Reseña: TOMBSTONE EYES.- «Land in the sky»

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Rock psicodélico de aspecto freak y vibraciones heavy progresivas son los componentes principales del debut de TOMBSTONE EYES. Todo un plato gourmet para los amantes de las vibraciones de los setenta, pero que también gustan de los sonidos contemporáneos. Sin mucha información de la banda, lo que si percibo es un innato interés por las resonancias más freak de finales de los sesenta y los primeros setenta. Un órgano penetrante comanda los laberintos heavy-psych en los que nos introducen cada tema. Una herencia Atomic Rooster, con sutiles aditivos Blue Oyster Cult y una voz  perspicaz, que recuerda a Arthur Brown, así como la acidez de una guitarra afilada e incisiva construyen  temas extraños pero efectivos. Un magnetismo hipnótico que va minando nuestros sentidos y nos hace sumergir en esas logradas atmósferas vintage construidas en cada canción. Con el blues en sus genes apareciendo con sutileza en algunas notas y registros, el hard rock retro de vocación progresiva construyen éste debut en el que encontramos temas desiguales pero efectivos. Desde la paranoia de alguno de sus  temas,  más cortos, hasta los largos pasajes en los que la banda deja reflejo de todo su potencial. «LAND IN THE SKY» es un álbum que permite que cada uno de nosotros encontremos influencias de lo mas dispares en sus surcos, y precisamente ahí reside su grandeza. La capacidad de crear con la mirada puesta en el siglo pasado, y ser capaces de reírse de si mismos para ejecutar los temas de una manera aparentemente anárquica, dando pábulo a distintos estados de ánimo.

El profundo sonido del órgano hace de introducción en el minuto y medio de «Hydrogen fog». Tras él las hostilidades se desatan con los dieciséis minutos de «Solar Barge». Una marmita en la los psicotrópicos solos de guitarra conviven con un la contundencia de una base rítmica precisa. Aderezados con ese clásico sonido del órgano retro, las voces ecualizadas generan el ambiente lisérgico en el el que se desarrolla el tema. Un magnetismo envuelto en efectos corrosivos. El sonido más ácido de los setenta se desata con virulencia en un hipnótico tema con unos sólidos cimientos. Un gran trabajo de guitarra que serpentea y se estira hasta el infinito en unos magnéticos solos que se clavan en nuestra alma.  Aturdidores espacios de psicodelia pesada que son auténticos ecos de las vibraciones más narcóticas del pasado siglo. Esto suena a setenta sin remisión. Estamos ante un tema en el que los músicos de Chicago se dejan llevar en una bacanal de solos y efectos a modo de jam que acaba siendo ensamblada con total naturalidad.  Un caleidoscopio sonoro que ataca nuestras neuronas activando las partes mas aletargadas de nuestro cerebro. Tras la locura, un bajo que golpea como una maza en su yunque, en su pesado caminar. ritmo cadente y espacios cercanos al doom, entre efectos y efectos en un giro inesperado en la trama ácida propuesta por el cuarteto. La locura regresa en la parte final con riffs retro que se repiten mientras las cuerdas del bajo siguen siendo violentadas de una manera feroz. Tras esta embestida, cualquier cosa puede suceder. 

El órgano litúrgico de «Precession of The Sun» toma prestados elementos de John Lord o Vincent Crane para invitarnos a un viaje por las tinieblas. Primitivas resonancias guiadas por la magnética voz, bajo un repetitivo ritmo que ataca nuestras neuronas.   Un corte que camina cansino que deja espacio para el lucimiento de su poderoso bajista entre un aura auténticamente vintage. 

Con ecos proto-metal «Hungry ghost» imprime ritmos contagiosos y enigmáticos en atmósferas freak mas propias de otras décadas.  Un tema oscuro pero de ritmo contagioso y magnético. 

«Black knight satellite» entre espirales de teclados y sintetizadores regla efectos de vocación espacial. extrañas locuciones y elementos electrónicos anticipan una nueva embestida de riffs psicotrópicos en una nueva bacanal ácida. Una locura oscilante y extraña que no resulta desagradable a pesar de su compleja estructura de ciencia ficción. 

