Reseña: SIENA ROOT.- «The secret of our time»

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Tres años después de la publicación de su último álbum «A DREAM OF LASTING PEACE», los retro-rockers suecos SIENA ROOT publican «THE SECRET OF OUR TIME», sin dejar de ser fieles al sonido que les lleva caracterizando desde hace veinte años. Creando cada canción de forma diferente consiguen que todo encuadre, siempre  intentando desarrollar y encontrar formas nuevas para ser creativos y de no hacer lo mismo una y otra vez. Seguramente estamos ante el álbum más logrado en años por una banda que continúa reinventándose constantemente. Un álbum conceptual, sobre la naturaleza humana y la relación con la tecnología y la realidad artificial en el que el blues, el soul y el folk aparece entre desarrollos más progresivos sustentados por su habitual sonido retro rock. Temas que nos seducen con vientos west-coast  y en los que conjugan las voces de dos magníficas cantantes como Zubaida Solid y Lisa Lystam, y que ha contado con la colaboración de grandes músicos como Stefan Koglek (Colour Haze), Johan Borgström o Lisa Isaksson, al margen de la habitual colaboración con KG West. Equilibrando los temas entre los riffs más pesados y la dulzura de suaves pasajes, siempre con la inestimable ayuda de la dupla de cantantes, nos ofrecen canciones llenas sentimiento. Con temas dinámicos, que son contenidos por dulces melodías dotadas de  una belleza aderezadas con esos tonos vintage que el órgano purpleliano siempre aporta. Si, SIENA ROOT abrieron nuevos horizontes en la escena retro-rock, y dos décadas después siguen estando en lo mas alto de la misma.  

Cada canción versa sobre diferentes temas relacionados con el ecosistema, donde la humanidad juega un papel importante. Además, el álbum articula una dura crítica a las respuestas rápidas y digitales a temas existenciales y filosóficos complicados. A pesar de las actuales crisis sociales, económicas y ecológicas causadas por el hombre, la humanidad juega un papel importante en el ecosistema de la tierra. Es la fe en la humanidad y en su inteligencia orgánica la clave para resolver las actuales crisis sociales, económicas y ecológicas.

Con una introducción pseudo-espacial, «Final stand» da paso al rock clásico que lleva caracterizando a los suecos desde sus inicios. La poderosa voz de Lisa se acompaña con pasajes de hard progresivo en los que el órgano y ciertos efectos que contrastan con los pasajes vocales. Si algo tiene este álbum que le hace destacar de sus últimos trabajos es la dupla de voces femeninas de Lisa y la nueva incorporación Zubaida. Con un buen tempo, el tema se muestra sólido a la vez que atmosférico. Sus potentes momentos hard elevan el tema para mostrar a la banda en toda su plenitud.  Al margen de la sólida base rítmica, las guitarras aparecen puntualmente, pero siempre con brillantez.

Por la senda del blues-rock y con una clara vocación retro-rock, «Siren song» con sus cadenciosos tonos vintage, y la fantástica combinación de voces,  resulta un corte de lo más pegadizo. El característico órgano purpleliano aparece entre finos y estilizados solos de guitarra para conseguir un corte redondo. Con cabalgatas sonoras o con momentos puramente blues, el tema van ondulando constantemente. 

«Organic inteligence», uno de los temas que la banda nos adelanto hace semanas, está dominado por esa sensualidad que le aportan esas voces femeninas. Unas voces maravillosamente combinadas entre tonos vintage y que por momentos me evocan al registro de la mismísima Janis Joplin. Como si estuviéramos a comienzos de los setenta, los coros angelicales explotan con rabia. Sencillamente genial, el tema por si mismo hace que el álbum merezca la pena. Este es el sonido con el que los suecos se han forjado su leyenda como pioneros del rock con raices de los setenta.

