ANTARTICUS.- «Antarticus»

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El debut de los canadienses ANTARTICUS es toda una coctelera de sonidos con un resultado sorprendente. La banda fusiona las vibraciones de la vieja escuela herederas de sus paisanos RUSH para añadirle dosis de vibraciones cercanas a Rage Again The Machine, agitándolas con arenosos ecos desérticos que se complementan con unas gotas de retro-rock bajo una base progresiva en la que no faltan condimentos psicotrópicos, en una combinación imposible que resulta de los más sabrosa. Creando una paleta sonora única llena de riffs con vocación proto-metal, melodías, improvisaciones y sintetizadores de los 80 que por momentos coquetean con momentos A.O.R.

Los espacios psico-progresivos con teclados envolventes nos introducen en misteriosas atmósferas llenas de magnetismo a modo de introducción en «Crystal cavern». Todo un espejismo escuchando los primeros acordes de «Loc​-​Nar I (Den of Earth)». Hard stonerizado con voces heavy-rock con pegadizos estribillos y coros con si de los mismísimos Maiden se cruzaran con Faith No More, Una cadencia repetitiva que se agota bajando las revoluciones a espacios psicodélicos en los que demuestran la calidad y técnica de su guitarrista, así como el buen trabajo del bajo. Efectos sobrevolando con voces inquietantes, que acaban cogiendo fuerzas para darnos una buena embestida de riffs con coros de vocación punk, constituyen un plato apetitoso y variado.  

EL hipnótico bajo de tintes retro que abre «World war», se transformando en riffs stoner con mucho efecto fuzz y acidez en voces enrabietadas. Subiendo y bajando revoluciones, la banda suena con una nitidez tal, que no sabes que instrumento seguir. Siempre bajo unos riffs que pondrán a prueba nuestras cervicales.

Los sonidos más arenosos aparecen cegadores en «Lord of the change». rock alternativo que parte de postulados de finales de los ochenta para fusionarse con ecos del siglo XXI.

Cuando al principio hablaba de una coctelera, no estaba elucubrando. «Cosmic exile» nos hace corroborar que los ingredientes de «ANTARTICUS», son de lo más variopintos. Humeante, y con herencia proto-metal. Psicotrópicos y humeantes, los riffs de las guitarras nos llevan más allá sin anestesiarnos por completo, creando un estado de inconsciencia en la mente, mientras nuestro cuerpo se mantiene consciente y activo, creando un tema lleno de magnetismo en el que las guitarras aúllan cual lobo ante la luna llena.

La apuesta progresiva queda patente en temas de una duración mayor como los de diez minutos de «Curse of king» o «Stonburner». Es aquí donde la banda experimenta con los teclados para ofrecernos atmósferas psico-progresivas, con finos y elegantes solos de guitarra que van descendiendo a prados más apacibles en los que las adormideras nos aturden con sus fragancias. con una técnica envidiable van haciendo ondular el corte, para regresar a intensos momentos de psicodelia más profunda. Caminando por terrenos más puramente heavy-psych acaban intoxicándose a sí mismos con vientos retro procedentes del los pioneros del proto-metal de los setenta por el que acaban siendo aducidos. Partiendo de la misma premisa, «Stonburner», y sus teclados son el punto de partida hacia otro viaje con destino indefinido,. Hipnóticos y atractivos, la innata herencia progresiva de los ochenta se va combinando con momento de hard-psych. voces que parte de otras resonancias, ponen color a un tema que se despeña por suave laderas en las que los sintetizadores nos devuelvan a los años ochenta, y al sonido cercano a postulados A.O.R. Un nuevo espejismo momentáneo   con unas voces y estribillos algo ahogados pero que acaban conquistándonos. Una amplia gama de colores es utilizada para crean un cuadro sonoro lleno de color y luminosidad entre la umbría de algunos momentos. fuera que cualquier estándar musical contemporáneo estamos ante un trabajo en el que seguidores de distintos estilos musicales van a encontrar su propia veta. Una gema que para poder extraer, debemos de escarbar en su interior para lograr el ansiado tesoro, que sin duda lo encontraremos. El giro argumental provocado por el bajo, nos devuelve a momentos retro-stoner con sutiles y finas pinceladas Sabbath. Unos temas terapéuticos que pueden hacer cambiar nuestro estado de ánimo en segundos. Un destacable y original trabajo cuya versatilidad hace que sea muy recomendable su escucha en profundidad. 

