Reseña.- PELEGRIN.- «Al-Mahruqa»

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El trío francés PELEGRIN presenta su primer álbum «AL-MAHRUQA». Un viaje lisérgico a través de las frías noches del desierto. Aromas exóticos que conviven entre vibraciones progresivas y psicodélicas con muchos tonos post-rock e fuertes ritmos pesados. Monumentales espacios sonoros mas propios de la mil y una noches asediados por las tormentas del desierto. Ampulosos momentos en contraste con finos ornamentos en un cautivador trabajo que nos traslada a magnéticos e insondables espacios que se abren ante nosotros con un aura mágica y oscura en la que atrayentes voces revolotean entre vientos llenos de exotismo. Cinco largos temas que saben mantener el equilibrio entre la belleza y la fortaleza de su base rítmica. Uno de esos álbumes con los que te sientes atrapado tras los primeros acordes. Pasajes evocadores de lejanos lugares en los que las fuerzas de la naturaleza describen melodías atrayentes en constantes ondulaciones que se debaten entre la calma y la fuerza. Un perfecto equilibrio entre la monumentalidad y la elegancia con un resultado superlativo que sorprenden en un debut´sobresaliente.

Los tambores del desierto y el viento atraen las voces en la introducción de «Majoun». Desde aquí ya podemos intuir el misterio del viaje. Tonos orientales de exótica psicodelia nacen y crecen poco a poco entre las armonías psicodélicas. La magia del este fluye iluminando la frialdad de sus pesados riffs. Una linea de bajo imponente que arrastra el tema hacia pesados momentos para crear un tema monumental que mama de postulados post-rock sin perder un ápice de su exotismo. Espacios ensoñadores entre frios pasajes en los que las arenas desérticas nos ciegan antes de que la brisa apacigüe la tormenta.   No parece que estemos ante una banda novel, aquí todo fluye y se entrelaza con gran habilidad y maestría, sin fisuras. Como broche final los cantos beduinos cierran el tema poniendo más magia.

Bajando la intensidad, «Farewell» se desarrolla por escenarios más psicodélicos si cabe. Psicodelia de nuevo cuño que toma prestados momentos shoegaze con esos sutiles acordes de guitarra y las hechizantes voces. Perdiendo los aromas orientales, los tonos grises persisten en tema que se recuesta en estructuras mas propias del post-rock en otra brillante combinación. Ampuloso pero dulce la riqueza de cada acorde vale su peso en oro. Desde la elegancia y los susurrantes momentos de guitarra hasta la contundencia de ese hipnótico bajo el corte avanza con fluidez mostrándonos distintas atmósferas que se contonean ante nosotros.

«Al-MARUG» bien podría ser la culminación creativa de muchas bandas, pero aquí estamos ante los primeros pasos del trío parisino compuesto por François Roze (guitarras y voces) Jason Recoing (bajo) y Antoine Ebel (batería).

Con el ruido de la tormenta y unos efectos de lluvian PEREGRIN nos introduce rápidamente en el ambiente de la noche mas fría. «The coldest night» nos envuelve en la melancolía con la sutileza de las guitarras y sus lánguidas voces. Describiendo un triste relato no exento de fuerza y rabia. Intensificando su forma, el bajo insistente y las difusas y pesadas guitarras arropan esas cálidas voces. Otro tema que parte de la calma para elevarse como si de un canto de esperanza se tratara. Aquí la banda ofrece su faceta más progresiva con una estructura más compleja, pero no por eso menos efectiva. La psicodelia más aterciopelada entre pasajes más propios de bandas netamente progresivas con momentos grandilocuentes con pesados riffs stoner. Dos estratos distintos tejidos con solvencia para obtener un tema completamente impresionante. Mención aparte merecen las seductoras voces que incrustan entre los sólidos ritmos.   Es tal la cantidad de sensaciones e influencias sonoras que me resulta difícil describir todo su potencial.

Mas calmados y retomando la senda psico-progresiva, «Dying light» recupera las bellas melodías con brillantes y aterciopeladas voces como preludio a la contundencia de los riffs. Entre atmósferas oscuras van nutriendo el tema con hirientes solos mientras el cadente ritmo avanza sin remisión. Un viaje melancólico que se intensifica con momentos post-rock sin perder esa vocación psico-progresiva. Tema a tema sigue sorprendiendo la solidez de la novel banda parisina y su capacidad para hacer que sus canciones vayan mutando con tanta soltura.