Entre vibraciones mas propias del folk psicodélico, «Mender«, con sus susurrantes pasajes comandados por ese incisivo órgano retro parece querer elevarse. Un espejismo que se reafirma en la vocación sinfónica de sus ondulantes riffs. Samir, con su bajo mantiene el tiempo del corte, mientras el bucolismo vocal va tornándose mucho más adormentado al inclinarse hacia el blues. Con intensos momentos en los que la guitarra  aúlla cual lupus mirando a la luna, el derroche de sensualidad vocal hace que el tema nos arrulle en un canto de cuna de lo mas gratificante. Un bello tema lleno de matices.

Si en el conjunto del álbum, encontramos la faceta más folk y progresiva de los últimos tiempos de la banda, el hard-rock energico también tiene cabida. «In your head» parte vital con wah wah y ritmos más pesados que dejan espacio al lucimiento de la guitarra. El omnipresente órgano, en un segundo plano evoca a Purple como pocas bandas lo saben hacer. De la intensidad inicial, el tema reposa en la dulce voz por acolchados y seductores momentos. Los tonos folk se combinan con pasajes más progresivos por apacibles entornos llenos de frescura y una cierta melancolía. Si las voces duales en muchos momentos del álbum, la dualidad de órgano y guitarra aquí adquiere una nueva dimensión.

Divertido y lleno de frescura, «When a fool wears the crown»,  serpentea por espacios retro rock que acaban siendo seducidos por el registro blues de la voz. los coros pegadizos y el estribillo, así como el colorido ritmo nos traslada al corazón de los setenta.   Desde la sencillez, SIENA ROOT es capaz de construir temas de lo mas atrayentes, siempre incorporando algún elemento nuevo, aquí los virtuosos solo tanto de órgano como de guitarra nos hace viajar en el tiempo a la época dorada del rock.   

«Daughter on the mountains», con sus bucólicos pasajes adornados con el sonido del sitar, camina entre acolchados prados mecidos por una suave brisa. La sensualidad vocal y los bellos acordes exóticos, nos llevan a campestres espacios en los que la voz, camina entre alfombras west-coast en línea Grace Slick. Aterciopelado y con un aura de misticismo, el lado más sensual y seductor se ve reflejado con brillantez. Uno de esos temas que acaba poniendo los pelos de punta con todo el sentimiento que trasmite. 

Nuevamente el sonido del sitar aparece en «Have no fear». Sobre laderas folk psico-progresivas, la banda construyen el tema más experimental del álbum. Múltiples efectos y teclados atmosféricos. Tras los pasajes vocales del comienzo el tema se sumerge en una exploración instrumental que se aleja de la vocación de los cortes precedentes.  Aun así, el principal activo del álbum sigue apareciendo con esas voces con sabor a miel. 

Cerrando este fantástico trabajo, «Imaginary borders», parte de pasajes sinfónicos rebosantes de bucolismo en vena west-coast para caminar lleno de sensualidad antes retomar los pegadizos riffs retro rock tan característicos de SIENA ROOT.  Otro tema con bellos momentos llenos de romanticismo con floridas melodías y una flauta en segundo plano que suaviza el ímpetu. Una atmosférica instrumentación escondida en forma de pseudo-balada  que se eleva con mesura. como si estuviéramos en el verano del amor, el tema irradia un optimismo y buen rollo muy apetecible.  También nos ofrece buenos momentos de guitarra entre la envolvente brisa y derroche vocal. 

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Reseña: THE THIRD MIND.- «The Third mind»

