FUZZY GRASS.- «1971»

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Un año ha pasado desde que los franceses nos sorprendieran con su EP en vivo en el que el fuzz rebosaba por los cuatro costados. Ahora, con su primer álbum, «1971», nos dejan claro que aquello no fue un espejismo, sino un punto de partida que culmina con este trabajo en el que a través de tonos vintage de blues y enérgica psicodelia, obtienen un resultado muy apetecible para los amantes de los viejos sonidos de los primeros setenta.

Jams caleidoscópicas sobre distintas capas sonoras en las que las sustancias alucinógenas están presentes en todos sus surcos.

¿Que podemos esperan de un álbum que se abre con tema llamado «Electric ayahuasca»?. Todo un viaje místico en el que extraños sonidos y efectos sobrevuelan el camino de una guitarra narcótica a modo de introducción de poco mas de minuto y medio.
A continuación, «The alone boy song», se construye sobre cenizas CREAM, pero aderezados por sustancias más ácidas que los británicos. Con un toque espiritual y más densos y oscuros, van transitando por pantanosos territorios donde los efluvios humeantes y aturdidores van generando un espacio de inconsciencia narcótica gracias a esa alteración psicotrópica.
Heavy-blues stonerizado con tintes retro es lo que nos ofrece «The faceless». Un alegre y poderoso ritmo, se va salpicando de poderosos solos de guitarra. Un viaje 45 años atrás en un tunel del tiempo a través de un tránsito lisérgico. Con momentos netamente heavy-psych con una desgarrada voz que no pierde la fuerza y la garra en ningún momento.

Tras los momentos de calma en los que la voz trata de seducirnos con una tenue instrumentación comandada por una poderosa batería, aparecen momentos que evocan a los mismísimos BLUE CHEER. Alaridos y una guitarra que se desangra en solos ácidos, hirientes, con un final en sonidos west-coast.

«The upside down» sigue el mismo camino. Ahora con más presencia blusera en sus notas, la acidez la salpican de momentos cercanos a CACTUS. A caballo entre éstos y BLUE CHEER, los inquebrantables ritmos de batería y bajo, la guitarra va serpenteando entre gritos y efectos que desatan una locura psicotrópica a la que la razón  no puede vencer. Un éxtasis liberador en el que la energía fluye en torrentes sonoros. Cabe destacar el vigor de una batería tocada a la vieja usanza sobre solos repletos de fuzz y efectos.

Si la banda gusta de los sonidos de los primeros setenta, en  «1971», no podía faltar la herencia hendrixiana. ésta hace acto de presencia en un tema como «Healed by fire».

Una bacanal de fuzz sobre una más que poderosa batería, que hace desprender y transmitir energía en cada una de sus notas. La estética retro sigue presente, pero a unas revoluciones sonoras inconmensurables. Fuzz, fuzz fuzz, y un ritmo diabólico logran hacer un corte de proporciones descomunales. fuerza y vigor en los que el bajo nos golpea con insistencia. Las voces se ecualizan generando ese espacio de enajenación que pretende la banda con toda su exuberancia sonora.

Tras la extenuación del tema anterior, parece que FUZZY GRASS nos ofrece un bálsamo en forma de tema con texturas COLOUR HAZE combinadas con blues-rock ácido. La sombra de BLUE CHEER sigue siendo alargada en «The winter haze» . Aquí parece que la banda duda en seguir el camino de los setenta o mostrarse más contemporáneos en su sonido. Lo  cierto, es que el tema tiene matices de ambos momentos. Los solos de guitarra, no son tan endiablados, pero el thc sigue estando muy presente en sus notas. La lucha entre en sonido de una batería que recuerda a Ginger Baker, y los ahogados momentos vocales nos trasladan décadas atrás, pero sin embargo, las estructuras de la guitarra nos ponen en el siglo XXI. por otro lado, encontramos calmados y tensos momentos en los que la voz trata de emular al Rey Lagarto en alguna de sus disertaciones. Matices, matices, y más matices seguimos encontrando en cada uno de los temas.