Otro tema de larga duración como «Walking shadows» recupera brillantes momentos de psicodelia progresiva en los que el saxo hace acto de presencia con un brillante protagonismo. Algunos momentos más propios del heavy-progresivo se entremezclan con pasajes hard-rock audaz. Los momentos freak vuelven a hacer acto de presencia en esa estructura vintage que está presenta en todo el álbum. Resulta curioso que conteniendo momentos tan bizarros, todo sea conjugado con la maestría con la que lo hacen los de Chicago.  

El cierre del álbum corresponde a otro escueto tema de menos de dos minutos. «Shadow’s rest» es una ida de cabeza en la que el dial se mueve, entre pasajes sinfónicos más propios de la música clásica. Siempre me resulta difícil entender este tipo de cortes y su significado, pero ahí están. 

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Reseña: AYAHUASCA.- «Naad»

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Nacidos en 2017, el quinteto de italiano AYAHUASCA  publica su primer álbum «NAAD». Evidentemente tanto el nombre de la banda como el título del álbum están llenos de simbolismo que nos sugiere cual puede ser su contenido. Por un lado, ¿Que se puede esperar de una formación que lleva el nombre del la bebida de los chamanes amazónicos? Ayahuasca es una palabra de origen quechua que une las palabras «cadáver, muerto»‘, con «liana, soga», es decir «liana de los muertos»‘, imagen que representa la conexión entre el mundo de los vivos y el de los espíritus, algo que los italianos tratan de transmitir con su música.  Los chamanes dicen que cuando se toma ayahuasca se amplifican todos las percepciones sensoriales, y los diez temas de «NAAD» consiguen con destreza que su música nos eleve a estados sensoriales mas allá de nuestro cuerpo. Naad simboliza la capacidad de escuchar nuestras emociones; cuando viaja a las profundidades más remotas de un océano primordial donde esas emociones toman vida, convirtiéndose en criaturas que dan forma y voz a los sentimientos. Con esta simbología sus diez temas transitan la psicodelia de finales de los sesenta, los sonidos west-coast y el asentamiento del rock en los setenta. No deberíamos calificar el álbum como «retro», ya que su música no nace con espíritu de homenajear nada, sino que fluye con naturalidad desde su concepción con esa propia identidad. Con una fuerte influencia de Grace Slick, Domiziana Pritchard nos seduce con su aterciopelada voz entre vibraciones vintage, en algún punto de encuentro entre Jefferson Airplane y The Doors bajo un aura de misticismo mágico.  Estamos ante toda una gema de álbum que despertará nuestros sentidos llevándonos un mundo irreal de sensaciones. Uno de esos trabajos con las piezas bien encajadas y que para su buen disfrute uno debe dejarse llevar por las emociones que te provoca, que a buen seguro serán muchas.

Una introducción de algo menos de tres minutos («Intro»), nos inicia en el arte chamánico de los sentidos. Magnéticos pasajes de psicodelia atractiva nos seducen y nos preparan para el ritual que nos espera.

«Vicious mothers» nos traslada un hipnotismo en tonos vintage que nos aporta el órgano bajo acarameladas y seductoras voces, a la postre uno de los tesoros de la banda. Haciendo un viaje en el tiempo a la California más florida de finales de los sesenta, la sencillez del tema es suplida por la magia que consigue transmitir. La dualidad femenina de las voces y los pausados y cadentes acordes de vocación retro, nos hacen ponernos las campanas y los chalecos y llenar nuestro cabello de flores. Para completar el plato, los solo ácidos salpican un tema que se fortalece según avanza. Wah wah tocado con sutileza entre coros angelicales recrean una estampa llena de bucolismo.

Sumergidos en esa marmita psicodélica, «Masses», con un aspecto algo más pop, persiste en ese estado de floridas atmósferas lisérgicas. Un bálsamo para los sentidos que nos seduce con amabilidad, desde el sosiego. Una calma que no dudan en elevar por espacios más rock. Una mutación natural que se efectúa sin estridencias. La riqueza de cada tema se aprecia en la multitud de estados de ánimo que aporta cada uno con sus atmósferas cambiantes, sin perder la referencia de lo que quieren. 

«Before death» bajo acordes más hipnóticos y oscuros, toma forma de ritual chamánico  a través de los sintetizadores que sirven de cielo al wah wah de la guitarra. Un psicotrópico tema que va tomando formas caleidoscópicas, esta vez sin voces.   

Con una cierta herencia doorsiana, la oscuridad latente de «I wanna fall» me recuerda inevitablemente ciertos pasajes que ya nos regalara década atrás Jim Morrison. Un bosque lleno de psilocibina que se abre paso a través de extraños pasajes acelerados de órgano de tonos ocres. Una intensa lucha entre el sonido del órgano y sintetizadores con la guitarra entrentada.