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THE THIRD MIND es el proyecto de dos veteranos músicos de la escena californiana como Dave Alvin (THE BLASTER, X) y el multinstrumentista Victor Krummenacher (CAMPER VAN BEETHOVEN, CRACKER, MONKS OF DOOM) a los que se unieron David Immergluck (CAMPER VAN BEETHOVEN, COUNTING CROWS, MONKS OF DOOM) y Michael Jerome (RICHARD THOMPSON, BETTER THAN EZRA). para crear esta maravilla de debut que ve la luz vía Yep Roc Records. Un álbum hecho con la máxima de «Juntémonos y hagámoslo» y que refleja la frescura de unos grandes músicos dejándose llevar por su libertad creativa recuperando la banda sonora de su adolescencia y que se criaron a la estela de los sonidos west-coast, algo que queda completamente patente en los cinco temas del álbum. Jams psicodélicas hechas con ternura y espontaneidad sobre versiones de músicos tan dispares como la cantante de jazz Alice Coltrane, el músico folk Fred Neil, o la maravillosa folky canadiense Bonnie Dobson, BUTTERFIELD BLUES BAND, Roky Erickson y sus 13TH FLOOR ELEVATORS, y la esencia de las versiones que de alguno de ellos hicieron GRATEFUL DEAD o IT’S A BEAUTIFUL DAY manteniendo el espíritu del verano del amor. Con Hendrix como referente y la libertad de ejecutar las canciones sin ataduras, ofrecen su particular visión lisérgica de estos temas, tiñéndola con pinceladas jazz o folk. Una alocada idea con un resultado exquisito. Las palabras para describirlo sobran, ya que estamos ante un álbum sencillamente MARAVILLOSO que lo que pide es escucharlo con atención y empaparse de toda la sensibilidad y calidad que contiene.

«Journey in Satchidananda», Con momentos drone de pausada psicodelia teñida con borboteantes efectos a modo de introducción se va construyendo un tema en el que el cadente bajo camina lentamente entre una psicotrópica neblina. Con el jazz como argumento, la banda transforma el tema en un espacio para la experimentación lisérgica. Esto es una constante en todo el álbum. Los acordes se van sucediendo con una parsimonia completamente narcotizante.

Con esa misma vocación psicodélica, se atreven desde e un reconfortante sosiego a versionar «The Dolphins», tema de Fred Neil, versioneado previamente por  músicos de la calidad de Tim Buckley. Linda Ronstadt, o It’s a Beautiful day. Embarcándose en un viaje que recupera los bucólicos sonidos west-coast de los californianos con cálidos y reconfortantes registros vocales. Entre delicados coros angelicales, el manto psicodélico envuelve un tema de inequívoco carácter folk. Menos luminoso que la versión original, aquí los tonos grises predominan entre pinceladas coloristas. Lo cierto es que, aun manteniendo la esencia del original, consiguen transformarlo en un plácido paseo por la psicodelia más florida.

El siguiente tema, «Claudia Cardinale», original de la banda, mantiene la línea de los cortes precedentes. Con ecos de guitarra clásica evocadores del Concierto de Aranjuez y una guitarra con un sonido que me evoca a Carlos Santana en modo sinfónico, consiguen mantener el halo lisérgico entre pasajes sinfónicos. El corte supone un magnifico escenario en el que su guitarrista puede desarrollar toda su técnica entre tenues atmósferas.

Ahora tomando como referente a Grateful Dead, «Morning dew», el tema original de Bonnie Dobson. se viste de cálidas voces en vena folk para generan un susurro placentero con medidos acordes interpretados desde la pausa. Nuevamente el bucolismo más reconfortante nos acaricia con sus sedosas texturas. Una voz que no tiene nada que envidiar a grandes del folk como Joni Mitchel, o la misma Bonnie Dobson nos masajea con delicadeza entre brillantes solos de guitarra que vuelven a certificar el buen hacer de su guitarra. La belleza en estado puro sobre aterciopelados pasajes vocales. Ciertamente, al margen de la particularidad de la voz, el tema mantiene con acierto la esencia de los Grateful Dead en su dorada época del verano de amor con sus hecHizantes y mágicas voces y un crescendo que evoluciona con sosiego, sin prisa.

Con un aparente giro en su propuesta, Butterfield Blues Band son homenajeados con «East West». Dieciséis minutos en los que el blues se une a la fórmula psicotrópica que con tanto acierto ejecutan. Tomando el formato de una jam ácida la improvisación hace acto de presencia sobre cadenciosos y efusivos ritmos. La larga duración del tema deja espacio al desarrollo de una bacanal de alucionóigenos en la que los lisérgicos pasajes se adornan con el sonido de la armónica. Evidentemente estamos ante un tema de blues, y ese elemento no podía faltar aquí al ser una de las señas de identidad que dio gloria a Paul Butterfield en aquella aventura junto a Mike Bloofield. Este pequeño giro no es un obstáculo para que mantengan el listón en una ejecución rítmica implacable a la que nada le frena. Manteniendo esa vocación west-coast, el corte fluye entre las aguas del blues que su funden con corrientes psicodélicas muy en la línea de Grateful Dead.