 Para terminar, el ritmo nítidamente retro, de «Shake your mind», nos devuelve a los primeros setenta. momentos Hendrix, que van evolucionando, intensificándose, y llenándose de efectos en una nueva orgía sónica. Un desenfreno lleno de garra y fuerza que bien podría definir el sonido de una banda que indudablemente gusta del fuzz, y lo reparte a diestro y siniestro. Si el trabajo de Clément Gaudry-Santiago a las baquetas es descomunal, el de Laura Ruiz , su guitarrista, no le anda a la zaga. Si a ellos unes el poderoso trabajo de bajo Thomas Hobeck, la fórmula es perfecta. y como colofón, una desgarrada voz que se desangra en cada articulación de las cuerdas vocales de Audric Faucheux.  Como resultado, tenemos un exuberante disco en el que la banda deja claro cuales son sus intenciones. Un disco que a buen seguro les aupará a festivales por la geografía europea este próximo año, y sino, al tiempo…..

  

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THE GRAND ACID.- «The grand acid»

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Un compacto trabajo nos ofrecen los berlineses THE GRAND ACID en su debut. Con potentes sonidos que nacen de ecos blues y psicodélicos sin renunciar a las melodías. Unas vigorosas jams sobre brumosos entornos vintage con origen setentero y alguna vibración progresiva. Si seguimos aquella máxima que usábamos décadas atrás de fijarnos en la portada del disco para intuir su contenido, en este caso, el arte de la misma puede reflejar a la perfección lo que encierran sus surcos, y, sin duda, aquí, aquella máxima se cumple.

Sobre tonos de hard setentero construyen «Yeast», un corte en el que el sonido del órgano toma un gran protagonismo. Sobre sus surcos revolotean ecos de Wishbone Ash en los que no faltan agradables momentos psico-progresivos sobre una espesa neblina grisacea.

Con un ritmo cadente, la banda va salpicando solos de guitarra  elevándose sobre la cadencia rítmica. sin estridencias, construyen un gran tema que nos invita a seguir indagando en el interior de este trabajo.

Más poderos y sobre una base retro-rock, «Thick as a brick» nos ofrece una visión distinta de su propuesta. Dinámicos riffs que se repiten, con una bateria y bajo insolentes, se van sucediendo los solos de guitarra en una espiral sónica que acaba convirtiéndose en una auténtica maraña de reberveraciones psicotrópicas y difusas. una complejidad ejecutada desde esquemas sencillos con la que alcanzan un tema tan espeso como su nombre.

La vitalidad hard-rock se presenta en «Neptune«, nuevamente sobre una densa instrumentación con sabor añejo, en la que se clavan desarrollos de guitarra ácida.  El viaje a momentos de esplendor del rock en sus primeros setenta está conseguida con brillantez, sin artificios innecesarios pero con la suficiente creatividad como para que el resultado sea muy apetecible.

Finos y elegantes acordes de guitarra coquetean con el blues en «Back at the wheel». Sobre un ambiente calmado que recuerda a algunos momentos lisérgicos de bandas como Ten Years After, se van sucediendo angelicales coros que transmiten una calidez y cercanía al oyente, haciéndose que nos sentamos inmersos en la composición como si fueramos una parte más de ella. Una masaje sutil que nos va acariciando poco a poco, atrayéndonos a su espacio de lisergia. Una profundidad entre el blues y la psicodelia no exenta de fuerza. 

Haciendo un pequeño giro, la banda se interna en espacios más arenosos sin olvidarse del blues en temas como «Bull». otro tema que bebe del néctar de los setenta para adaptarse con habilidad al siglo XXI. Un implacable ritmo de bajo y una posterior avanzadilla a territorios hostiles de heavy-psych en los que los momentos fuzz humeante van ondulando en un auténtico viaje psicotrópico. Ciertamente no estamos ante nada nuevo, pero la habilidad de la banda va más allá de ser una copia de nadie, lo que siempre es de agradecer. estamos antes sonidos que no nos resultan desconocidos, pero que difícilmente podríamos decir que sean un clon de nadie. 