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SAGENESS.- «Akmé»

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El trío leonés SAGENESS, nos presenta su segunda entrega con «AKMÉ«, un año y medio después de su alabado debut. Una banda que no necesita cantante para transmitir la infinidad de sensaciones que aporta con sus terapeuticas composiciones. Con unas influencias que van desde Colour Haze hasta Pink Floyd sin desdeñar los ritmos stoner, y estructuras que coquetean con el post-rock. Relajantes a la vez que intensos el trío consigue elevar nuestras almas en un viaje para el que no se necesitan cinturones. Llevando al oyente en volandas por atmósferas de atractiva psicodelia pesada en las que ondulantes vientos stoner hacen acto de presencia incrustándose en gruesos riffs. Una de las claves de  «AKMÉ» está en esos maravillosos momentos en los que las guitarras nos atrapan entre su regazo para acariciarnos cual madre con su bebé. Un purificador relato musical para degustar con calma y apreciar todos sus matices. Hay veces que uno no necesita salir fuera de nuestras fronteras (muchas veces lo he dicho, si, lo sé..) para encontrarse con grandes discos como éste. Los amantes de los sonidos más viajeros podemos estar de enhorabuena con la publicación de «AKMÉ».

En un paseo por apacibles espacios en los que los ecos psico-progresivos dominan la atmósfera, «Andromeda» nos llena de una calma sanadora y reconfortante. Guitarras dispuestas en capas presiden un tema en el que encontramon reminiscencias floydianas en el marco de la psicodelia del siglo XXI de bandas como Colour Haze. bien construido, el tema va engrsando sus riffs según va avanzando.

Efectos de corte espacial dan el pistolezado de salida a un viaje por insondables espacios siderales en «The thought». Efectos varios y un sonido de guitarra que me recuerda a algunos pasajes de Pink Floyd van arrastrándonos a la inmesidad sideral. Suaves y calmados ejecutan el tema más experimental de todo el album.  Las supernovas aparecen ante nosostros por derroteros propios de Colour Haze hasta atravesar una tormenta de meteoritos arenosos. apartir de ahí, entramos en un entorno puramente heavy-psych. Hipnótico interestelar, el corte se disipa poco a poco en la lejanía.

Teniendo en cuenta que estamos ante una banda instrumental,  para completar un disco redondo, no podían faltar los bellos momentos en los que el post-rock más dulce y atractivo hace acto de presencia.»Sizigia» suavemente con los acordes de la guitarra de Dawyz nos va masajeando quitandonos todo el estress que nuestro alma pueda tener. Sin nada que envidiar a las bandas punteras del género, SAGENESS lo vuelve a hacer, regalandonos otro tema lleno de hermosura sonora.

Pacticamente como si fuera una continuación, ahora más centrados en la psicodelia de tintes progresivos, «Ephemeral» vuelve a evocarnos los dictados Colour Haze aderezados con algún efecto espacial. Magnetizantes, los acordes de la guitarra se van incrustando en nuestra mente generando ese estado de bienestar que la múscia puede conseguir. Una terapia sanadora y reconfortante a cargo del sonido del instrumento de las seis cuerdas en una epopeya llena de belleza. Pudiera parecer que el disco solo tiene buenas guitarras, pero la base rítmica está perfectamente ejecutada por un bajo implacable que engrandece sus acordes dando cuerpo a la estructura del tema en un gran trabajo de Michi

«Mindbender»  es el tema más directo y pesado de «AKMÉ». Poderosos riffs stoner y un mayor protagonismo de la base rítmica van construyendo una nueva odisea en la que no falta la sutileza de esos momentos de calma lisérgica. El lado más pesado de los leoneses queda patente en un tema rítmico y más plomizo que el resto del trabajo.

El colofón a este brillante disco lo pone «Hydro». un tema en el que vuelve a aparecer con nitidez el estilo del que Colour Haze es un referente. La facilidad para conjugar resonancias pesadas con fascinantes e hipnóticos pasajes que resultan purificadores para el oyente queda patente en otro corte que vuelve a flirtear con escenarios post-rock. Majestuosos momentos instrumentales que nos envuelven en una burbuja psicotrópica y narcotizante, demostrando que la fuerza no está reñida con la elegancia.

