Guerssen Records recupera una de esas joyas perdidas que estuvieron escondidas durante muchos años en algún sótano oscuro y húmedo. Los suizos ELECTRIC FUNERAL grababan allá por el año 1970 un álbum que es una auténtica bestialidad del proto-metal. Estamos ante unas grabaciones recuperadas y remasterizadas pero que mantienen toda la crudeza con la que fueron hechas. Temas en vivo y cintas caseras en las que Edi Hirt(batería), Pierrot Wermeille (bajo), Alain Christinaz (guitarra) y Dominique Bourquin (voz) tocaban el proto-,etal que tanta gloria dió a formaciones como EDGAR BROUGHTON BAND, PENTAGRAM o BLACK SABBATH, de los que incluso tomaron el nombre de su tema incluido en el álbum «Paranoid».
Once temas que son toda una patada en el trasero a través de pesados riffs, voz chillona y las suficientes dosis de psicodelia ácida como para corroer toda lo que tocaran.
Evidentemente la calidad de estas grabaciones deja bastante que desear, pero sin duda, se trata de un documento sonoro del que merece la pena disfrutar.
Lo salvaje de su música, el lugar donde grabaron, y el éxito que los oscuros sonidos Sabbathicos han tenido para varias generaciones, hace que tengan un espacio aquí.
En la edición que ofrece el sello español se incluyen cuatro temas que no estaban en el primer registro en vinilo que se hiczo en el año 1991 en una edición de 200 copias.
ELECTRIC FUNERAL en sus tiempos no encontraron compañía que se decidiera a publicar sus grabaciones, pero al menos como un documento de época, en la actualidad podemos comprobar toda su fuerza.
Si no te importa la baja calidad de sonido y te quedas solo con el contenido, podrás asombrarte de esta barbaridad sonora. Un registro completamente electrizante.
Bandas como los daneses MR. BAD LUCK, y discos como «FATA MORGANA» hacen que DenpaFuzz tenga sentido. Una de esas joyas que hay que guardar en los puestos de honor de la estantería de la psicodelia pesada. MR. BAD LUCKes el proyecto de Daniel Rosenkilde, que escogió el nombre de un tema de Hendrix.. Un músico cuyo propósito es crear música como una forma de expresión. Un músico que le gusta experimentar con distintos sonidos como deja de manifiesto en éste, su segundo álbum.
Riffs retro-stoner sobre una firme base de vibraciones heavy-psych, en los que la guitarra tiene el protagonismo con el infinito uso de wah-wah y pedales fuzz. «FATA MORGANA» es todo viaje más allá de los sentidos a través de sonidos psicotrópicos que nublan la razón y exorcizan tu alma. Una música salida de alcaloides impregnados en psilocibina, mescalina, dietilamida, ayacuasca, peyote o thc. La psicodelia más alucinógena retratada en 6 maravillosos temas, con cegadores momentos que nacen de un riff, y que Daniel va transformando el mismo poco a poco.
Una barbaridad de disco adictivo y narcótico de no deberías pasar sin escuchar.
Con riffs retro-stoner comienza su andadura “Red hot sun”. Psicodelia pesada con una sólida base rítmica y solos penetrantes y aturdidores. Con un buen groovy el tema tiene el suficiente dinamismo como para engancharte con sus riffs pegadizos. Unos sólidos ritmos heredados de los setenta que se ven sorprendidos por sutiles solos de guitarra más propios de Pink Floyd que de una banda de hard-rock.
Con una mística aletargante, la calma y espacios de belleza insondable se ven reflejados en “Fata Morgana”. Fluidos de colores que van cambiando su textura y color en un ritual de fuzz y efectos alucinógenos. Psicodelia apacible en estado puro, que solo se ve violentada por algún riff desértico de harapos retro para poner el nervio. Ensoñadores solos de una guitarra que rebosa acidez. Atrayente, cautivadora, elegante, hipnótica, envolvente…..
Traspasando los sentidos consigue que nuestra mente se nuble en una mirada interior. Haciendo que lo material levite, en un viaje a lo más profundo de la razón. Lisérgia pura aderezada con difusos riffs Stoner.