Si la apuesta principal de THE GRAND ACID nace, como he comentado antes de los ecos de los setenta, en temas como «Lost», los ecos Hendrix son más que evidentes. Unos desarrollos de guitarra incisiva con mucho fuzz en sus cuerdas y una energía hard-rock bien transmitida por el groovy vocal de Friedrich Finkenwirth hacen el resto. siendo capaces de reprimir su furia y descienden a cavernas de calmada y humeante psicodelia en la que los acordes nos van narcotizando poco a poco con las resonancias blues llegando de la lejanía. Relax y calma que contrasta con el ímpetu inicial. Casi diez minutos con los que, si no lo habían hecho hasta ahora, el trio alemán te reclutará para su causa con momentos de una jam cannabinoide que aplacará tus sentidos con sus reverberaciones. En su parte final la batería de Stefan Kaiser arrrastra al bajo de Norman Sander mientras Friedrich se pierde en su interior con interminables solos propios del mismísimo Alvin Lee en un puro viaje psicotrópico.

El disco, acaba con un diabólico tema de hard-blues como es «Manta». un riffs que se va repitiendo hasta el infinito con una inquebrantable base rítmica en un frenesí implacable que acaba por dejarnos exhaustos. Una especie de stonerización de resonancias del pasado a toda velocidad que destrozará cervicales.

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FÖRR.- «Levande Krökbacken»

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Nuevo álbum de los suecos FÖRR, esta vez mostrándonos como se las gastan en directo. Seis temas que recogen la magia que ya nos habían mostrado en sus anteriores trabajos. Como tantas bandas suecas, parece que al nacer les dieron un biberón de sonidos setenteros en lugar de leche, lo cual es todo un placer para el resto de la humanidad. Blues, hard y algo de psicodelia se encuentran en tierras suecas para deleite del resto del planeta.

«Dödsdansen» nos seduce con una sutileza blues-soul a ritmo lento. La bella voz de su cantante Malin, va introduciéndonos en sólidos riffs. Blues en estado puro a golpe de acordes de guitarra y suaves ritmos.  Por momentos parece que la voz y los instrumentos van cada uno por su camino para acabar encontrándose en un punto en común. 

A través de nítidas lineas de bajo «Hata Denna Sång» con un ritmo cadente  se va manejando entre el blues y hard-rock que se encuentran en algún momento de la década de los setenta. Armado con sólidos riffs, la cadencia que nos ofrecen va atrapando al oyente, arrastrándonos hasta momentos en los que aparecen ramalazos psicodélicos, en los que la guitarra toma el protagonismo con unos brillantes y placenteros solos. Estamos ante un tema que tiene muchos matices en su interior y que sin darnos cuenta, va atrapándonos poco a poco en sus redes. El trabajo del bajo es digno de destacar, creando momentos narcóticos  llenos de belleza.

Sin mucha información al respecto de la banda , el  disco está grabado en el Festival  de Krökbacken 2018 en el que participaron parte de la flor y nata de la escena sueca, con bandas como Asteroid, Greenleaf, Lucifer, Abramis Brama, Snowy Dunes, etc…..  el pasado verano.

Con melodías llenas de bucolismo, y bajo tonos grises, «Stensotslunga», nos va susurrando, con una repetición de acordes que generan un sosiego placentero en el que la voz lleva todo el protagonismo.

Con mucha influencia del movimiento progg sueco, «Ingen gyanid», los sonidos retro de los setenta aparecen en un tema en el que el hard y el blues se fusionan. Una instrumentación limpia y cristalina generan un sólido tema con momentos fuzz dentro de un espectro luminoso.

Algo más denso, «Slukhål», transcurre por entornos psico-progresivos, recordando entornos boscosos de su Suecia natal, los fornidos riffs se complementan con registros vocales cercanos al blues, siempre evocando espacios naturales. Pegajoso pero fresco a su vez.

