NUMIDIA.- «Numidia»

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Desde Australia nos vemos sorprendidos con el debut de NUMIDIA. Una de esas gratas sorpresas que nos encontramos cada cierto tiempo. Un quinteto en el que tres guitarras se van repartiendo el protagonismo sobre estructuras de psicodelia progresiva en las que los sonidos de oriente medio le dan un toque de exotismo y magia que a buen seguro sorprenderá al oyente. No faltan las influencias del norte de África ni los sonidos pesados que se van combinando con elementos de hard setentero en un disco en el que las atmósferas ensoñadoras herederas de algunos momentos Pink Floyd no están reñidas con la pesadez de algunos momentos ni los ecos folclóricos. Incluyendo la mejor versión de un tema del legendario Erkin Koray que me haya encontrado nunca. Un trabajo IMPRESIONANTE!!!!!.

Los acordes orientales de «Turku» abren este brillante trabajo. La mejor versión que jamás haya escuchado del que fue considerado como el «Jimi Hendrix de Tuquía» allá por el año 1974. Originariamente publicada en «Elektronic Turküller«, «Turku» toma ahora una fuerza inusitada. Reforzada por unos sólidos pilares de psicodelia pesada y unos riffs stoner el tema consigue mantener la esencia oriental que Koray creó, revitalizándola con una visión contemporánea. Magnética, hechizante y majestuosa, sabe combinar riffs retro, con pesados momentos sin perder su vocación primitiva.

Mágicos momentos de psicodelia atractiva en la que la guitarra de David Gilmour nos viene  a la cabeza. «Azawad» nos muestra de lo que son capaces estos chicos llegados de Sidney. Narcotizantes pasajes dan paso a momentos en los que se acercan al folk, especialmente en voces y coros. Desarrollos fascinantes de guitarras, acarameladas voces con aura oriental y tonos norte-africanos sobre unos subyacentes teclados crean un rico tema lleno de matices en los que no faltan las guitarras ácidas intercaladas en atmósferas progresivas. Densos y espesos, y a su vez livianos y lisérgicos en un brillante corte.

En «A Million Martyrs» dulces voces susurrantes nos masajean sobre sutiles acordes de guitarra trasladándonos a bellos paisajes sonoros. Con una vocación progresiva coloreada por las guitarras consiguen hacer aparecer la magia. Bajo un entorno de oscuridad llena de melancolía los matices y sonidos van oscilando a través de los constantes cambios de rumbo de las guitarras. Todo ello culminando en momentos de hard retro en el que el impresionante trabajo de bajo consigue mantener el brillo entre la exuberancia de las guitarras ácidas.

Retomando la vocación oriental «Numidia», el corte que da nombre a la banda y al trabajo. Distintas capas de guitarras van conjugándose con voces llegadas del norte de África, recuperando momentos folclóricos junto a potentes riffs y una sólida base rítmica en una perfecta combinación de fuerza y magia. Coros orientales y un órgano vintage hacen el resto en un perfecto ensamblaje de sonidos del medio oriente entre pasajes psico-progresivos.

De nuevo la calma se apodera de NUMIDIA en «Red Hymn». Mágicos momentos con guitarras que recuerdan a Pink Floyd sobrevuelan sobre una estructura hipnótica y cautivadora. Una nueva combinación de apacibles coros a lo largo de ocho minutos de exploración psico-progresiva en la que los penetrantes solos de guitarras se incrustan en el soporte de los sonidos progresivos.

«Te waka», cierra el álbum, con apacible y arrulladoras voces que se van elevando en un desgarro lleno de sentimiento. Los coros y las guitarras se van conjugando con destreza en otro corte en el que el legado Gilmour está presente.  Introspectivo y relajante, el tema sirve para dejar claro, si no lo teníamos hasta ahora, que estamos ante una joven formación que atesora un grandísimo potencial fuera de los estándares convencionales. 

«NUMIDIA» verá la luz próximamente en formato físico via Nasoni Records .

La banda la componen:  Shane Linfoot (guitarra y voces) Mike Zoias (guitarra y voces)
James Draper (guitarra y voces) Alex Raffaelli (bajo) y Nathan McMahon (batería); y contaron con la colaboración en las voces de Selin Akbasogullari.  

https://www.facebook.com/Numidiaband/

 

 

 

 

KIKAGAKU MOYO.- «Masana temples»

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En MASANA TEMPLES, la banda quería desafiar sus propios conceptos sobre la música psicodélica. Su potencia se mantiene intacta en este disco, pero definen más sus composiciones haciéndolas más nítidas. Un trabajo que va mutando en constantes metamorfosis para obtener un resultado atractivo, bello e intenso.

