Reseña: BONGZILLA.- ‘Weedsconsin’

Tras 16 años de letargo desde su último álbum el monstruo del sludge-weed, ¡LA BESTIA HA DESPERTADO!!! El ‘Cannabeast’ está aquí con su nuevo álbum ‘WEEDCONSIN’ para mostrar al mundo toda su fuerza. La fecha elegida para el regreso por BONGZILLA, no está escogida al azar, es hoy, 20 de abril (04/20) una fecha marcada en el calendario para los consumidores de marihuana. La leyenda del 04/20 nacía a primeros de los 70’s cuando aquellos cinco estudiantes californianos se reunían a esa hora para buscar el cultivo de marihuana señalado en un mapa encontrado. Desde entonces, se ha convertido en una fecha clave para los consumidores de marihuana, y si hay alguna banda que defina esto, ellos son BONGZILLA. La banda parece haber plantado sus semillas de marihuana en alguna caverna infecta de la que asoman sus guturales voces entre espeso humo cannabico. Para alguien que no es amante de las voces guturales como yo, es todo un reto adentrarse en un álbum de estas características, pero este obstáculo lo suplen con sus dosis de humante psicodelia pesada. El álbum escrito por los tres miembros originales de BONZILLA: Muleboy (bajo, voz), Spanky (guitarra) y Magma (batería).  Sus seis pistas te dejarán boquiabierto con sus contaminantes sonidos impregnados en tetrahidrocannabinol. Stoner-doom, momentos sludge y narcóticos pasajes heavy-psych. Su pesadez produce un efecto expansivo en la mente del oyente, tonos sónicos que muestran a la banda en una manera diferente, pero igualmente atronadora. El resultado es un álbum pesado, lento pero penetrante y viscoso. Grabado y mezclado por el difunto John Hopkins en Future Apple Tree Studios en Rock Island, Illinois en octubre de 2020. El álbum está masterizado por Carl Saff en Saff Mastering en Chicago, Illinois, y Eli Quinn (Madison, Wisconsin) es el artista detrás de la asombrosa nueva portada. ‘WEEDSCONSIN‘ está disponible vía Heavy Pysch sounds. Sus particulares rocas lunares lunares (cogollos de cannabis bañados en aceite y enrollados en kief) harán que pases cuarenta minutos de aletargante ‘viaje’ al mundo de la marihuana.

‘Sundae river’ abre el álbum con parsimoniosos riffs creando una atmósfera densa. Los ecos sludge se complementan con altas dosis de psicodelia pesada sustentados en un riff que se repite. El tema se desarrolla sobre esos espesos pasajes con solos de guitarra que consiguen atraer la atención del oyente quedando de lado su plomizo base rítmica.

El siguiente tema ‘Free the weed’ se sumerge en un espacio doom. Parsimonioso, cadente, plomizo, el tema avanza lentamente sacando toda la mugre sonora que la banda tiene en sus entrañas. Terroríficas voces mas propias de un ser nacido en el averno nos aterrorizan entre fuertes andanadas de fuzz. Su cadencia contagiosa nos lleva a ese inframundo en el que habita la bestia. Su grueso sonido con esa portentosa línea de bajo y esos tambores ruidosos se salpica de momentos lisérgicos que casi se inclinan por laderas progresivas en los desarrollos de guitarra antes de resurgir como Ave Fénix para retomar la senda doom.

‘Space rock’ nos ofrece los momentos más psicodélicos del álbum. Como si la bestia dormitara el tema camina lento pero seguro por una senda psicodélica. Diez minutos de humeantes sonidos asediados por poderosos riffs guardando una armonía contenida. El tema mantiene una cierta épica mientras se modula haciendo que sus riffs serpenteen con armonías pegadizas. No falta a su cita esa terrorífica voz que parece salir de algún inframundo infecto. Afortunadamente solo lo hace puntualmente, porque en mi opinión sería completamente prescindible. Es cierto, que forma parte de la esencia de la banda, pero, en cualquier caso, en esta ocasión soy capaz de soportarla. Evolucionando a un sonido más grueso el corte abandona de alguna manera el escenario psicotrópico, para ofrecer un sonido espeso, denso, pegajoso que forma parte de su ADN. En la parte final la canción recupera la senda psicodélica, con finos acordes de guitarra mientras no tambores no cesan en su particular batalla rítmica. El corte eclosiona en un final apoteósico y contundente.

Con un interludio lisérgico de medio minuto, ‘The weeater’ da paso al tema más largo del álbum,’Earth bong/smoked/ mad bags’. Una susurrante introducción por un espacio cósmico lleno de magnetismo avanza lentamente en la exploración heavy-psych de BONGZILLA. Casi cuatro minutos para retomar la senda Stoner-sludge de la banda. Voces crudas y riffs pesados caminan dejando un rastro de destrucción a su paso. El trabajo del bajo brilla con luz propia marcando los tiempos del tema con gran destreza. Con un tono casi bélico los ramalazos de su sonido viscoso aparecen entre las embestidas sónicas de la banda. El paseo por las cavidades humeantes se desarrolla con desarrollos de guitarra comedidos. La bestia descansa para dejar paso a los vapores cannábicos antes de proseguir su camino con mas fuerza. La parte final del tema se deja llevar por los dictados del doom pateando con fuerza en andanadas de rabia que muestran todo el poder de una bestia que dormita, pero que cuando despierta golpea con toda su fuerza.

‘Gummiens’ transita por la senda Stoner-doom, con su denso sonido. Lento, cadente y plomizo, el tema nos empapa de thc entre sus fornidos riffs. Desarrollándose con un sonido repetitivo no nos ofrece muchas alternativas resultando por momentos algo monótono en su discurso narcótico. Ahí, precisamente puede residir su encanto; esa espiral que golpea una y otra ve hasta dejarnos exhaustos.

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