La intensidad sube en el último corte con un frenético ritmo de batería y una guitarra fornida en «Jag Tar Vad Jag Får». El sonido vintage está presente en uno de los temas más enérgicos de todo «LEVANDE KRÖKBACKEN» sin renunciar a una efectivo groovy con reparto de fuzz. el tema estba contenido en su primer trabajo «FÖRRSTA» y representa una de las esencias del retro-rock sueco.

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JUNIPER GRAVE.- «Of hellions & harridans»

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¿Te atreves a hacer un trato con poderes más allá de tu comprensión? Destilando influencias ocultistas, la alta sacerdotisa de la fatalidad, Jenni Sneddon maneja su voz entre humo y miel tejiendo historias del pasado y hechizando con sonidos de los setenta. Riffs melosos llenos de resina y un órgano retro que sigue el camino marcado por bandas como JEX THOTH. Todo un ritual en el que no faltan ecos blues en atmósferas melancólicas con una lírica llena de garra. Susurrantes y enérgicos a su vez, el peso de los registros vocales en la densa y cuidada instrumentación consigue placenteras escuchas de este artefacto sonoro que se completa con solventes desarrollos de guitarra hard-rock. Recomendable para los amantes de rock clásico con influencias sinfónicas.

El indudable peso de la voz queda evidenciado en «The Forest«. Con tintes líricos e incluso registro cercanos al cabaret, los noruegos ejecutan un corte de hard-rock que ciegan con vientos arenosos. Un tránsito que se acerca a postulados desérticos en el que los coros y un sonido de órgano retro en la lejanía completan un correcto tema.

Partiendo de mimbres sacados del rock clásico, JUNIPER GRAVE basan su sonido en ese órgano setentero que stonerizan sin olvidarse de tonos blues, especialmente en sus voces. Una dualidad que resulta efectiva. Así «A trick of the light» o «Daughter of the waves» con unas armonías bien construidas consiguen cortes vivos sin llegar a momentos de pesadez sonora.

Las atmósferas melancólicas son más evidentes en «Bridge beetween worlds». gracias a su órgano pastoral, inclunan su rock a laderas progresivas sin perder esa atmósfera bucólica.

El lado más oscuro se manifiesta en «Dance of the demon» o  en «Rest with your dead». Utilizando cánones psicodélicos generan misteriosas atmósferas en las que la tristeza rezuma y se siente. La voz se vuelve más lírica,. como su de una oda se tratara, tornándose a su vez hacia territorios más ocultistas. Hard psico-progresivo de origen setentero en los que los solos de guitarras van ondulando dando intensidad a la composición. voces duales y coros femeninos en los que la garra y la fuerza se derrocha como su no hubiera un mañana, modulándose en momentos verdaderamente intensos.

Si bien, en «Rest with the dead» los susurrantes acordes que surgen de las nebulosas se abren a espacios más luminosos y evolutivos en los que los sonidos de ése portentoso órgano retro tienen mucho más peso. Una vuelta a los momentos más brillantes del hard-progresivo de la década de los setenta en la que dichos sonidos tenían un importante peso en multitud de formaciones.

JUNIPER GRAVE lo componen Jenni (voz y órgano), Shonagh (guitarra y coros), Sarah (bajo y coros), y Jason (batería) acompañados por coros adicionales de  Jason, Eve, Victoria, Aimée 

El álbum se publica a través de Wasted State Records

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WHITE COVEN.- «Overseas»

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Entre tantos y tantos discos que uno descubre prácticamente a diario, a veces te encuentras con grandes sorpresas que hacen que todo el trabajo empleado en esto merezca la pena. Ese no el caso de los zaragozanos WHITE COVEN y su último disco «OVERSEAS».

Aquí tenía muchas esperanzas puestas desde que publicaron su DEMO en 2.015, y esas esperanzas no se han visto defraudadas.  Demasiado tiempo ha pasado, pero la espera ha merecido completamente la pena. Ya solo viendo esa maravillosa portada evocadora tantas otras portadas de bandas que vivieron del verano del amor, el envoltorio es todo un presagio del contenido.