«Inner spac nos traslada a un estado sensorial en el que la mente se aleja de nuestro cuerpo con el hechizo de las celestiales voces. Nuevamente el órgano sonando como Ray Manzarek lo hacía, y la colección de registros vocales muy en línea West-coast, va cocinando el tema a fuego lento. Aquí las vibraciones retro se palpan en cada acorde acercándose por momentos a postulados stoner. 

Tambores tribales y ritmos funky nos aporta la dinámica  «Before life» en su escaso minuto en el que sirve de soporte al lucimiento del wah wah de la guitarra.  

Ahora por la senda de una liturgia garagera, «The black one» se viste de color entre ritmos vivaces un profundo órgano alegres guitarras primitivas y sencillas. Los coros aportan como siempre su grano de arena para que la construcción no se resienta en ningún momento. 

Los ecos del verano del amor aparecen de nuevo en  «Underwater», un tema que vive entre brumas humeantes sobre su estructura de hard rock en otro fogonazo que se apaga con rapidez.

«The Seer & The Queen», el tema que cierra el álbum y el de mayor duración, se deja llevar por los efluvios doorsianos de ese órgano penetrante.

AYAHUASCA está compuesto por Domiziana Pritchard (voz), Becky Sahira (sintetizador y coros), Mek Spazio (guitarra y coros), Andrea De Dominicis (bajo) y Matteo Orzi (batería). «NAAD» está disponible vía Salty Dog Records.

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Reseña: TARABAN.- «“How The East Was Lost” 

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Cuatro años y medio han pasado desde los polacos TARABAN me sorprendieran con su EP homónimo con su fuerza heavy-blues y proto-metal. Ahora, reconvertido en trío la banda se inclina más hacia escenarios heavy-psych con su álbum «HOW THE EAST WAS LOST«. Su nombre (extraido de un tambor de guerra ucraniano) nos da pistas de que estamos ante una formación rocosa y guerrera, que en esta ocasión combina largos temas con cortes más directos bajo un denominador común, la psicodelia mas atractiva que los puristas pueden encontrar. Esto no significa que estos chicos no se hayan trabajando este album, sino todo lo contrario. Si bien los escenarios heavy-psych parecen ser su leif-motiv, las primeras vibraciones proto-metal y el blues más ácido están muy presentes. Cuidadas melodias combinadas con sólidos pasajes en los que el ritmo no decrece en esa exploración expansiva de su música. otra muestra más de la solidez de la escena polaca que no deja de darnos alegrias con bandas y albumes como este. Pesados, pero cuidando cada tema sin perder un ápice de autenticidad, lo cual, teniendo en cuenta la cantidad de propuestas faltas de originalidad, es todo un regalo. Un soplo de aire fresco a una escena que da ciertas muestras de estancamiento, pero TARABAN nos hacen seguir creyendo en la creatividad lo que supone un empujón y una motivación para seguir disfrutando de la música que nos gusta. Psicodelia de muchos kilates  con afilados riffs penetrantes, voces agudas llenas de garra que mutan a una calidez reconfortante para los sentidos en siete cautivadores temas. Estamos ante uno de esos álbumes para disfrutar desde la calma del sofá con una buena copa de vino de nuestras manos. Todo un plato gourmet para los paladares mas esquisitos de la psicodelia pesada.  

Los pausados acordes de la introducción de «Last laugh» así como el grito y las ritas iniciales nos introducen en un misterioso entorno con una cierta querencia Sabbath que se diluye elevándose por escenario nitidamente heavy-psych sin perder esa herencia sabbathica. oscuros espacios sonoros en los que la hechizante voz pseudo blues de Daniel Suder, nos seduce entre ondulantes riffs. Sólidos y lisérgicos, el uso de efectos nos va llevando a distintos escenarios y estados de ánimo. Bajando a cavernas psico-progresivas mas propias de las bandas británicas de los primeros setentas. Un aroma en el que los tonos acústicos embriagan los psicotrópicos momentos que consiguen crear los polacos.  Pasajes retro, con relajantes momentos con sutiles acordes de guitarra y un magnético bajo. Una sucesión de subidas y bajadas de intensidad que culmina en una espiral de efectos y solos con una melodía repetida que acaba por abducirnos en su parte final. Un tema de once minutos llenos de épica  con un resultado simplemente ¡¡¡brutal!!