«Al Mahruqa» recupera los vientos arábigos trasladándonos nuevamente al desierto. Incorporando momentos jazz y fusionándolos con su apuesta psicodélica, los ritmos cobran vida como no habían hecho en los temas anteriores. Chamánicos tambores y guitarras exóticas se unen a un fiesta andalucí. Creando a base de cimiento post-rock una sólida base sobre la que se van soportando todo el colorido y los matices que se aportan al tema. Guitarras y efectos envuelven la atmósfera para sacarnos de la espiral sónica y depositarnos sutilmente en espacios relajantes en los que los aromas a incienso nos aturden y relajan. Un hechizo llegado de oriente para masajear nuestros sentidos antes de una nueva embestida de pesadas resonancias. Oscuridad y misterio al servicio de una causa en la que podemos encontrar momentos doom.

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Reseña.- GALAVERNA.- «Dodsdans»

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El debut de los italianos GALAVERNA es una de estas sorpresas que de cuando en cuando te encuentras de casualidad. La banda del integrante de SLAP GURÚ, Willy Goattin, en la que explora de una manera sosegada vibraciones folk en temas acústicos que rememoran momentos setenteros de ese estilo. Con temas soportados en guitarras acústicas  y que suponen un apacible y magnético paseo por el campo. Canciones llenas de sensibilidad en una línea parecida a los también italianos The Pilgrim. Tras tanto tiempo escuchando sonidos pesados, trabajos así son un soplo de aire fresco muy apetecible. Con vibraciones que me recuerdan a Jethro Tull en su faceta más campestre y con ciertos aromas medievales, el sinfonismo roba el protagonismo a los riffs para deleite de los más atrevidos. La propia banda define así su álbum: «Un camino acústico, lleno de imaginación visual y recuerda a las dimensiones de un sueño salvaje. Esta gente tiene como objetivo crear un tamaño único consistente, inspirado en un mundo frío y antiguo. Aquí se exalta la belleza, la magia del desierto, de la madre naturaleza, tan cruel como increíblemente fascinante en su pureza. El objetivo es guiar al oyente en un viaje musical que puede ser lo más evocador posible», y ciertamente mis palabras no podrían mejorar esa definición. A veces la sencillez es una virtud, y ese es el espíritu de «DODSDANS». Un álbum que adorna sus melodías con los sonidos del sitar, la flauta o la viola dotándolos de un espíritu tradicional.

La breve «Dods…», nos indica el camino que vamos a recorrer en este disco. Acústicos acordes que fluyen lentamente y una cálida y sugerente voz nos traslada al folk clásico británico de los años setenta.  A pesar de la sencillez, en la lejanía se intuyen efectos envolventes que logran crean el entorno perfecto para el desarrollo del corte. 

A la sencillos de los acordes de guitarra, en «…dans» como continuación del tema anterior, la banda adorna el tema con un sonido de flauta y unas voces evocadores de los Jethro Tull mas campestres. Un tema rico en matices a pesar de su sencilla estructura. Haciendo de la sencilles virtud, los acordes se repiten creando un tema atractivo y fresco. El folclore con aire medievales aparece entre elementos de viento.

Instalado en esos entornos folk «Cerberus» aporta un aura psicodélico antes de retomar la estructura folk. La repetición de acordes es un denominador común en casi todos los temas. De nuevo usando los vientos, crean un sinfonismo que se complementa con las cálidos registros vocales. una mística que nos lleva a los momentos más brillantes del folk británico. entre violines y sutiles guitarras ácidas el tema se presenta luminosos y florido. Una oscilación bien ornamentada que mantiene el magnetismo de la voz.

«Sweet annika» mantiene la ternura a base de arpégios y una calma y profunda voz que se erigue como protagonista del tema. Dulces susurros llenos de sensibilidad que son trasmitidos con una naturalidad digna de halago. Volvemos a encontrar el sonido del violín dándo cuerpo a una canción que acaba elevándose en su intensidad.

Describiendo melancólicos momentos bajo tonos grises «Smell of ember» vuelve a ser un escenario perfecto para el lucimiento de un sosegado relato. En cada tema encontramos algúne elemento que aporta, y aquí la batería se une a los espacios sinfónicos creado por los violines mientras las voces se replican.   Todo con una calma gratificante. con algún pasaje de guitarra eléctrica añaden un nuevo matiz a otro tema bien construido.

