguno de los miembros originales ya que hubo aproximadamente 333 cambios en la alineación en este momento de la carrera de la banda, pero esta cifra ha sido ampliamente discutida. Convencidos por el empresario holandés Guy Tavares de abandonar sus vidas en S.F. y mudarse a Den Haag (Holanda) en 2007, la banda grabó lo que se convertiría en su penúltimo L.P. que fue lanzado por Motorwolf y Leafhound Records.

Estas compañías se declararon en bancarrota y la mayoría de las copias del lanzamiento se destruyeron poco después; y ahora son recuperadas por el prestigioso sello Heavy Psych Sounds

 

 

 

ABOUT WIZARDS.- «Wizards about»

a3994446633_16El guitarrista de SPACELORD, Rich Root, nos presenta su proyecto en solitario con el nombre de ABOUT WIZARDS. Un álbum de laboratorio en el que magnetizantes atmósferas caleidoscopicas exploran distintos espacios psicodélicos. Con una gran influencia del sonido ALL THEM WITCHES, el guitarista incorpora tanto pesados y oscuros elementos Sabbath, como momentos shoegaze, siempre con una vocación de stoner psicotrópico. Siete temas que ondulan y sobrevuelan sobre nosotros en los que las cálidas texturas vocales se fusionan en un tejido sonoro en el que la pesadez de riffs stoner se combina con altas dosis de atractiva psicodelia. Un extasiante brebaje sonoro de gran intensidad y belleza que sirve de terapia. Un álbum (como dice la propia banda) para degustar frente a la chimenea, con una copa de buen vino y una bolsita de hierba y dejarte llevar por sus efluvios alucinógenos. Un trabajo que apreciarán los fans de KING BUFFALO o de los citados ALL THEM WITCHES.

«Black obelisk» nos enseña la nueva aventura de Rich con envolventes acordes de una guitarra que se expande en sus armonías para contraerse en solos afilados. Siempre bajo la atenta mirada de unas acarameladas y magnetizantes voces en pura vena shoegaze. Susurrante y lleno de efectos, las probetas del laboratorio del músico de Buffalo van obteniendo la fórmula perfecta. Una oscuridad latente y humeante y las susurrantes voces nos hipnotizan con sus melodías. 

Una pulsante linea de bajo hipnótico y penetrante nos abre la puerta a aturdidores espacios psicotrócicos en «The stranger». Las hechizantes y cautivadoras voces y la mágia de  la guitarra nos eleva entre los interminables solos virtuosos y barrocos; desangrándose sobre los narcóticos e implacables ritmos que sirven de soporte mecánico a los virtuosismos y giros que Rich consigue con su guitarra.

Si al principio hablaba de la herencia sabbathica de  «WIZARD ABOUT», solo queda escuchar los primeros riffs de «The battle of Tollense Valley», para darse cuenta de que no era descabellada la afirmación. Sin embargo el peso de las reverberaciones shoegaze en linea ALL THEM WITCHES o KING BUFFALO son mas que evidentes. Los tonos de hard rock o proto metal setentero son aderezados con la mágica formula que el músico de Buffalo saca de sus probetas. Efectos y solos se suceden en otro cálido y apacible corte que toma prestados distintos elementos para llegar a un resultado cercano a los sonidos heavy-psych más heterodosos. Stoner vs. shoegaze desde una mirada sosegada y cautivadora en una sobresaliente ejecución y creatividad.

En los tiempos que corren seguramente ya todo está inventado, pero aún así, afortunadamente hay albumes que nos siguen sorprendiendo y emocionando, y éste es uno de ellos.

Nuevamente los riffs pesados de «Impresions for sorcery (The thoughts of Hen Draper)» con su vestimenta retro y colorido setentero se complementan de ornamentos shoegaze. Una cadencia vocal perezosa y cansida, pero magnetizante ofrece un corte asequible en el que los estados de ánimo mutan..

Cambiando el registro pero no la esencia, «Letter home from a sniper» nos presenta otra faceta del trabajo de Rich Root. El lado acústico hace acto de presencia con un dulce tema melancólico con ciertas reminiscencias noventeras.