Con una línea de pulsante bajo, “Jackals”, nos hipnotiza bajo un esquema parecido. Un nuevo tránsito hacia lo irracional o más bien un transito que nos hace perder la razón dejando la música traspase nuestra piel. Una poción de peyote mezclado con absenta y toneladas de thc. Yo me pregunto…. ¿Y estos tipos entran en trance para componer sus temas? ¿O los componen bajo los efectos de sustancias alucinógenas? Lo cierto es que eso me importa poco teniendo en cuenta el resultado.
Otro hipnotizante corte como es “Skeletons”, viene presidido por un magnetizante solo de bajo que oscila cual péndulo de hipnotizador.
La batería crea el clima ritual antes de que pesados riffs Sabbath luchen en una contienda desigual con solos en pura vena PinkFloyd. Un efectivo contrate entre la fuerza y la sutileza e intensidad transmisora de diferentes estados de ánimo. El corte es todo un conjuro redentor en un exorcismo del alma con visiones de ayahuasca o un delirium tremes. Un atracón de psicodelia tras la ingesta de hongos alucinógenos en un viaje mesiánico que seguramente será más placentero escuchar con algún estimulante. Cuando el tema consigue haber nublado tu mente, te golpea con portentosos riff Stoner. Con algún pasaje que me recuerda a los Ten Years After más lisérgicos, pero impregnados de vibraciones Stoner. Un tema en el que la banda se lanza al vacío sin red, pero que consigue que su caída sea lenta y pausada cual pluma perdida de ave en su vuelo.
Susurrante, como si quisiera acariciarte, “Lost in The Desert” y sus suaves notas llenas de belleza de una guitarra intercalada entre los arenosos riffs consiguen un mágico tema que poco a poco va adormeciendo tus sentidos. Nuevamente esa simbiosis entre los pesados riffs y la sutileza de la guitarra afilada y anestesiante en otro magnífico ejercicio de heavy-psych.
“Illusions”es uno de esos temas para cerrar los ojos y dejar que la música te lleve. Un jardín del edén se mostrará ante ti llevándote a espacios celestiales. Relajación máxima con bellos pasajes cual suave brisa que mece los cabellos. Una hermosura salida desde el rumor de las notas de una guitarra en la lejanía. Si el cielo existe, yo creo que debe de ser algo así….
Heavy Psych Sounds rescata el álbum homónimo de DZJENGHIS KHAN que había sido lanzado en 2007 por el sello holandés Motorwolf. La banda, con base en San Francisco, contó con el bajista Carson Binks(también en Wild Eyes and Saviors), el bateria Tommy Tomsony el guitarraLane Rider.
Este disco refleja la escena musical de esa época y sigue siendo una perla de rock ácido sin pulir. Recuperando el sonido heavy-psych en un momento en el que no había una escena real. Así se han convertido en unos “pioneros después de los pioneros”. Con un sonido sucio en su surcos, ácido, borroso y completamente en bruto. Con un ambiente de baja fidelidad pero que derretirá tu cara con sus fangosos riffs, haciendo que tu cabeza sufra una deflagración de fuzz.
“Snake bite” abre el trabajo con un ritmo imperturbable de batería y solos corrosivos e incesantes. Una ondulación sobre el poder de los tambores en un tema instrumental que directamente vuela cabezas.
La esencia hard rock setentera está presente en gran parte de los temas. muchos de ellos, dotándolos altas dosis de ese sucio sonido de Detroit, que se practicaba a finales de los sesenta.
“Wildcat” es un claro ejemplo de ello. Un tema en el que la instrumentación es más densa. Desgarros vocales con mucha influencia blues y una vocación de garage-punk. Una aspereza, con altas dosis de retro-rock, con riffs pegadizos, e incursiones salvajes de una aguda guitarra sobre la densidad del espeso ritmo. Un tema con fuerza y gancho.
Este tipo de sonidos son muy del gusto del sello italiano, donde ya hemos visto repetidas apuestas en este sentido.