Siempre dando rienda suelta a su creatividad y reflejándola con una ejecución magistral que denota el gran dominio que tienen de sus instrumentos. Constantemente en busca de la libertad mental en ese transito entre lo espiritual y lo material. Una espiritualidad a la que nunca renuncian, y lo hacen dándose libertad en la ejecución, como la han hecho desde sus inicios. La libre creación de una música que acaba acoplándose con la complicidad que los miembros de KIKAGAKU MOYO tienen entre si. Todos tienen su protagonismo, parece que estemos ante una banda, que aparentemente no tiene lideres, y cada uno es su propio jefe, sin perder el respeto oriental a los momentos de gloria de los demás. 

El sitar como protagonista en el primer tema del álbum, aportando ese toque oriental tan característico de los japoneses y que les hace una banda única en la escena. Belleza y espiritualidad unidos con la psicodelia nos inician en este viaje desde «Entrance»

Sonidos vintage de los sesenta aparecen desde la guitarra fuzz, con calma. A continuación la susurrante voz de Tomo Katsurada    se mezcla con tonos que coquetean con el jazz y la psicodelia apacible, así como con sonidos de la galería italiana setentera, con teclados y guitarra como protagonistas en «Dripping sun». Un re-confortable paseo  por floridos jardines del edén. Flores de loto y nenúfares despiden fragancias cautivadoras. a continuación la banda sale de ese estado de meditación para iniciar una travesía mucho más tormentosa intensificando su sonido con una sucesión de riffs de guitarra, que confirman ante quienes estamos. Una banda sutil pero sólida  en la que la fragilidad es solo aparente.

Los temas van mutando de la calma al ritmo, y del ritmo al sosiego. «Nazo nazo» refleja entornos de templos japoneses rodeados de flores de loto. El acento oriental lleva en forma de suave brisa reconfortante.

Si algo tienen KIKAGAKU MOYO es la facilidad para combinar y fusionar tonalidades distintas. Psicodelia, kraut-rock, jazz, folk,  todo entra en esas jams que libre y espontáneamente (o no tanto) se convierten en temas oscilantes. lo cierto es que el resultado parece sencillo dentro de la complejidad de algunas estructuras. 

El hipnotismo kraut que vemos en «Fluffy Kosmisch» gracias a la batería y a unos teclados repetitivos, es suavizada sin estridencias por la sutileza de los acordes del sitar para poco a poco ir introduciéndose en una espiral de sonido.

Siguiendo esa linea kraut, «Majupose» se construye sobre una línea de bajo que marca la melodía para ir incorporando elementos e instrumentos sobre la misma.

El smooth-jazz aparece en «Orange peel» sobre repetida estructura hipnótica y repetitiva. En una dinámico avance, estamos ante un corte evolutivo que incluye desde extrañas coros a voces cercanas a registros de bossa. el sitar y la guitarra más densa aparecen para arropar la composición.

En MASSANA TEMPLES encontramos más elementos jazzisticos que en sus anteriores trabajos. El hecho de haber grabado el disco en Lisboa junto al músico de jazz , Bruno pernadas supongo que tiene una gran influencia en ésto.  

A pesar de ser un disco algo más intimista que sus predecesores, los riffs potentes no desaparecen de la creación de la banda. Clara muestra de ello es «Gatherings», seguramente el tema más potente del trabajo, a pesar de que nos volvemos a encontrar elementos folk, una hechizante batería y tonos kraut-rock lisérgicos, la guitarra y el órgano de vocación retro le diferencia de alguna manera del resto de las pistas. 

Para cualquiera que escuche a KIKAGAKU MOYO por primera vez, puede sorprenderle la aparente fragilidad de una banda que logra transmitir toda la sensualidad de sus discos en su directos, pero con una fuerza y potencia que posiblemente no llegue a percibirse en sus surcos.

El disco cierra con una composición acústica en la que los arpegios de guitarra recrean un oasis de paz y relax sensorial ayudados por las aterciopeladas voces. «Blanket song» pone punto final a otro gran disco de KIKAGAKU MOYO

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