La sensibilidad con que con tratados todos los temas, se pone de manifiesto en los casi ocho minutos de «The great destroyer». Con una inequívoca vocación doom, pero a bajas revoluciones, la calidez, unida a ciertos genes bluseros y con sangre de los setenta en sus venas, demuestra que incluso con las resonancias más plomizas puede haber ternura y delicadeza. 

Un sólido torbellino de nebulosos riffs pone fin al disco con «Intergalactic». Repartiendo fuzz humeante con la energía propia de stoner, el vigoroso ritmo así como los puntantes solos que lo atraviesan, hacen el corte que rompe de alguna manera la linea de  «WIZARD ABOUT». Obviando la dulzura mostrada en los temas anteriores como si quisiera despertarte del trance en el que puedes haber quedado.

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RODEO.- «Dilmun»

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Potentes vibraciones Stoner desde el país vasco con una banda que en su segundo disco ha trabajado las melodías vocales incorporándolas a un sonido oscuro y directo. Sin renunciar a atmósferas post-rock  fusionándolas con sus nebulosas arenosas, el cuarteto sigue desparramando fuzz en sus desérticos riffs. Con el aliciente de unas potentes voces en euskera poniendo el tono reivindicativo, y saliéndose de los estereotipos del género, no dudan en ofrecernos pasajes espaciales incluso algún elemento folk. Una docena de temas que van moldeándose con distintas influencias, sabiéndolas acoplar con maestría a sus plomizos ritmos. Un trabajo de trazo grueso sin renunciar a finas pincelas melódicas entre su maquinaria pesada para crean un lienzo multicolor. «DILMUN» comienza en sus primeros cortes con temas directos y pesados para ir transformándose con más presencia de sonidos psicodélico sen los que la experimentación está presente.

«DILMUN», el paraíso de los antiguos sumerios, tierra por donde sale el sol, una tierra virgen y limpia, donde los leones no matan ni los lobos se llevan a los corderos. Dilmun, antiguo enclave comercial del golfo pérsico, primeros pasos de la fosilización de las relaciones humanas. Dilmun, paraíso democrático de los derechos humanos que vivimos hoy en día, creado sobre los pilares de la guerra, la miseria y la mercantilización de las capacidades humanos.

Temas como «Hegan», lleno de riffs desérticos  con una absoluta contundencia y una cierta inclinación a resonancias heavy-rock, o «Karkemish», un breve interludio de un minuto por la misma senda, preceden a «Rodeo». Tema en el que los riffs arenosos van decayendo ante la seducción de tonos orientales apartándose del camino para teñir sus notas de psicodelia pesada. Resulta curioso el contraste de unas voces que recuperan momentos de la escena  del rock vasco más reivindicativo.

Si el cuidado de las voces es constante en la gran parte de los temas del disco, en «Ikasu eta ukatu» son todavía más evidentes. Partiendo de ortodoxos ritmos stoner que llegan a coquetear con momentos doom, acaban decayendo en espacios de psicodelia pesada en la que el fuzz se vuelve más sutil completando un corte más apacible en su parte final. Una versatilidad que siempre es de agradecer. RODEO moldea los ritmos arenosos constantemente para partir o finalizar en su esencia desértica. «Tiamat» sigue esa premisa, en esta ocasión partiendo de atmósferas pseudo-espaciales.

En éste su segundo trabajo las composiciones difusas son una constante. Solo tenemos que escuchar «Dilmun», el tema que da nombre al disco para comprobar de que estoy hablando. Efectos, efectos, fuzz, fuzz…

Incluso encontramos un corte en el que las peculiares voces se inclinan a territorios punk, recordando la escena del rock radical vasco. «Borrokaren hatsa» conjuga la psicodelia pesada llena de distorsiones con misteriosos espacios sonoros que se van elevando, en una especie de himno reivindicativo.

RODEO intenta plasmar en sus letras lo que tienen delante de sus ojos y las inquietudes que el mundo actual les crea. Las guerras exprimidas por el capital, la explotación sistemática de la mujer, el veneno continuo de las serpientes que intentar determinar la conciencia de la gente o la necesidad de vender nuestra vida a la circulación del sistema para sobrevivir. Una cruda realidad que logran plasmar en sus composiciones con un notable acierto.