El heavy blues y la psicodelia pesada se conjugan en «Backseat driver». Voces llenas de garra y sentimiento que consiguen transmitir bajo cadentes pasajes en los que el blues parece tomar el protagonismo. todo un espejismo que se resuelve con un torrente de riffs proto-metal. Una combinación de dinamismo y fuerza que se precipita como una estampida de búfalos bien guiada. Una estampida que no concluye en un caos, sino que aparece perfectamente controlada por una guitarra ácida que impide que se despeñe por el precipicio con sus solos lisérgicos. Una vez puesto el freno, el rebaño sonoro del tema reposa en apacibles prados en los que los tonos Sabbath colorean con sutiles pinceladas un corte que definitivamente sucumbe ante el blues y la psicodelia. Versátiles y efectivos resuelven a la perfección un tema que parecía haber encabritado. 

«The plague» parte de plácidos acordes psych con un cierto misticismo como preludio de una fornida linea de bajo. Sobre esta sólida base, la cutivadora voz se abre paso entre espesas neblinas en las que las guitarras ácidas se blanden. En una nueva mutación los registros vocales evolucionan a momentos llenos de garra proto-metal. Un contundente bajo y una diabólica base rítmica soportan esa evolución ondulante que acaba diluyendose a mágicos pasajes en los que una magnética calma se diluye pausadamente.

Instalados en esas atmósferas psicodelicas, «21st century deluge» se desarrolla entre reconfortantes brumas bajo reparadores pasajes de de guitarra duales envueltas en la neblina.  Aquí encontramos los momentos más sosegados del álbum en un tema que parece ser una especie de interludio instrumental.

El album se va construyendo con temas con una combinación de temas de larga duración en los que los polacos desarrollan todo su potencial y cortes más cortos y directos.  Así «White lies» nos trae melodías psicodélicas más propias de los primeros setenta, con agudas voces que se elevan desde la melancólica calma. El sosiego no significa fragilidad, y la potente batería no ceja en su empeño y virulencia en ese ambiente triste. Una contención que genera un viaje místico en tonos vintage, un transito sin estridencias con pasajes fuzz con guitarras afiladas. Voces duales replicándose y cambios de ritmo, wah wah entre nebulosas psicotrópicas llenas de una épica oscura que pule un tema narcótico y aturdidor.

Retomando el heavy-blues de su EP debut, «Wizard’s man», con la sombra de Sabbath en el horizonte, ondula explendoroso entre espacios proto-metal y ese blues psych en el que los efectos fuzz y wah wah conviven en dos planos distintos con un resultado brillante. Blues psicodelia y proto-metal unidos en una causa común bajo efectivos tonos retro en otra de las joyas de este gran ábum.

Cerrando el círculo, los nueve minutos de «Liberty frat» recuperan el misterio a través de pasajes de psicodelia susurrante en la que los elementos progresivos están presentes. La ruta de vuelta  a las bellas melodías bluseras llenas de calmada magia. Un sonido limpio y reconfortante nos masajea en cada acorde. Alejados de estereotipos el trio se desmarca de todos esos trabajos que parecen cortados por el mismo patrón. Coros ensoñadores aderezan la vocación mística y oscura que la banda parece mostrar en este trabajo que supone todo un regalo para los amantes del género.

 

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Reseña.- THOSE FURIOUS FLAMES.- «Heart»

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La banda Suiza con quince años de carrera a sus espaldas nos ofrece su quinto álbum «HEART». Instalados en el rock clásico, el hard-rock, la psicodelia y el blues rock, ocupan y utilizan todos los estilos que reinaron en la década de los setenta para conseguir un sólido álbum. Siete atractivos temas con guitarras solventes, y una poderosa base rítmica que se ven marcados por el hipnótico órgano vintage que los envuelve. Frescura atrayente y una cadencia psicodélica en una personal apuesta que no solo es un viaje en el tiempo , sino que vive en la modernidad del siglo XXI. Poco conocidos por estos lares, este trabajo es una buena oportunidad para descubrir a una interesante banda que sorprenderá a mas de uno. Sonidos que resultan familiares y que contienen una fuerza sobrenatural en sus sus surcos.