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ELECTRIC FUNERAL.- «The Wild Performance»

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Guerssen Records recupera una de esas joyas perdidas que estuvieron escondidas durante muchos años en algún sótano oscuro y húmedo. Los suizos ELECTRIC FUNERAL grababan allá por el año 1970 un álbum que es una auténtica bestialidad del proto-metal. Estamos ante unas grabaciones recuperadas y remasterizadas pero que mantienen toda la crudeza con la que fueron hechas. Temas en vivo y cintas caseras en las que Edi Hirt (batería), Pierrot Wermeille (bajo), Alain Christinaz (guitarra) y Dominique Bourquin (voz) tocaban el proto-,etal que tanta gloria dió a formaciones como EDGAR BROUGHTON BAND, PENTAGRAM o BLACK SABBATH, de los que incluso tomaron el nombre de su tema incluido en el álbum «Paranoid».
Once temas que son toda una patada en el trasero a través de pesados riffs, voz chillona y las suficientes dosis de psicodelia ácida como para corroer toda lo que tocaran.

Evidentemente la calidad de estas grabaciones deja bastante que desear, pero sin duda, se trata de un documento sonoro del que merece la pena disfrutar.

Lo salvaje de su música, el lugar donde grabaron, y el éxito que los oscuros sonidos Sabbathicos han tenido para varias generaciones, hace que tengan un espacio aquí.

En la edición que ofrece el sello español se incluyen cuatro temas que no estaban en el primer registro en vinilo que se hiczo en el año 1991 en una edición de 200 copias.

ELECTRIC FUNERAL en sus tiempos no encontraron compañía que se decidiera a publicar sus grabaciones, pero al menos como un documento de época, en la actualidad podemos comprobar toda su fuerza.

Si no te importa la baja calidad de sonido y te quedas solo con el contenido, podrás asombrarte de esta barbaridad sonora. Un registro completamente electrizante.

 

MR. BAD LUCK.- «Fata morgana»

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Bandas como los daneses MR. BAD LUCK, y discos como «FATA MORGANA» hacen que DenpaFuzz tenga sentido. Una de esas joyas que hay que guardar en los puestos de honor de la estantería de la psicodelia pesada. MR. BAD LUCK es el proyecto de Daniel Rosenkilde, que escogió el nombre de un tema de Hendrix.. Un músico cuyo propósito es crear música como una forma de expresión. Un músico que le gusta experimentar con distintos sonidos como deja de manifiesto en éste, su segundo álbum.

Riffs retro-stoner sobre una firme base de vibraciones heavy-psych, en los que la guitarra tiene el protagonismo con el infinito uso de wah-wah y pedales fuzz. «FATA MORGANA» es todo viaje más allá de los sentidos a través de sonidos psicotrópicos que nublan la razón y exorcizan tu alma. Una música salida de alcaloides impregnados en psilocibina, mescalina, dietilamida, ayacuasca, peyote o thc. La psicodelia más alucinógena retratada en 6 maravillosos temas, con cegadores momentos que nacen de un riff, y que Daniel va transformando el mismo poco a poco.

Una barbaridad de disco adictivo y narcótico de no deberías pasar sin escuchar.

Con riffs retro-stoner comienza su andadura “Red hot sun”. Psicodelia pesada con una sólida base rítmica y solos penetrantes y aturdidores. Con un buen groovy el tema tiene el suficiente dinamismo como para engancharte con sus riffs pegadizos. Unos sólidos ritmos heredados de los setenta que se ven sorprendidos por sutiles solos de guitarra más propios de Pink Floyd que de una banda de hard-rock.

Con una mística aletargante, la calma y espacios de belleza insondable se ven reflejados en “Fata Morgana”. Fluidos de colores que van cambiando su textura y color en un ritual de fuzz y efectos alucinógenos. Psicodelia apacible en estado puro, que solo se ve violentada por algún riff desértico de harapos retro para poner el nervio. Ensoñadores solos de una guitarra que rebosa acidez. Atrayente, cautivadora, elegante, hipnótica, envolvente…..

Traspasando los sentidos consigue que nuestra mente se nuble en una mirada interior. Haciendo que lo material levite, en un viaje a lo más profundo de la razón. Lisérgia pura aderezada con difusos riffs Stoner.