La crudeza de los setenta más salvajes se manifiesta en “The widow”. Rock and roll y garaje con ritmos repetitivos como mucho groovy que poco a poco se van engordando.
Todo un torbellino con una batería básica y matemática a su vez, sobre la que van elevándose riffs como mucha dietilamida en una línea que por momentos recuerda a CREAM vestidos de Johnny Winter, con interminables solos virtuosos. En esa enagenación de riffs, la batería pone orden para retomar la ondulación y el aparente control dentro del caos. Ahí aparecen esas voces gritonas y macarras herederas del garage más salvaje.
El sonido Detroit, fiel reflejo del desencanto del proletariado de las fábricas de su barrios, vuelve a aparecer en “No time for love”. Un pegadizo ritmo con registros vocales que recogen toda la rabia en un tema en el que el blues está presente. Mucho groovy y toda la crudeza en sencillo y primitivo corte de poco mas de dos minutos.
Con un ligero cambio de tono, “Avenue A”, con ritmos cambiantes en los que los parones y acelerones se suceden, DZJENGHIS KHAN ejecutan un corte que me recuerda a alguno de los temas más garageros de los alemanes WEDGE. Más anclado en sonidos de los sesenta, pero sin mostrar tanta rabia. Sencillez a través de ritmos y estribillos efectivos y divertidos.
Un pulsante bajo y una diabólica batería nos introducen en “Against the wall”. Otro tema en el que la vocación punk, hace acto de presencia. Voces garageras junto a solos corrosivos son llenan de un frenesí agotador con altas dosis de la psicodelia más dinámica.
Pesados y fornidos riffs aparecen en “Black saint”. Un cambio de registro en las voces ayuda a un tema que muestra un empaque distinto. Si, los ritmos siguen siendo frenéticos y explosivos, pero la voz ahora está más contenida, con una mayor calidez. La suciedad ahora se espesa en pura grasa a través de los difusos sonidos de un riff que se repite hasta la saciedad.
Emulando a Iggy Pop, pero con tintes trágicos y misteriosos, “End of the line”, nos devuelve a un machacón ritmo de bajo, en un sonido mas denso en el que no faltan a su cita los hirientes solos de la guitarra.
Perdiéndose en una entrada de solos de guitarra y bajo, con unos susurrantes platillos, “Rosie”, vuelve a repetir la fórmula Wedge. Voces sesenteras, sobre una difusa y gruesa instrumentación, sobre la que se van coloreando riffs ondulantes. El incesante bajo marca el devenir de un tema que se va volviendo más lisérgico sobre unos efectos que se olvidan de los ecos garageros, para acabar construyendo toda una jam en la que bajo y guitarra no cejan en su lucha por copar el protagonismo, con la intensa mirada de unos efectos envolventes a lo largo de sus ocho minutos de fuzz rebosante.
Con un completo cambio de registro, “Sister Dorien”, cierra el disco, con una guitarra acústica que en nada se parece a lo que habíamos escuchado hasta el momento. Con el mínimo apoyo de un bajo discreto, construyen un agradable tema a modo de epílogo.
DZJENGHIS KHAN se formó en San Francisco en 1977 por tres jóvenes sabios cuyas identidades han sido objeto de mucha especulación a lo largo de los años. Aunque se han escrito muchos tomos y varios “eruditos” del rock se han llegado literalmente a la locura al tratar de descubrir minucias como sus nombres y colores favoritos, el único hecho acordado por este país son las publicaciones musicales legítimas (el “Big Three”, tal como están ” Lo que se sabe es que ninguno de ellos tenía experiencia musical previa ni sabía lo que era en realidad. El resto es meramente conjetura. A principios de siglo, la banda estaba formada por Binxebus Eruptum en el bajo, Lane Rider en la guitarra y Tommy Tomson en la batería. Se desconoce qué miembro cantó. Ninguno de estos hombres tuvo ninguno de los miembros originales ya que hubo aproximadamente 333 cambios en la alineación en este momento de la carrera de la banda, pero esta cifra ha sido ampliamente discutida. Convencidos por el empresario holandés Guy Tavares de abandonar sus vidas en S.F. y mudarse a Den Haag (Holanda) en 2007, la banda grabó lo que se convertiría en su penúltimo L.P. que fue lanzado por Motorwolf y Leafhound Records.