Publicado por Surnia Records, “OVERSEAS” es un versátil disco que parte del rock clásico de siempre, teniendo en WHITE COVEN una esperanza de continuidad.

Demostrando que no  son necesarios los artificios para construir un gran álbum. Basta con hacerlo con honestidad y maestría, desde la sencillez, y dejando que todo fluya, el resultado es un disco lleno de frescura.

Un flujo que navega desde el hard-rock de tintes retro, el blues, la psicodelia, el rock sureño, los sonidos progresivos, y hasta alguna incursión en territorios latinos tal y como los transitaba Santana.

«Woman» se desarrolla por estructuras de blues-rock y hard setentero, en las que se incrustan con sutileza algún riffs sureño, así como aromas de sonidos west-coast. El resto lo pone el pegadizo estribillo, y ese órgano subyacente de Josete.

Las voces de Sara tienen una especial importancia en gran parte de unos temas retroceden en el tiempo a reverberaciones de los grandes dinosaurios del rock setentero; todo un pilar en la banda. En “Brief old tale” los riffs retros, en los que los efectos fuzz destacan sobre un tema en el que las guitarras se desdoblan en solventes solos y una voz que transmite fuerza de blues y soul. Modulando con maestría esos registros el resultado es un ondulante corte que no permitirá que tus extremidades permanezcan en reposo.

WHITE COVEN no escapan a las incursiones en terrenos de rock progresivo como queda de manifiesto en «Moonroom». La dulzura vocal da paso a calmados pasajes en los que el bucolismo y las fragancias florales campestres se exploran en medios tiempos con unos notables registros de guitarra. El lado más aterciopelado de la banda se manifiesta en este tema.

Cuando al principio hablaba de la versatilidad, «Farewell», podría ser uno de los ejemplos que confirman mi afirmación. El country-rock sobre acústicos acordes rebosa en un tema grabado en vivo con un ambiente con sombreros vaqueros y botas camperas. Los teclados y la guitarra eléctrica lo convierten en más sureño, alejándose de los estándares del country.

Si existe un instrumento que hace que un tema toma matices vintage, ese es el órgano. Sobre ese lienzo, «The razorback» con ausencia de voces, la banda construye otro corte dinámico en el que la milimétrica batería y la dualidad de guitarra y órgano nos acerca a territorios dominados por Deep Purple hace décadas.

Nuevamente aparece el blues y mucho soul “Your time is over”. En esta ocasión, añadiendo unos coros góspel, el órgano y ritmos en vena Santana, con matices de blues de hard rock, WHITE COVEN construyen un corte con evidente acento latin-rock.

Las calmadas atmósferas descritas por los desarrollos de hard psico-progresivo de «Sedative», son aderezadas con sustancias psicodelicas y una voz que ahora se acerca a los registros blues-soul de Maggie Bell, o Janis Joplin, derrochando magia y misterio. Una inquietud que es contrarrestada por la voz, tornándose dulce. el órgano en segundo plano colorea de ocre el tema entre riffs ácidos de guitarra. Unos pasajes que ondulan en espacios en los que la oscuridad aparente es neutralizada con bellas melodías sin faltar a la fuerza y garra de su vocalista.

El heavy-blues, y el hard rock más tenso se funden en «Coven». Garra y fuerza en los momentos más densos y pesados de «OVERSEAS». Nuevamente los solos ácidos recrean un aquelarre de tono ocultista, sobre ritmos arenosos.

Suaves acordes de psicodelia susurrante encontramos en «Overseas», el tema que da título al disco. donde la calma y el sosiego se transmutan a espacios sinfónicos.

WHITE COVEN son: Sara Lapiedra (voces) Mario Gutierrez (guitarra rítmica y solista) Juan Cervera (guitarra rítmica y solista, voces de acompañamiento) R. David Bueicheku (guitarra rítmica y solista, coros y voces) Carlos Viejo (bajo) Daniel Penón (batería y percusión) y Josete Meléndez (órgano, teclados, piano)

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