«Children of the moon», parte con un groovy rural en el que el blues-rock evoluciona a escenarios retro-rock. Ritmos y estribillos pegadizos con constantes cambios. Entre el hard-rock y el rock clásico al uso contiene un aroma lisérgico en su interior que se ve fortalecido por una buena voz. Ecos de stoner noventero y un órgano retro completan un tema divertido y de ritmos contagiosos al que difícilmente puedes resistirte. 

Un órgano heredero de John Lord y unos coros negroides de vocación funky marcan «Voodoo (the rythm of the ritual». Un nombre obvio para un tema que podría haber compuesto Arthur Brown. Sólidos riffs que contrastan con ese sonido añejo que nos devuelve a los momentos mas bizarros de la década de los setenta. Elementos de viento que entablan una batalla con el órgano y la ardiente guitarra. El vodoo aparece sobre magnéticos pasajes que reflejan un auténtico ritual de magia negra que toma prestado algunos elementos afro-rock.

«Escape» sigue la senda del hard-rock stonerizado. Una cadencia vocal pausada sobre dinámicos y ondulantes ritmos crean un cuadro que es toda una huida hacia adelante en su sonido.  Una canción con un groovy contagioso que serpentea constantemente y que solo cede su ímpetu ante los dictados de su vocalista.

Cambiando el registro, los susurrante acordes de «Unknow song» crean una calmada atmósfera psicotrópica. un apacible tema en que el misterio se palpa. Hipnótico y envolvente parece ser un alto en el camino para retomar fuerzas antes de una nueva embestida.

Una introducción de órgano en «Under your spell» y una batería que desata las hostilidades nos llevan a un ejercicio de  hard-progresivo  con una voces que van transmitiendo distintos estado de ánimo. Siempre bajo un contagioso ritmo ondula en luminosos espacios retro que acaban oscureciéndose en simas psyco-blues.

«Hallucinogen Persisting Perception Disorder» toma el rock, el blues y el funk para meterlos en una coctelera a mezclarlos a toda velocidad. Un envoltorio cercano al stoner completa un resultado de corte retro-rock lleno de matices. Logrado tema psicodélico que se construye por la habilidad que tienen lo suizos en ensamblar todos esos elementos obteniendo un contagiosos y dinámico tema cuyo sonido resulta bastante familiar.

Naciendo de enérgicos riffs retro-rock, «Visions» nos ofrece otra faceta de THOSE FURIOUS FLAMES. La psicodelia oscilante y serpenteante se adorna con tonos orientales para dejarse llevar en un viaje lisérgico. Un paseo en el que el blues nos acompaña y cuyo destino final es una estación retro teñida de acidez.

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Reseña: KADAVAR.- «For the dead travel fast»

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Con diez años de carrera y multitud de seguidores a sus espaldas, los alabados y queridos KADAVAR a estas alturas son capaces de hacer lo que quieran sin tener en cuenta nada ni nadie. Así es como ha nacido su sexto álbum «FOR THE DEAD TRAVEL FAST». Un disco compuesto sin complejos y nacido desde la relajación de no tener que demostrar nada (como me comentaba Lupus en la entrevista que hicimos el pasado mes de Agosto). Un álbum que en una primera escucha me pareció sencillo y simple, dejándome un poco frío. Seguramente no era el trabajo que esperaba de ellos (como muchos de sus fans), pero tras sumergirme en sus surcos encuentro su atractivo a pesar de las notables diferencias respecto a sus trabajos anteriores, y alguna de ellas son bastante interesantes. Con atmósferas sombrías que bien podrían recrear la banda sonora de una vieja película y con un notable cambio en cuanto a los registros vocales, brillan con la presencia de mucha mas melodía y coros, con voces que juegan con «falsetes» con gran destreza. «FOR THE DEAD TRAVEL FAST» no es el álbum que retrata a los KADAVAR más crudos, sino a una banda que juega y explora escenarios mas progresivos. Como resultado, obtenemos el álbum más atmosférico del trío berlinés. La portada del álbum, así como las fotos promocionales muestran a unos tipos ataviados con ropajes más propios de otra época y eso se nota en unos temas lúgubres y oscuros. Premeditados sonidos vintage  con canciones sencillas que no acaban de explotar en esa deflagración pesada a la que nos tiene acostumbrados. Haciendo de la sencillez una virtud, las tinieblas cubren sus nueve temas con sonidos juegan con el heavy-rock, el hard y los ecos progresivos de finales de los setenta y primeros ochenta. Guiños sinfónicos más propios de los dinosaurios del rock progresivo se entrometen entre la inequívoca herencia Sabbath que de alguna manera siempre estuvo presente. No hay grandes alardes, ni grandes canciones, pero el disco puede ofrecernos agradables momentos. Incluso me atrevo pensar que con el tiempo será mucho más apreciado y valorado.

