JAGANNATHA «Samsara»

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La escena psicodélica pesada está cada día ensanchando sus fronteras y consiguiendo más y más adeptos para su causa. Los franceses JAGANNATHA deslumbraron con su debut poniendo su propio listo creativo en cuotas muy altas, pero…. ¡Lo han vuelto a hacer!!!!. Solo tres temas instrumentales bastan para lograr cercano a una obra maestra de la psicodelia pesada. No es únicamente un lienzo lisergico lo que encontramos en «SAMSARA», estamos ante un álbum con múltiples y variados matices perfectamente coloreados a través de intensos ritmos pesados. Nebulosas magnetizantes que beben de una paleta de colores que van desde Colour Haze, Black Sabbath hasta Pink Floyd pasando por la gama de reverberaciones stoner, doom y progresivas. Uno de esos discos que te absorben entre sus surcos y de los que no quieres escapar. Mántricos, reconfortantes y a la vez intensos y densos, conviertiéndose en un bálsamo sanador de cualquier herida del alma en cortes que no bajan de los 11 minutos y que te llevan al más allá haciendo que tu mente levite en un orgasmo de sensaciones transmitidas por su música.

«Sooraj» desde sus primeros acordes nos enseña el camino que sigue el cuarteto de Grenoble. Un tortuoso camino a través de pesadas resonancias que se inclinan hacia abismos doom. Una linea de bajo predomina repitiendo un riff de tintes Sabbathicos sobre humeantes y oscuras nebulosas. Por esa frontera tan fragil que tiene el heavy-psych y el doom, estructuran el tema con una primera parte enla que se basan en la repetición implacable de un riff, para descender a insondables espacios en los que los efectos y unas hechizantes voces en las lejanía nos van atrayendo hacia lo desconocido. Traspasando ese umbral, el inquietante entorno en el que nos sumergen se va coloreando con desarrollos de una atrayente guitarra con efectos fuzz. La dupla de guitarras se desdobla en desarrollos humeantes desarrollos stonerizados con aura espaciales de proporciones descomunales.

Nuevamente coqueteando con momentos doom, «Chandrama» el tema se introduce en una oscuridad lisérgica en la la experimentación instrumental va mutando de texturas densas y espesas a formas a estructuras más livianas. Tras la intensidad, JAGANNATHA desciende a narcóticos espacios sonoros con guitarras que recuerdan a momentos Pink Floyd combinado con ecos más propios del siglo XXI. Bellos momentos son descritos con sutileza y calma, evolucionando y ondulando a dictados más propios del stoner. Los franceses colorean con finos y elegantes acordes de guitarra los momentos heavy-psych una odisea donde la épica se conjuga con la sutileza y la elegancia en una ejecución milimétrica. Dentro del prolífico género, la banda resuelve con brillantez un tema con constantes cambios de argumento en su trama de una forma sobresaliente consiguiendo que su música sea absolutamente cautivadora.

En otro ejercicio de brillante psicodelia,  «Brahmaad» produce un estado de bienestar y relajación dentro de sus oscuros espacios lisérgicos. Aquí encontramos retazos de sonidos Colour Haze con complejos desarrollos que nos transmiten un estado de extasis mental. momentos drone de gran hipnotismo nos atrapan en las fauces del tema en íntimos momentos que provocan una paz e introspección interior.

Todo un bálsamo sanador lleno de belleza que contrata con las embestidas de los pesados riffs que hace que te sientas en una burbuja en la que te sientes a salvo de los terroríficos y poderoso riffs doom. un corte que te hace sentir seguro como partícipe de una narración observando desde nuestra atalaya la grandiosidad sideral que se describe a nuestro alrededor.

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STONE WITCH.- «Desert oracle»

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Desde los yermos desiertos de Arizona nos vienen vientos ocultistas camuflados en una tormenta de proto-doom que solo deja desolación a su paso. Con cegadoras areniscas stoner y humeantes momentos narcóticos y psicotrópicos.  Con un nombre revelador, el Oráculo del desierto ha puesto su mirada en nuestras mentes anulando nuestro conocimiento a través de pesados y lentos riffs con mucho tono Sabbath sobre sombríos territorios 