Otro apacible paseo lleno de sensibilidad encontramos en «Burning ashes». Leve y sutiles acordes eléctricos vuelven a enriquecer  el tema. Se intuye un aire psycodélico entre la evidente vocación folk.  si bien aquí suben la intensidad y la profundiad de las voces, no llegan a estados de estridencia. Una especie de lamento que se eleva y se evaparopa para dejar espacio a la belleza. Siempre sugerentes, consiguen transmitir sentimientos.

Inmersos en el folk progresivo de corte medieval, «Mother’s leaving» añaden más complejidad. incidiendo y explorando escenarios sinfónicos van construyendo un relato melancólico con aires bucólicos más propio de otros tiempos. Alejados de los stándares de la música underground contemporánea nos invitan a un viaje en el tiempo a momentos en los que la música se creaba desde la sencillez.

Debatiéndose entre las luces y las sombras los sonidos medievales de «Uppvaknande» suponen una nueva regresión en el folk progresivo setentero.  En tonos más sinfónicos generados por el sonido del violín se va construyendo el corte más largo del álbum. Casi nuevo minutos que ofrecen una mayor complejidad respecto al resto de temas, en los que la band se devate entre la luz y las sombras.

GALAVERNA lo componen Valerio Willy Goattin (voces, guitarras y sitar) Michele Nicoli (batería y percusiones) Giulio De Boni (flauta, percusión y xilófono),  Stefano Masotto (bajo y voces) Lorenzo Boninsegna (viola)

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Reseña.- MOCKERS.- «Oreka Ahula»

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Tercer álbum del trío vizcaino compuesto por Jon García (bajo y voces) Asier Elías (batería y Ritxi Blanco (guitarra y teclados) desde su debut en 2.015. Un trabajo que se fundamenta en una particular visión del yin y el yan. El equilibrio entre conceptos contrapuestos en la condición humana que se refleja en la variedad de estilos que podemos encontrar entre sus surcos. Con un denominador común que parte de las voces en euskera, como si de una declaración de intenciones se tratara en cuanto a no renunciar a sus raices, consiguen ofrecernos un coctel de estilos en siete temas que toman influencias del hard rock setentero, del post-rock, de la psicodelia, o del post-hardcore, del rock progresivo del stoner más desértico así como especialmente del rock más reivindicativo. Todo ello elaborado y ejecutado desde una mirada alternativa que nace del rock vasco que tanta gloria dio a esa tierra en los años noventa. No se si el hecho de haber grabado el álbum en Andalucia (Trafalgar Estudios) haya influido en los guiños que hacen a los ecos progresivos de aquellos lares de hace cuatro décadas, pero el resultado es un disco ameno y variado en el que podemos encontrar distintas vibraciones bien complementadas como para que el resultado sea de lo mas apetecible. Desde el rock radical vasco hasta los ecos sinfónicos andaluces, MOCKERS van contruyendo sus temas sin ningún tipo de complejo. El álbum está editado por el pujante sello de Algeciras Spinda Records, que cada día va viendo como los esfuerzos de Berto van dando sus frutos. «OREKA AHULA» supone un soplo de aire fresco ante la gran cantidad de trabajos estereotipados con los que nos encontramos cada día. ¿Es una apuesta arriesgada?, la respuesta es que sí. Pero no debemos olvidar que el que no apuesta no gana, y más cuando tienes claro tu objetivo, y estos chicos parecen que lo tienen.

En una primera escucha nos llegará más el peso de  las voces alternativas, pero si quitamos ese envoltorio, descubriremos la riqueza de aromas y matices que tienen unos temas bien construidos y ejecutados. Versatilidad y originalidad que seguramente no te dejarán indiferente y que acabarán conquistándote.

Una breve introducción, nos sorprende en el preludio de «Taurus». «Oreka ahula», se fundamenta en unos acordes acústicos con arpegios y unos sutiles coros místicos para inmediatamente arremeter por la senda del hard rock mas rabiososo con tonos retro de vocación setentera. Las voces en euskera me trasladan a momentos de juventud en los que el rock alternativo vasco se escuchaba en cada esquina del pais. Una atrevida fusión entre un espíritu alternativo y el hard rock más clásico. Rock vintage que decae en espacios heavy-psych para resurgir de sus cenizas con pegadizos estribillos y una estructura de lo mas atractiva.

