COLOR HAZE
GRAJO
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El pasado miércoles 16 de mayo la banda israelita OUZO BAZOOKA nos deleitaron en El Perro de la Parte de Atrás del Coche, con su particular visión de las 1.001 noches.
Organizado por Octopussies, y acompañados por TOUR JETS, que eran los encargados de abrir la velada.

Ante una escasa concurrencia en el momento en el que comenzaron su show. Con una apuesta musical en la que distintos ritmos y sonidos tienen cabida. Fusionando el pop, el funk, el rock así como ritmos orientales, incluso tropicales. Todo ello envuelto en un manto de psicodelia. Cinco músicos sobre el pequeño escenario del Perro consiguiendo que la sala fuera subiendo su temperatura.
En una actuación en la que poco a poco la banda se le notaba más a gusto, iban ejecutando temas en los que los sonidos electrónicos tenían un cierto protagonismo. Con su cantante susurrandonos alguna de las canciones, llenaban de fragancias pop con las que jugaban y le daban formas lisérgicas. Una experimentación sonora que les hacía ejecutar un tema con ritmos de bossa. 
Lo cierto es que fue todo un acierto por la organización traernos a TOUR JETS , recientes ganadores del concurso «Mad Good Talent» entre el millar de participantes.
A continuación era el turno de OUZO BAZOOKA, y como suele pasar en muchos conciertos en los que recibimos a una banda foránea, la sala iba acogiendo cada vez a mas personal, hasta llegar a un punto en el que el ambiente era el idóneo para disfrutar de las delicias orientales que nos esperaban. 
Abriendo su show con «Nile Fever», sin los sonidos del órgano en esta ocasión, la banda israelita nos trasladó a oriente. Esa ausencia no fue ningún obstáculo para ir entrando en materia. A continuación temas de sus anteriores trabajos como «Ride with me» y «Shell», en los que la fusión de elementos árabes se mezclaba con la psicodelia más sugerente y aromática. Llegaba el momento para interpretar el tema que da título a su último trabajo, «1.001 nights». En el que las danzas orientales se mezclaban con sonidos retro con gran eficacia y gran acogimiento por los presentes. Ya todos estábamos impregnados con esos aromas que llegan desde lejanas tierras.
Con Uri, su guitarrista y cantante llevando la batuta y ofreciéndonos interesantes desarrollos instrumentales, custodiado por esa exótica bailarina hacían las delicias de la audiencia. Retomando temas de su disco debut, los sonidos más setenteros se apoderaban del escenario del Perro.
Todo un ir y venir de oriente a occidente a través de ritmos y acordes procedentes de los distintos parajes.
Con una gran simpatía y dirigiéndose a la audiencia con algunas frases en español , Uri incitaba a los asistentes a bailar al ritmo de la música de OUZO BAZOOKA.

La puesta en escena de la banda, todos descalzos, ataviados con chilabas y túnicas arábigas, (de particular belleza la túnica roja de Uri) los sensuales bailes generaban un contagio a los presentes de el buen rollo que destilaba la banda interpretando sus temas, con especial mención para «Sherezade’s dance», en el que el protagonismo fue para su danzarina. l
Ocupando el centro del escenario y en la penumbra de unos focos que solo hacían vislumbrar su silueta, los contoneos de su cuerpo al ritmo de la música hizo que el show tuviera un matiz distinto al de otros conciertos de rock, lo cual es refrescante y muy de agradecer.

Varios temas más en los que la psicodelia tomaba el protagonismo, hasta el momento en el que Uri, decide, saltar del escenario y juntarse con el público , que no dudó en auparle mientras el tocaba su guitarra, en brazos del personal en un vuelo sobre sus cabezas. Apoteósico.