STONE WITCH han lanzado un álbum oscuro y aterrador, que nos devuelve al punto en el que comenzaron los pioneros en esto de los ecos ocultistas y plomizos, de la primera mitad de los setenta.  El cuarteto ejecuta temas de cegadora oscuridad en la que caminan con pachorra pesadamente en línea sabbathica levantando polvo fuzz en su tránsito. «Wizards smoke» por senderos cercanos, vuelve a golpearnos con ecos proto-doom con un narcotizantes riffs con mucha distorsión. Ritmos que cambian con momentos proto-metal y por vastos desiertos intoxicantes.  A gran velocidad en contraposición con otros como «The arm» o «White eye», en los que el cansino caminar le da un toque psych, sobre cegadoras hogueras de pedales, con brillantes momentos lisérgicos.

Entre toda esos espacios tenebrosos, resurgen otros temas como «Void of form», o «Shadow» en los que los sonidos retro-rock son más evidentes. Algún momento cercano a los británicos Budgie hace que «Shadow» vuelva a convertirse en un vehículo para explorar aquellos territorios que fueron explorador hace cinco décadas por melenudos drogados. El título de «Sombra» resulta paradójico,  ya que sus surcos se vez oscurecidos por la sombra de los riffs a los que nos tenía acostumbrados Tommi Iomi en sus orígenes.

Los de Arizona nos descolocan con cortes como «Dutchmen», donde sobre pseoudo-acústicas melodías rurales, una portentosa y aguardentosa voz del Springsteen más rudo  o del Shawn James más dulce. Una pausa que se produce al calor de algún eco blusero en «Pillar of the colosus», otro tema en el que el cuarteto cambia su oferta pesada y ocultista por momentos enriquecedores. En ésta ocasión sobre seductoras y a la vez inquietantes voces, entre brumas cannabinoides, sin renunciar a la melodía y a armonías atmosféricas. Un serpenteante corte que poco a poco va avanzando por valles llenos de amapolas narcotizantes.

STONE WITCH lo componen: Jayare Robbins (voz y guitarra), Matt Wentz (Guitarra), Jason Colbert (batería) y Ian Colbert (bajo).

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PETRICHOR.- «II»

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Si hay alguna diferencia entre ésta, su segunda entrega y su debut de mediados de 2.016, es que la banda de Virginia ha fabricado un álbum en el que las melodías tienen mucho más protagonismo. Siguiendo la estela del rock de tintes ocultistas, las voces de Tess Fisher se vuelven mucho más líricas y desgarradas de lo que nos había mostrado el primer álbum de la banda. Otro de los cambios es la desaparición de los registros guturales que ocasionalmente habíamos escuchado en alguno de sus primeros temas.

Usando distintos elementos, la progresización de su sonido se produce sin menoscabar su contundencia, conteniendo momentos de metal progresivo, riffs arenosos que desprenden fuzz cegador, así como ampulosas construcciones que flirtean con momentos post-rock e incluso folk. Momentos en los que la banda nos seduce con altas dosis de lirismo con reconfortantes melodías.

Así temas como «Saint Francis Satyr», «Charons obol» o «Hybrid moments» sacan el lado más suave, con melodías que van desde el clasicismo hasta el metal sinfónico. El primero de ellos con esos coqueteos con atmósferas post-rock, siempre con el protagonismo de su pitonisa particular. «Chorons obil», nos enseña el lado faraónico, con densos riffs que se van balanceando entre las voces presuntuosos y grandiosos. Conjugando voces desgarradas con los momentos más calmados. Con una grandiosidad y ritmo metálico el poderío vocal brilla exuberante.

En tonos acústicos, en línea Joni Mitchel «Blue state line» sirve de cobertura a bellas melodías llenas de bucolísmo completando un cuadro floral de gran belleza.

En contraposición, «Demon Goddes», o «Earons», son los temas más cegadores. Con algún coro de su batería  Harrison Christ en éste último, la espiral de fuzz sobre ritmos stoner los convierten en la parte más contundente y pesada de «II». «Demons goddes», aparte de mostrarse pesado, conjuga la vocación ocultista de la banda. Oscuridad y lamentos presiden su cauce, al igual que sucede  más profundamente en «My swollen voice». Plegarías desgarradas nos conducen a magnetizantes atmósferas donde los sonidos  psico-progresivos aromatizan el ambiente. «Like you know», profesa la misma fé a través de la medium ejerciente en que se convierte Tess, haciendo que traspasemos el umbral a cavernas misteriosas e inquietantes.    