Sin darnos un respiro, «Érebo» da una vuelta de tuerca al tema anterior sumergiendose en aguas mas propias del rock progresivo, sin perder el aura de rock clásico. Si a eso unimos el punto que mas personalidad da al álbum, como son las voces en euskera, la sorpresa acaba siendo mayúscula. Ondulando con firmeza y dando más protagonismo a las melodías en detrimento de la virulencia de «Taurus», entran en oscuros espacios más propios del nacimiento del rock andaluz. Como si estuvieramos ante bandas como Guadalquivir o Imán,  MOCKER’S nos presentan su propia visión de aquellos momentos. Complejos desarrollos que se elevan bajo los vigorosos ritmos de la batería de Asier, mientrás la guitarra de Richi abre las puertas a momentos netamente psicodélicos. Mientrás, la cadencia vocal no ofrece la garra de antes, sino que se modula para no desentonar en la estructura del tema. Fuzz y una envolvente capa atmosférica cubren uno de las pistas más destacadas del álbum.

Aprovechando los vientos psico-progresivos construyen el siguiente corte. «Marte», nace la languidez de una voz que nos acaricia con delicadeza en una especie de pseudo-balada llena de sentimiento.  Un soplo de psicodelia masajea el avance del tema. Una acidez corrosiva con tintes espaciales y una estructura más progresiva se aleja de la parte alternativa y reinvindicativa de la banda. Aquí no tiene tanta influencia el registro vocal alternativo que encontramos en otros de los temas del disco. Estamos ante una travesía llena de épica en la que la banda muestra su faceta más experimental creando un tema complejo pero efectivo. Un clima de extásis no exento de fuerza, especialemtne en su parte final.

«Chrono» nos devuelve a los momentos mas alternativos. Una potente batería y unos gruesos riffs, unido al desgarro vocal más reivindicativo, acaba sucumbiendo a una estructura progresiva. Una contraposición de la que salen con soltura a pesar de la diferencia entre ambas.

Los acordes acústicos de los que nace «Libra», unido a la lánguida y melancólica voz nos conducen a atmósferas progresivas en las que poco a poco van incrustando guitarras retro. Sin salirse del sinfonísmo, esas guitarras aportan la luz a un oscuro corte de tonos grises. Netamente inmersos en esos espacios psico-progresivos van ondulando la estructura con brillantes momentos para acabar arrivando a momentos más propios de bandas contemporáneas como My Sleeping Karma en las que la fuerza de los riffs no reniega de los momentos de bella calma. Con coqueteos post-rock y mucha psicodelia «Libra» se convierte en otro puntal de «OREKA AHULA». Mántricos, intenso y sutiles acaban disipando el tema en el infinito en un big-bang final.

«Pegaso», el tema mas corto del álbum, es una nueva incursión en sonidos de los setenta que cabalgan a a lomos de riffs retro en un viaje de ida y vuelta entre los noventa y los setenta.  Estribillos pegadizos adornan ese transito entre espacios aparentemente tan contrapuestos.

El cierre corresponde a «Pangea», el tema mas largo del disco con sus algo mas de nueve minutos va fluyendo sin prisa pero sin pausa. Una cadencia sosegada que se instala en espacios progresivos. Nuevamente la riqueza compositiva se siente entre los espacios de oscuridad en los que se desarrolla. Cada nota y acorde, se miden en pos de ese reconfortante objetivo. Con una intensa y constante ondulación poco a poco nos envuelve entre sus hechizantes y seductoras atmósferas.  Pocos sobresaltos hasta una parte final en la que aprietan el pedal de la intensidad y el ritmo, especialmente con la dinámica batería hasta dejarnos con suavidad en remansos de paz más propios para la meditación. En toda esa vorágine no faltan brillantes guitarras en un segundo plano. El resultado es un «todo» compacto y brillante que concluye en unos coros que desaparecen en la lejanía.