Con una línea de pulsante bajo, “Jackals”, nos hipnotiza bajo un esquema parecido. Un nuevo tránsito hacia lo irracional o más bien un transito que nos hace perder la razón dejando la música traspase nuestra piel. Una poción de peyote mezclado con absenta y toneladas de thc. Yo me pregunto…. ¿Y estos tipos entran en trance para componer sus temas?  ¿O los componen bajo los efectos de sustancias alucinógenas? Lo cierto es que eso me importa poco teniendo en cuenta el resultado.

Otro hipnotizante corte como es “Skeletons”, viene presidido por un magnetizante solo de bajo que oscila cual péndulo de hipnotizador.

La batería crea el clima ritual antes de que pesados riffs Sabbath luchen en una contienda desigual con solos en pura vena Pink Floyd. Un efectivo contrate entre la fuerza y la sutileza e intensidad transmisora de diferentes estados de ánimo. El corte es todo un conjuro redentor en un exorcismo del alma con visiones de ayahuasca o un delirium tremes. Un atracón de psicodelia tras la ingesta de hongos alucinógenos en un viaje mesiánico que seguramente será más placentero escuchar con algún estimulante.  Cuando el tema consigue haber nublado tu mente, te golpea con portentosos riff Stoner. Con algún pasaje que me recuerda a los Ten Years After más lisérgicos, pero impregnados de vibraciones Stoner. Un tema en el que la banda se lanza al vacío sin red, pero que consigue que su caída sea lenta y pausada cual pluma perdida de ave en su vuelo.

Susurrante, como si quisiera acariciarte, “Lost in The Desert” y sus suaves notas llenas de belleza de una guitarra intercalada entre los arenosos riffs consiguen un mágico tema que poco a poco va adormeciendo tus sentidos. Nuevamente esa simbiosis entre los pesados riffs y la sutileza de la guitarra afilada y anestesiante en otro magnífico ejercicio de heavy-psych.

“Illusions” es uno de esos temas para cerrar los ojos y dejar que la música te lleve. Un jardín del edén se mostrará ante ti llevándote a espacios celestiales. Relajación máxima con bellos pasajes cual suave brisa que mece los cabellos. Una hermosura salida desde el rumor de las notas de una guitarra en la lejanía.  Si el cielo existe, yo creo que debe de ser algo así….

 

DZJENGHIS KHAN.- “Dzjenghis Khan”

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Heavy Psych Sounds rescata el álbum homónimo de DZJENGHIS KHAN que había sido  lanzado en 2007 por el sello holandés Motorwolf. La banda, con base en San Francisco, contó con el bajista Carson Binks (también en Wild Eyes and Saviors), el bateria Tommy Tomson y el guitarra Lane Rider

Este disco refleja la escena musical de esa época y sigue siendo una perla de rock ácido sin pulir. Recuperando el sonido heavy-psych en un momento en el que no había una escena real. Así se han convertido en unos “pioneros después de los pioneros”. Con un sonido sucio en su surcos, ácido, borroso y completamente en bruto. Con un ambiente de baja fidelidad pero que derretirá tu cara con sus fangosos riffs, haciendo que tu cabeza sufra una deflagración de fuzz.    

“Snake bite” abre el trabajo con un ritmo imperturbable de batería y solos corrosivos e incesantes. Una ondulación sobre el poder de los tambores en un tema instrumental que directamente vuela cabezas. 

La esencia hard rock setentera está presente en gran parte de los temas. muchos de ellos, dotándolos altas dosis de ese sucio sonido de Detroit, que se practicaba a finales de los sesenta.

“Wildcat” es un claro ejemplo de ello. Un tema en el que la instrumentación es más densa. Desgarros vocales con mucha influencia blues y una vocación de garage-punk. Una aspereza, con altas dosis de retro-rock, con riffs pegadizos, e incursiones salvajes de una aguda guitarra sobre la densidad del espeso ritmo. Un tema con fuerza y gancho.

Este tipo de sonidos son muy del gusto del sello italiano, donde ya hemos visto repetidas apuestas en este sentido.

La crudeza de los setenta más salvajes se manifiesta en “The widow”. Rock and roll y garaje con ritmos repetitivos como mucho groovy que poco a poco se van engordando.  