Si bien es cierto que cada vez nos encontramos más bandas de psych-doom de tintes ocultistas comandadas por una fémina, y demasiadas veces su sonido es similar, el caso de  PETRICHOR se convierte en un rara-avis del género, al introducir tanta variedad de elementos saliéndose de alguna manera de los estereotipos.

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TIMESTONE.-«Unspoken»

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Vibraciones masivas de psicodelia, stoner de tintes progresivos y buenas dosis doom nos llegan desde Austria de la mano de TIMESTONE. Casi cinco años después de que publicaran su Ep, presentan UNSPOKEN. Con una mayor contundencia, pero sin perder aquella vocación lisérgica que apuntaban en su debut. Sonidos en los que el fuzz está muy presente en las espirales stoner del trío. Todo ello sin renunciar a la elegancia de momentos atmosféricos en los que la banda nos ofrece relajados pasajes que se acercan a la frontera del post-rock por el camino de la psicodelia drone. Un apetecible viaje en el que no faltan resonancias setenteras entre las nebulosas psicotrópicas a las que nos invitan descubrir con éste álbum.

«Hangman’s valley», abre el trabajo sobre pesados riffs toner que se camuflan en un traje de psicodelia pesada. Desgarrados registros vocales rescatados de los noventa acompañan el torbellino sónico del trío. Solo ácidos deslumbran entre la contundencia de unos riffs que flirtean con el doom. Un tira y afloja entre la acidez y la pesadez que acaba resolviéndose con fuzz oscilante que conjuga ambos elementos.       

El lado más sosegado hace acto de presencia en «Unspoken». A través de momentos drone, la psicodelia más sosegada coquetea con resonancias post-rock, en las que el bajo narcótico y los atractivos pasajes de guitarra crean un tapiz multicolor. un desdoblamiento de acordes con una ornamentación que va adquiriendo consistencia. después de haber escuchado «Hangman’s valley», parece que estamos ante otra banda distinta. Nada que ver con el tema que le precede, hasta la parte final en la que los riffs se robustecen para reposar en momentos de psicodelia pesada.  Algunos pasajes hipnóticos de cobertura espacial en la que los efectos revolotean sobre las armonías.

Un corte reivindicativo con mucho trasfondo social nos sorprende con su cálidas voces, sobre unos bellos y sosegados acordes en «All wrong». Rabia vocal que trasmite estados de ánimo que van cambiando con una soberbia instrumentación. Retomando momentos más densos la melodía no desaparece en un tema bien estructurado y que intenta ofrecer la visión de TIMESTONE ante la situación socio-política actual. Un gran trabajo de Chewie, su guitarrista y cantante, logrando transmitir todo el trasfondo del tema.

Llegados a este punto, de versatilidad, los austriacos retoman momentos heredados de los setenta. «The mirror», utiliza distintos elementos entre los que está el hard, el blues, la psicodelia. Registros vocales cercanos al Jim Morrison más chamánico muestran toda la garra de un tema con un pesado ritmo que acaba enredándose en unos riffs que se inclinan a momentos doom, para sorprendernos con un giro inesperado, o no tanto, a desarrollos de psicodelia narcotizante. Profundos y desgarradores momentos que se precipitan en un torrente sonoro de gran caudal.

En otro paseo por apacibles espacios drone, «Phonophobia», vuelve a rescatarnos los momentos más lisergicos y adormecedores de TIMESTONE. Bellos e hipnotizantes momentos en los que la guitarra describe la belleza bajo la imperturbable mirada del bajo de Felix y la cadente batería de Thomas. un nuevo tema que vuelve a engordar su ritmo sobre misteriosos espacios de psicodelia elegante y perturbadora. Momentos en los que las notas de la guitarra enajenan nuestra mente sobre riffs que se transmutan al doom.

Densos pasajes cercanos al doom aparecen en «Abaddon». El sucesor de Lucifer aparece con cara amable envuelto en efectos psicodélicos que se suceden en el misterioso entorno en el que se describe en el tema. Una instrumentación fluctuante describe la transformación agrandándose y volviéndose más pesada. Alguna voz gutural pone la nota grandilocuente y terrorífica mientras la banda arremete con riffs de psicodelia pesada creando una oscuridad en su descenso a los abismos.   

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