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Reseña.- JESUS THE SNAKE.-«Black acid, pink rain»

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El cuarteto portugués JESUS THE SNAKE publican su primer álbum «BLACK ACID, PINK RAIN». Un nombre que es toda una declaración de intenciones sobre su contenido. Un año y medio después de su puesta de largo con su EP homónimo, e incluyendo diferentes versiones de tres temas en él incluidos,   nos regalan cerca de un hora de estimulantes sonidos psicodélicos. con una indudable influencia de bandas como Pink Floyd que actualizan con algún eco Causa Sui. Grabado en vivo en una sesión en HertzControl Studio (Seixas, Portugal) la banda compone cinco largos temas instrumentales de sedosas texturas para la relajación de los sentidos. Elegantes en sus cuidados desarrollos instrumentales, incorporan elementos progresivos en su incuestionable apuesta heavy-psych, adornándola con ornamentos propios del  jazz. Seductores y sensuales, los acordes fluyen en una gama cromática que siempre nos incita a la distensión sensorial con sus lisérgicos fluidos caleidoscópicos. Una grabación con un impoluto sonido que nos permite apreciar con nitidez cada instrumento y todos sus matices. Burbujas de colores que van transformando su forma y su color, bajo acordes hipnóticos y tonificantes consiguen seducirnos hasta hacer que caigamos rendidos a sus pies. Un brillante álbum en el que plasman en un óleo toda la gama cromática que tiene en su paleta de colores. Esas pinceladas que consiguen que las formas se vayan transformando en algo misterioso que escapa a nuestra razón, dentro de un ejercicio de abducción a base de los fluidos lisérgicos que nos atrapan en su interior.

“Karma”  viaja a través de cálidos acordes de la guitarra hipnótica de Jorge. Tratando de adormecernos, con la solidez de una batería que ejerce de maestra de ceremonias para una travesía que, a la velocidad de la luz, nos envía a lejanas galaxias bajo el vehículo del persistente órgano que imprime la nota progresiva. Un estado de ingravidez proporcionado por una guitarra que lenta y suavemente, nos sirve de flotador en esa liviandad hasta desembarcarnos en tierra firme de un planeta desconocido. Con una velocidad sideral del espacio-tiempo pasando sobre nuestros cerebros, como si imágenes de  divinidades desfilaran por nuestros ojos a gran velocidad. Hipnóticos y místicos, JESUS THE SNAKE estimulan nuestros sentidos para crear un catarsis entre su música y nuestra mente. A pesar de estar ante una banda psicodélica, se vislumbran algunos ecos del sonido del desierto, en su versión más apacible.

Una odisea sónica dividida en dos partes de una misma pieza aparece en “Floyds I” y “Floyds II”. Con una introducción jazz rock, sobrevuelan el territorio de los ingleses Pink Floyd, muy influyentes en su sonido. En la primera etapa del camino, la guitarra de Jorge homenajea a David Gilmour emulando su personal sonido. Los acordes de guitarra me recuerdan los vividos en varias ocasiones en shows de Pink Floyd. Una guitarra cristalina, sensible, pero su vez, firme toma el protagonismo arropada por un órgano que recupera vibraciones progresivas llegadas de los años setenta. Pocas bandas contemporáneas pueden rescatar ese rico legado floydiano como los portugueses. Relajación y sensualidad en cada acorde, en cada nota. A mitad del camino nos aparece el primer giro en la composición. La referencia musical parece dar un pequeño giro a base de un órgano y un bajo que nos recuerda a los primeros Jethro Tull, en los que el tinte jazzero tenía su importancia. Arrastrándose sobre terrenos progresivos, la serpiente zigzaguea salvando todas las dificultades de la orografía de esos lares. Con un trepidante final lleno de fuerza hacen una pausa para abastecerse e introducirse en universos plagados de psicodelia, dónde los fluidos vuelven a tomar protagonismo. Formas difusas que van adquiriendo nitidez dentro de un espectro luminoso,  flotando en un ambiente de sosiego. Bucolismo sonoro que ya nos transmitieron con la puesta de sol sobre el mar tras ellos, en aquella memorable actuación en la playa de Moledo donde este año repetirán presencia.

Un insistente bajo da cobertura a acordes de guitarra que acompañados de un bombo, sirviendo de llave para abrir el espectro que la banda ofrece como un narcótico sobre el oyente.  Gotas en el firmamento como si estrellas que suavemente transitan por el universo.  El crescendo de la batería le da el toque de firmeza al avance. Las formas se van volviendo más extrañas, ya no se transforman suavemente, sino que la hilarante aceleración de la composición hace que se tornen súbitamente.