Poco más nos quedaba, lo cierto es que todos nos fuimos de la sala con un gratísimo sabor de boca.
Esta fue la historia de las mil y una noches sobre una de las cuevas de la capital, gracias a la apuesta de la promotora Octopussies a la que agradecemos sus facilidades a DenpaFuzz para contaros lo allí acontecido.
https://www.facebook.com/TourJets/
https://www.facebook.com/ouzobazookarocks
https://www.facebook.com/OctopusProd/
Muchas ganas teníamos de volver a ver en la capital a los japoneses MINAMI DEUSTCH tras haber podido comprobar todo su potencial el pasado mes de octubre en el show que dieron en El Perro de la Parte de Atrás del Coche del que salimos plenamente satisfechos.
No dejamos pasar la ocasión que nos brindaba la promotora Giradiscos, y allí nos plantamos en la Sala Moby Dick con unas altas expectativas de que íbamos a disfrutar de gran noche.
Abrian la velada el duo murciano ESPIRICOM. Procedentes de las cenizas humeantes de SCHWARZ, Alfonso Alfonso y Fran del Valle, nos iban a presentar alguno de los temas que formarán parte de su primer disco, que verá la luz a finales de año.
En la penumbra de un escenario humeante, el dúo comenzaba su actuación con la parte más electrónica de su repertorio. Batería y samplers salidos del ordenador y una guitarra llena de efectos inundaban una sala con menos de la mitad de su aforo.
ESPIRICOM fueron mostrando sus sonidos de psicodelia experimental que por momentos coqueteaba con ecos kraut. Hipnóticos por momentos, el poderoso sonido que salía del escenario invadía el entorno. Una arriesgada apuesta musical en la que fueron de menos a mas. Con momentos en los que una especie de theremin (en la penumbra no tuve oportunidad de asegurarme de se trataba exactamente) jugaban con efectos de guitarra, batería contundente y samplers.

A continuación los chicos de los ojos rasgados ocupaban el escenario con gran sigilo. Probando y asegurándose de que sus instrumentos estaban calibrados como ellos desean, arrancaron bajo unos focos que apuntaban a la audiencia y que hacían dificultosa la vista de los asistentes sobre los músicos.
Afianzados en el sonido kraut y con su último trabajo recientemente publicado, empezaban a desgranarlo sobre el escenario con gran efectividad. Las guitarras de Kyotaro Mula y de Take Idemoto se ponían a funcionar, sobre base rítmica con el bajo contundente de Keita Ise, y un invitado a la batería que me tuvo intrigado desde que nos saludamos en la previa del concierto y que hasta el final del show me memoria no me respondió como debiera. El mismísimo Go Kurosawa, batería de KIKAGAKU MOJO era ese simpático muchacho que me dirigió una sonrisa cómplice al encontrarnos y que no fui capaz de reconocer en un principio a pesar de haber compartido con él y sus compañeros, gratos momentos el pasado verano en el Sonicblast. Y como comenté, es que, los japoneses son todos iguales (…)
Si en la anterior ocasión que vi a la banda su batería cumplía a la perfección su papel hay que decir, que el pasado jueves el trabajo de Go a la batería fue de diez. Con escuadra y cartabón trazó durante toda la noche unos golpes milimétricos sobre los parches de su batería. Le experiencia de ver la combinación efectiva de los sonidos psicodélicos de los que gusta la banda japonesa con el hipnotismo kraut, heredero de las grandes bandas alemanas de principio de los setenta es un lujo para los sentidos.
Abrían su actuación con su vertiente más psicodelica y pausada. La cálida y dulce voz de Kyotaro apaciguaba los ímpetus rítmicos de la banda, dotando al sonido de gran dulzura. «Tangled Yarn» sonaba con una sutileza lisérgica placentera. Los susurros eran acariados por acordes de orientación oriental llenando el ambiente de fragancias musicales muy emotivas. Los solos de guitarras con efectos se iban relevando con gran compenetración describiendo un jardín del edén lleno de colorido.
Tras veinte minutos de sosiego psicodélico empezaban a orientarse hacia sonidos más hipnóticos entre los que intercalaban finos punteos de guitarra. En la parte central del show los japoneses daban rienda suelta a la experimentación, con multitud de efectos y pedales que explotaban hasta el infinito.
El sonido de la banda fue impecable durante todo su concierto y la banda consiguió meterse al público en el bolsillo. No había nada mas que ver como las cabezas y pies de la concurrencia se balanceaban al son de los ritmos hipnóticos que salían desde el escenario. 
Es como un sello de identidad de las formaciones japonesas, el que sus miembros ejecuten los instrumentos con gran precisión. Si bien, supongo que por su carácter oriental no son muy dados a interactuar con el público la destreza que ejercen es digna de admiración. En este caso, cabe destacar el trabajo de Go a la batería. Teniendo en cuenta que no estaba tocando con su banda, no creo que nadie pudiera percibir ni un solo fallo en su gestión. Como si estuviéramos ante un robot de una cadena de montaje, sus golpes sobre la batería eran siempre certeros e incesantes. La creatividad de Kyotaro, tanto a la guitarra como a las voces; generando la atmósfera perfecta en cada uno de los temas. Todo ello, dando rienda suelta a una improvisación controlada.
Desde DenpaFuzz, queremos agradecer a la promotora Giradiscos las facilidades dadas para poder contaros lo acontecido en la Sala Moby Dick.