Todo un torbellino con una batería básica y matemática a su vez, sobre la que van elevándose riffs como mucha dietilamida en una línea que por momentos recuerda a CREAM vestidos de Johnny Winter, con interminables solos virtuosos. En esa enagenación de riffs, la batería pone orden para retomar la ondulación y el aparente control dentro del caos. Ahí aparecen esas voces gritonas y macarras herederas del garage más salvaje. 

El sonido Detroit, fiel reflejo del desencanto del proletariado de las fábricas de su barrios, vuelve a aparecer en “No time for love”. Un pegadizo ritmo con registros vocales que recogen toda la rabia en un tema en el que el blues está presente. Mucho groovy y toda la crudeza en sencillo y primitivo corte de poco mas de dos minutos.

Con un ligero cambio de tono, “Avenue A”, con ritmos cambiantes en los que los parones y acelerones se suceden, DZJENGHIS KHAN ejecutan un corte que me recuerda a  alguno de los temas más garageros de los alemanes WEDGE. Más anclado en sonidos de los sesenta, pero sin mostrar tanta rabia. Sencillez a través de ritmos y estribillos efectivos y divertidos.

Un pulsante bajo y una diabólica batería nos introducen en “Against the wall”. Otro tema en el que la vocación punk, hace acto de presencia. Voces garageras junto a solos corrosivos son llenan de un frenesí agotador con altas dosis de la psicodelia más dinámica.

Pesados y fornidos riffs aparecen en “Black saint”. Un cambio de registro en las voces ayuda a un tema que muestra un empaque distinto. Si, los ritmos siguen siendo frenéticos y explosivos, pero la voz ahora está más contenida, con una mayor calidez. La suciedad ahora se espesa en pura grasa a través de los difusos sonidos de un riff que se repite hasta la saciedad.

Emulando a Iggy Pop, pero con tintes trágicos y misteriosos, “End of the line”, nos devuelve a un machacón ritmo de bajo, en un sonido mas denso en el que no faltan a su cita los hirientes solos de la guitarra. 

Perdiéndose en una entrada de solos de guitarra y bajo, con unos susurrantes platillos, “Rosie”, vuelve a repetir la fórmula Wedge. Voces sesenteras, sobre una difusa y gruesa instrumentación, sobre la que se van coloreando riffs ondulantes. El incesante bajo marca el devenir de un tema que se va volviendo más lisérgico sobre unos efectos que se olvidan de los ecos garageros, para acabar construyendo toda una jam en la que bajo y guitarra no cejan en su lucha por copar el protagonismo, con la intensa mirada de unos efectos envolventes a lo largo de sus ocho minutos de fuzz rebosante.

Con un completo cambio de registro, “Sister Dorien”, cierra el disco, con una guitarra acústica que en nada se parece a lo que habíamos escuchado hasta el momento. Con el mínimo apoyo de un bajo discreto, construyen un agradable tema a modo de epílogo.

DZJENGHIS KHAN se formó en San Francisco en 1977 por tres jóvenes sabios cuyas identidades han sido objeto de mucha especulación a lo largo de los años. Aunque se han escrito muchos tomos y varios “eruditos” del rock se han llegado literalmente a la locura al tratar de descubrir minucias como sus nombres y colores favoritos, el único hecho acordado por este país son las publicaciones musicales legítimas (el “Big Three”, tal como están ” Lo que se sabe es que ninguno de ellos tenía experiencia musical previa ni sabía lo que era en realidad. El resto es meramente conjetura. A principios de siglo, la banda estaba formada por Binxebus Eruptum en el bajo, Lane Rider en la guitarra y Tommy Tomson en la batería. Se desconoce qué miembro cantó. Ninguno de estos hombres tuvo ninguno de los miembros originales ya que hubo aproximadamente 333 cambios en la alineación en este momento de la carrera de la banda, pero esta cifra ha sido ampliamente discutida. Convencidos por el empresario holandés Guy Tavares de abandonar sus vidas en S.F. y mudarse a Den Haag (Holanda) en 2007, la banda grabó lo que se convertiría en su penúltimo L.P. que fue lanzado por Motorwolf y Leafhound Records.

Estas compañías se declararon en bancarrota y la mayoría de las copias del lanzamiento se destruyeron poco después; y ahora son recuperadas por el prestigioso sello Heavy Psych Sounds