Estas compañías se declararon en bancarrota y la mayoría de las copias del lanzamiento se destruyeron poco después; y ahora son recuperadas por el prestigioso sello Heavy Psych Sounds.
El guitarrista de SPACELORD, Rich Root, nos presenta su proyecto en solitario con el nombre de ABOUT WIZARDS. Un álbum de laboratorio en el que magnetizantes atmósferas caleidoscopicas exploran distintos espacios psicodélicos. Con una gran influencia del sonido ALL THEM WITCHES, el guitarista incorpora tanto pesados y oscuros elementos Sabbath, como momentos shoegaze, siempre con una vocación de stoner psicotrópico. Siete temas que ondulan y sobrevuelan sobre nosotros en los que las cálidas texturas vocales se fusionan en un tejido sonoro en el que la pesadez de riffs stoner se combina con altas dosis de atractiva psicodelia. Un extasiante brebaje sonoro de gran intensidad y belleza que sirve de terapia. Un álbum (como dice la propia banda) para degustar frente a la chimenea, con una copa de buen vino y una bolsita de hierba y dejarte llevar por sus efluvios alucinógenos. Un trabajo que apreciarán los fans de KING BUFFALO o de los citados ALL THEM WITCHES.
«Black obelisk» nos enseña la nueva aventura de Rich con envolventes acordes de una guitarra que se expande en sus armonías para contraerse en solos afilados. Siempre bajo la atenta mirada de unas acarameladas y magnetizantes voces en pura vena shoegaze. Susurrante y lleno de efectos, las probetas del laboratorio del músico de Buffalo van obteniendo la fórmula perfecta. Una oscuridad latente y humeante y las susurrantes voces nos hipnotizan con sus melodías.
Una pulsante linea de bajo hipnótico y penetrante nos abre la puerta a aturdidores espacios psicotrócicos en «The stranger».Las hechizantes y cautivadoras voces y la mágia de la guitarra nos eleva entre los interminables solos virtuosos y barrocos; desangrándose sobre los narcóticos e implacables ritmos que sirven de soporte mecánico a los virtuosismos y giros que Richconsigue con su guitarra.
Si al principio hablaba de la herencia sabbathica de «WIZARD ABOUT», solo queda escuchar los primeros riffs de «The battle of Tollense Valley»,para darse cuenta de que no era descabellada la afirmación. Sin embargo el peso de las reverberaciones shoegaze en linea ALL THEM WITCHES o KING BUFFALO son mas que evidentes. Los tonos de hard rock o proto metal setentero son aderezados con la mágica formula que el músico de Buffalo saca de sus probetas. Efectos y solos se suceden en otro cálido y apacible corte que toma prestados distintos elementos para llegar a un resultado cercano a los sonidos heavy-psych más heterodosos. Stoner vs. shoegaze desde una mirada sosegada y cautivadora en una sobresaliente ejecución y creatividad.
En los tiempos que corren seguramente ya todo está inventado, pero aún así, afortunadamente hay albumes que nos siguen sorprendiendo y emocionando, y éste es uno de ellos.
Nuevamente los riffs pesados de «Impresions for sorcery (The thoughts of Hen Draper)» con su vestimenta retro y colorido setentero se complementan de ornamentos shoegaze. Una cadencia vocal perezosa y cansida, pero magnetizante ofrece un corte asequible en el que los estados de ánimo mutan..
Cambiando el registro pero no la esencia, «Letter home from a sniper» nos presenta otra faceta del trabajo de Rich Root. El lado acústico hace acto de presencia con un dulce tema melancólico con ciertas reminiscencias noventeras.