Describiendo insondables espacios, y con la atenta mirada de los acordes del órgano, «Duna» sigue incidiendo en esos genes floydianos. Hipnóticos van evolucionando hacia escenario en los que los pesados sonidos stoner hacen acto de presencia. Una conjunción entre lo liviano y lo pesado  que retoma esas brisas jazzeras entre los sonidos de la banda del fluido rosa.

La experimentación prosigue con «Black acid,  Pink Rain». El profundo sonido del órgano de Gonçalo Palmas y una vigorosa base rítmica a cargo de la implacable batería de João Costa y el hipnótico bajo de Rui Silva nos conducen a unos remanso de paz, en los que nos adormecen con sutiles acordes recreando un jardín del edén con floreados momentos de rock progresivo con esa inclinación jazz que tanta gloria dieron a algunas bandas en los años setenta. el resultado es un tema con nervio en el que la belleza es descrita para deleite del oyente. 

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Reseña.- SACRI MONTI.- «Waiting room for the magic hour»

772462-500x500Cuatro años después de su álbum debut, SACRI MONTI están de vuelta con su segundo álbum «WAITING ROOM FOR THE MAGIC HOUR». Sin perder su espíritu caleidoscopico y lisérgico, el quinteto de San Diego continúa ofreciéndonos esas jams en las que las guitarras se superponen en diferentes estratos. Profundizando mucho más en los elementos progresivos y con melodías más cuidadas, siendo un caso particular dentro de la prolífica escena de su San Diego natal. Si abrimos el envoltorio heavy-psych, encontramos temas con una clara vocación progresiva. Hace ahora un año, ya pude intuir esta evolución en su actuación en el dunajam, en el que nos regalaron el que posiblemente fue el mejor show de todo el evento. Aquellas sospechas se ven claramente confirmadas en un álbum de una riqueza compositiva atrevida y que no se queda en el escenario psicodélico con el que se presentaron en su primer álbum.  Todo un salto entre lo espontáneo y lo musicalmente calculado.  Tomando prestados tanto ecos proto-metal más propios de Blue Cheer, como complejas estructuras cercanas a los dictados de King Crimson, sus ocho temas son todo un estímulo para los sentidos. Muchos momentos de melancolía que se ven reflejados en todos ocres a través de los teclados de Evan Wenskay, siempre custodiados por la pulsante línea de bajo de Anthony Meier y los ritmos de la batería de Thomas Dibenedetto . Un bajo que no se ve ensombrecido por los riffs psicotrópicos de las guitarras de  Brenden Dellar y Dylan Donovan. Manteniéndose en los sonidos de los setenta que les sirvieron de inspiración pero ejecutados desde una mirada más sosegada y madura. Otro punto a tener en cuenta son unos registros registros vocales que se contonean entre la ternura y la rabia, aunque predominando la calidez sobre lo desgarrado. En ««WAITING ROOM FOR THE MAGIC HOUR» encontramos guiños a los sonidos de la west-coast de finales de los sesenta y especialmente alguna influencia Quicksilver Mesenger Service. Uno de los factores en los que se sustenta es la capacidad para no perder la frescura de sus exuberantes jams dentro de unas estructuras compositivas mucho más complejas y medidas. Prueba de ello es que SACRI MONTI parecen sentirse más cómodos construyendo largos y embriagadores temas, lo que no supone un obstáculo para mostrarse efectivos en cortes más sencillos. Si a esta evolución unimos que no han perdido toda la fuerza de su primer álbum, estamos ante uno de los trabajos que se acercará al podio de los mejores discos del año. Si, ya sé que esto puede ser un tópico, pero déjate llevar por sus surcos y comprobarás que no es una afirmación tan osada.

«Waiting room for the magic hour» el tema que da nombre al álbum y que abre el mismo, parte de de una espiral de poderosos riffs característicos del sonido San Diego para ir poco a poco mutando a escenarios progresivos en los que vislumbro elementos que me recuerdan a los californianos Quicksilver messenger Service. Voces que oscilan y se balancean entre cálidos susurros melancólicos y desgarros llenos de fuerza. Ritmos y riffs de una intensidad a prueba de bombas, impenetrables, que se ven arropados por unos magníficos teclados de tinte vintage. con constantes giros en la trama,  el tema está lleno de profundas guitarras, dispuestas en distintos estratos, lo cual es una constante en todo el álbum.  