 

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GEEZER.- «Spiral Fires EP»

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Después del punto de inflexión que supuso la incorporación a GEEZER de Steve Markota a la banda liderada por Pat Harrington nos presenta su nuevo trabajo «SPIRAL FIRES EP», disponible en su página de bandcamp y próximamente via  Kozmik Artifactz.

Que GEEZER son unos tipos rudos, creo que estas alturas ya lo sabemos todos. Que son capaces que conjugar resonancias blues con sonidos pesados, también. Pero en éste trabajo encontramos un mayor protagonismo de resonancias psicodélicas en detrimento de una pesadez que, aún estando muy presente, tiende a dejar más protagonismo a auténticos viajes astrales en los que los neoyorquinos nos atrapan. Más lisérgicos que nunca los cuatro temas del EP pueden ser el inicio de giro hacia espacios ya visitados por la banda, pero sobre los que ahora se indice con mayor determinación.

Las dos partes de «Spiral fires», nos dejan claro las diferencias que podemos encontrar en la banda. Una avalancha de efectos siderales salidos de las guitarras y sintetizadores de Pat llegan a nosotros como olas a una playa para introducirnos en un tema con una cadencia pseudo-doom en el que se respira un agobiante y humeante aire blues. Derroche de efectos fuzz de esos que tanto nos gustan, y esa voz aguardentosa y cansina. Una crudeza con el suficiente groovy para atraernos al interior de sus acordes y riffs. Como si todo fuera al ralentí, se van introduciendo solos y efectos de pedales y distorsiones que poco a poco van moldeando el tema hasta dotarle de de una acidez psicotrópica.   La primera parte es como SHREK, uno de esos ogros amables de aspecto fiero que en el fondo te seduce.  Una vez atrapado, la segunda parte incide en la sucesión de efectos espaciales creando atmósferas psicodélicas de gran calado. El lento ritmo de blues ácidos sigue contenido ante las toneladas de psicotrópicos de despiden sus notas. Una maraña lisérgica que describe estados de inconsciencia mental y bienestar. unos solos de guitarra, mientras tanto apaciguan nuestra mente con gran magnetísmo. Estamos ante un trance hipnótico en el que la música de GEEZER nos traslada a dimensiones más allá de razón humana. Para completar, aparecen unas cutivadoras voces como cantos de sirena que nos atraen hacia otra realidad alejada de la consciencia humana. En este punto, lo importante es dejarte llevar.

Quizás estemos ante un nuevo enfoque, pero lo cierto es que el sonido característico de la banda resurge con «Darkworld». Los espesos sonidos arenosos con herencia setentera regresan de una forma más cautivadora que nunca. Las densas nebulosas creadas nos envuelven con fuerza, pero sin estridencias. Siendo honestos Pat no tiene una gran voz, pero si tiene el gancho suficiente para que su registro vocal encaje a la perfección con su música sin forzar. La espiral ácida continúa sobre una base rítmica de ecos stoner desérticos.

«Charlie reefer» deja patente que la vocación psicodélica en la que se embarca la nueva etapa de GEEZER tiene más consistencia que la vocación pesada de la banda, aunque si algo tiene a su favor el trío neoyorquino es que sabe conjugar ambas con el blues. Con una nueva aparición de sintetizadores y efectos, los sutiles acordes de la guitarra van evolucionando hasta espacios arenosos. Una vocación desértica que es alimentada por jugo de peyote para hacernos perder nuevamente la consciencia y atraparnos entre sus surcos. Los hechizantes momentos creados por Pat y su guitarra hacen que nos sintamos cautivos de una tormenta de arena generada por la base rítmica que completan Richie Touseull al bajo y Steve Markota a la batería y percusiones. en ese torbellino rítmico siempre encuentramos los atractivos desarrollo de la guitarra en un estrato superior. 

«SPIRAL FIRES EP» fue producido por Pat Harrington. Grabado en Darkworld Studio en Kingston (Nueva York), por Matthew Cullen y los ingenieros asistentes David Daw y Robert Kelly. La mezcla fue realizada por Matthew Cullen en The Cat Haus en Catskill, NY, con la masterización por Scott Craggs en Old Colony Mastering en Boston, MA. La portada  es de Lee Fenyves, con diseño de Steve Markota.

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