Una introducción atmosférica y misteriosa con suaves y tétricos acordes nos enseña el camino de la oscuridad en «The end». Voces llevadas del mas allá nos enlazan con el siguiente tema, «The devil’s master». Pasajes casi progresivos van elevándose entre la voz de Lupus y el cadente bajo de Simon, para iniciar el camino con riffs hard de tonalidad retro. Nebulosas vintage. El tema, como la mayoría de los del álbum, viene marcado por el particular registro vocal. Unas voces lánguidas que relatan episodios de nostalgia en un relato épico mas propio de otros tiempos. Un especial protagonismo de la base rítmica de Tiger y la guitarra nos recuerda momentos del heavy-rock de los años ochenta.  lo cierto es que por momento el tema tiene un «tempo» especial.

El hard-rock setentero más dinámico aparece en «Evil forces». Riff que se repetien con una cierta herencia Sabbath y elemento puramente heavy-rock añejo, así como la voz y coros con «falsetes» preceden a momentos de guitarras que aullan. Es como si estuvieramos a una versión «light» del heavy-rock más tenebroso. La implacable batería mantiene el tipo en todo el tema. Me llama la atención esos «grititos» en vena diabólica.

Las atmósferas oscuras y tétricas son el escenario natural en el que se desarrolla la trama del álbum, y así lo refleja «Children of the night». Tonos vintage en entornos pseudo-progresivos en el marco de la latente oscuridad  que tratan de obtener la luz con unos estribillos pegadizos que van modulando su tonalidad hacia una mayor calidez sobre los vivaces y repetitivos ritmos. La banda sonora de una película de misterio que poco a poco sucumbe a la melancolía con ramalazos de tétricas penumbras. Una especie de Sabbath progresivos con solos de fuzz desbordante que vuelven a elevar el tema antes del regreso a la penumbra. 

En esa linea progresiva en la que parecen instalados, «Dancing with the dead»  con voces más cálidas y reconfortantes, sucumbe a un sinfonismo en tonos melancólicos que acarícian las melodías bajo un soporte rítmico contenido. Un relato del pasado en el que destaca la cadente batería de Tiger mientras los solos de guitarra ondulan apacibles sobre un gran trabajo de bajo  para construir el tema más melódico. 

«Poison» muestra a la banda mas contundente y tenebrosa. Lúgubres pasajes bajo una implacable batería acercándose a Rush (en versión light) con las tinieblas como testigo. Voces desgarradoras y cambios de ritmos elevan el tema como si de un canto de esperanza se tratara. constantes parones y arrancadas. Lamentos entre luces y sombras y atmósferas psico-progresivas completan el corte. 

Con mucho mas fuzz y guitarras psicodélicas, «Demons in my mind» da lugar a una espiral diabólica que poco a poco se transforma con melodías hard & heavy de aspecto vintage. Un trasfondo sólido en el que los efectos y pedales se sosiegan cayendo en las tinieblas con la sombra de Sabbath en el horizonte. Oscuros y misteriosos bosques, mucho fuzz y la sensación de que cada instrumento va a su libre albedrío para acabar cohesionándose entre la espesura rítmica. Un corte, a pesar de todo que contiene gran dinamismo. 

«Saturnales» es una pseudo-balada en la que los efectos y los sintetizadores describen oscuros paisajes de una forma calmada e inquietante. 

El álbum se cierra con el tema mas largo y elaborado. «Long forgotten song» avanza por los mismos territorios que se desarrolla el resto del álbum. Lento pero a su vez pesado y grueso, la senda del hard-progresivo es transitada con amago de elevarse en su intensidad. Un simple espejismo que nos devuelve la sombríos pasajes con melodiosas voces que describen bellos y tristes pasajes. Susurrantes y magnéticos KADAVAR  acaban construyendo un tema que en otros tiempos pudiera convertirse en un himno.

Solo nos queda esperar como se desarrollan estos temas en directo en la próxima visita que nos harán el próximo mes junto a Hällas (con los que este trabajo tiene bastantes similitudes) y Mars Red Sky.

 

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