La sensibilidad con que con tratados todos los temas, se pone de manifiesto en los casi ocho minutos de «The great destroyer». Con una inequívoca vocación doom, pero a bajas revoluciones, la calidez, unida a ciertos genes bluseros y con sangre de los setenta en sus venas, demuestra que incluso con las resonancias más plomizas puede haber ternura y delicadeza.
Un sólido torbellino de nebulosos riffs pone fin al disco con «Intergalactic». Repartiendo fuzz humeante con la energía propia de stoner, el vigoroso ritmo así como los puntantes solos que lo atraviesan, hacen el corte que rompe de alguna manera la linea de «WIZARD ABOUT». Obviando la dulzura mostrada en los temas anteriores como si quisiera despertarte del trance en el que puedes haber quedado.
Potentes vibraciones Stoner desde el país vasco con una banda que en su segundo disco ha trabajado las melodías vocales incorporándolas a un sonido oscuro y directo. Sin renunciar a atmósferas post-rock fusionándolas con sus nebulosas arenosas, el cuarteto sigue desparramando fuzz en sus desérticos riffs. Con el aliciente de unas potentes voces en euskera poniendo el tono reivindicativo, y saliéndose de los estereotipos del género, no dudan en ofrecernos pasajes espaciales incluso algún elemento folk. Una docena de temas que van moldeándose con distintas influencias, sabiéndolas acoplar con maestría a sus plomizos ritmos. Un trabajo de trazo grueso sin renunciar a finas pincelas melódicas entre su maquinaria pesada para crean un lienzo multicolor. «DILMUN» comienza en sus primeros cortes con temas directos y pesados para ir transformándose con más presencia de sonidos psicodélico sen los que la experimentación está presente.
«DILMUN», el paraíso de los antiguos sumerios, tierra por donde sale el sol, una tierra virgen y limpia, donde los leones no matan ni los lobos se llevan a los corderos. Dilmun, antiguo enclave comercial del golfo pérsico, primeros pasos de la fosilización de las relaciones humanas. Dilmun, paraíso democrático de los derechos humanos que vivimos hoy en día, creado sobre los pilares de la guerra, la miseria y la mercantilización de las capacidades humanos.
Temas como «Hegan», lleno de riffs desérticos con una absoluta contundencia y una cierta inclinación a resonancias heavy-rock, o «Karkemish», un breve interludio de un minuto por la misma senda, preceden a «Rodeo». Tema en el que los riffs arenosos van decayendo ante la seducción de tonos orientales apartándose del camino para teñir sus notas de psicodelia pesada. Resulta curioso el contraste de unas voces que recuperan momentos de la escena del rock vasco más reivindicativo.
Si el cuidado de las voces es constante en la gran parte de los temas del disco, en «Ikasu eta ukatu» son todavía más evidentes. Partiendo de ortodoxos ritmos stoner que llegan a coquetear con momentos doom, acaban decayendo en espacios de psicodelia pesada en la que el fuzz se vuelve más sutil completando un corte más apacible en su parte final. Una versatilidad que siempre es de agradecer. RODEO moldea los ritmos arenosos constantemente para partir o finalizar en su esencia desértica. «Tiamat» sigue esa premisa, en esta ocasión partiendo de atmósferas pseudo-espaciales.
En éste su segundo trabajo las composiciones difusas son una constante. Solo tenemos que escuchar «Dilmun», el tema que da nombre al disco para comprobar de que estoy hablando. Efectos, efectos, fuzz, fuzz…
Incluso encontramos un corte en el que las peculiares voces se inclinan a territorios punk, recordando la escena del rock radical vasco. «Borrokaren hatsa» conjuga la psicodelia pesada llena de distorsiones con misteriosos espacios sonoros que se van elevando, en una especie de himno reivindicativo.
RODEO intenta plasmar en sus letras lo que tienen delante de sus ojos y las inquietudes que el mundo actual les crea. Las guerras exprimidas por el capital, la explotación sistemática de la mujer, el veneno continuo de las serpientes que intentar determinar la conciencia de la gente o la necesidad de vender nuestra vida a la circulación del sistema para sobrevivir. Una cruda realidad que logran plasmar en sus composiciones con un notable acierto.