En un álbum que nos sorprende constantemente, los suaves y sinfónicos acordes de «Fear and fire» son como el terciopelo sobre el que recostarse.  Poco a poco el tema se va elevando para llevarnos a un Jardín del Edén con nostálgicos momentos creados por los teclados retro y los lamentos vocales. toda una oda psico-progresiva que según avanza se van volviendo más complicada gracias a la espiral de solos que aúllan en una espiral de efectos revoloteando y haciendo que el tema ondule por distintos escenarios sonoros. Mucha riqueza compositiva se esconde en unos surcos que suponen una nueva dimensión sensorial que se debate entre la psicodelia y lo progresivo sin terminar de decantarse por ninguno de los dos estilos. Como si su creatividad fuera tan grande que no quisieran renunciar a nada. Habrá quien piense que esto le supera con tantos cambios en la trama, pero personalmente me parece todo un acierto.

Nuevamente nos rompen los esquemas con el siguiente tema. «Armistice» a diferencia de los temas que le preceden, y como si una continuación de «Fear of Fire» se tratara,  una base rítmica poderosa sirve para la repetición de riffs de las guitarras así como los acordes de ese órgano retro tan omnipresente. A pesar de esa estructura repetitiva los solos se desangran hasta la extenuación.

Retomando esas atmósferas psico-progresivas, «Starlight» cuida las melodías para fortalecer el sentimiento que se transmite desde las voces. Creando un caleidoscopio sonoro de dimensiones descomunales el tema recupera brillantes momentos progresivos de origen setentero. Un tema ampuloso y monumental que escapa de los estereotipos con un impactante bajo en la sombra. Mostrando a Antony Meier en todo su esplendor la fuerza de dos guitarras y un órgano no consigue ensombrecerle ni un solo momento. Hard-progresivo de altos vuelos con guitarras ácidas que van y vienen en un aquelarre mesiánico de gran belleza en el que no faltan los momentos de esquizofrenia y locura lisérgica. En palabras de Brendan Deller: «La inspiración vino de una época en la que mezclé hongos con LSD y observé el cielo nocturno en el desierto y sentí que estaba volando las estrellas como cometas con mis ojos, años más tarde, recordé esa experiencia e incorporé una especie de elemento de canción de amor sobre una mujer en el cielo que intenta comunicarse con alguien en la Tierra a través de rayos de luz intentando dar instrucciones sobre cómo pueden estar juntas».

«Afirmation» supone la confirmación de la deriva que toman los californianos. Un camino que está mas cerca de King Crimson o Pink Floyd que de Earthless. Sutiles y elegantes sus armonías y sus susurrantes voces van creando un tema que se inclina hacia laderas sinfónicas. unas guitarras que parecen estar mas cerca del Mediterráneo que del Pacífico. Pasajes llenos de nostalgia y melancolía que a su vez transitan por escenarios sureños en sus momentos acústicos. Un pequeño giro pero que no se aleja del camino marcado. A diferencia de otros temas, aquí parece que se mantiene el rumbo desde el principio sin saltos mortales, todo más sosegado y lineal para construir un tema bien ensamblado y sin fisuras.

«Gone from grace» nos devuelve el protagonismo de las guitarras, con momentos más psych. Serpenteos de guitarras sobre una densa instrumentación, lo cual es una constante repetida, pero no por ello aburrida, sino llena de riqueza compositiva. Un torrente que se precipita sobre pesados ritmos. El propio Brendan dice del tema:  «Es una especie de cómo es el deber de todos compartir sus mentes y talentos con el mundo porque la bondad está dentro de ellos. Muchas personas confían en Dios u otras cosas para su bondad, pero así es como el mundo siempre termina en la mierda y las mentes hermosas se destruyen». Toda una declaración de intenciones para un tema lleno de fuerza.

Nuevamente nos encontramos con tema corto, como si de un interludio se tratara. «Wading in malcesine» es crea atmósferas ensoñadoras de tintes espaciales a través de efectos y sintetizadores bajo el sintonismo de unos teclados que recrean un ambiente celestial a modo de bálsamo para los sentidos.

El álbum cierra con «You beautiful demon». Aquí la guitarra acústica toma el protagonismo acercándose a sonidos west-.coast de corte pseudo-folk con un aura psico-progresiva revoloteando sobre su notas. Basado en acordes acústicos el sentimiento aflora con vocación «americana» sin perder el sintonismo que subyace en todos los temas, esta vez prescindiendo de la batería.

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