Dando un nuevo salto al vacío, «Reveberation», el tema de 13th Floor Elevators«adquiere una dimensión más pesada. Con el blues en el horizonte se alejan del bucolismo mostrado en los temas anteriores para ofrecer un tema mucho más corrosivo. Sucios sonidos que nos intoxican en esa línea garaje-rock que mostraron los de Texas en sus tiempos de gloria.

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Reseña: WONDER EN IS GHEEN WONDER.- «Wonder En Is Gheen Wonder»

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Cuando una banda es capaz de apostar por vibraciones retro rock stonerizadas sobre estructuras de hard-progresivo y son capaces de incorporar ácidos elementos psicodélicos, blues e incluso algún retazo jazz, es que algo va bien. Si encima añades el penetrante sonido de un órgano asesino y unas brillantes guitarras, la tormenta perfecta está servida. Existiendo en escenarios vintage los largos temas grabados en directo se moldean, retorciendo su figura bajo vestimentas teñidas con los ecos más progresivos de Ten Years After o con la garra vocal de Eric Burdon en modo ahogado. Verdaderos desgarros revestido de pegadizos riffs que por momentos se desangran. Arropados por un órgano heredero de John Lord, los italianos se zambullen en temas de blues ácido y psicotrópico para reposar el viaje en cómodos sofás progresivos. Una fusión que resulta de lo más atrayente para los amantes del rock de antaño. Si bien, como en tantas otras bandas hemos visto, son capaces de dotar a su sonido de una frescura y pesadez contemporánea. Siempre bajo una idea de que los temas suban y bajen laderas en las que su intensidad va variando. Solventes en los momentos más contundentes y sutiles y experimentales en los soplos más psicotrópicos. Tras ese extraño nombre en holandés cuya traducción es “Maravilla y más allá de la maravilla” (o algo así), como si de un acertijo se tratara, lo cierto es que consiguen componer temas maravillosos, que van más allá de los que antepasados del rock de los setenta  nos ofrecieron, con una visión mas acorde al siglo XXI.

“Indolence” abre con la fuerza de un huracán con poderosos riffs retro, una ahogada voz con vocación heavy-rock sobre pegadizos ritmos que se moldean. Una apuesta de particular hard-rock que pasa por distintos estados de ánimo incrustando desgarradores y oscuros momentos blues. Un tema que se moldea para pasar por distintos estados de ánimo. Tras la tempestad y distintos solos diabólicos, el bajo nos golpea en ese segundo plano antes de incorporar un penetrante órgano retro que colorea con tonos vintage la esencia blues en las que los sumen los italianos. La Banda da lugar a una exploración psico-progresiva dominada por las cuatro cuerdas que se moldea y retuerce hasta retomar la senda inicial por caminos retro- Stoner.

Rumoroso y narrando el misterio una breve introducción en “Reachin the being” desata las hostilidades retro-rock. El serpenteante órgano nos atasca en una melodía repetitiva que arrastra a la guitarra.  Contoneándose y seductor, a la vez que ácido, los ecos de los setenta sirven de escaparate para el lucimiento de la guitarra. Espacios psico-progresivos. Llenos de fuerza, todo parece estar estudiado con esmero. El virtuosismo surge con elegancia en un cálido y reconfortante entorno de hard-progresivo.

Sin salirse de los entornos hard-progresivos, “Magic clover” se desenvuelve en acolchados acordes con voces susurrantes en una experimentación lisérgica que se perfila sensualmente hasta explotar en festivos ritmos hard-rock. Las reminiscencias de mediados de los setenta de bandas como Ten Years After quedan patentes. Pura mierda setenta que nos invita a la acaba invitándonos a toda una del rock and roll en su parte final, en la que la banda se encabrita. Uno de los mejores temas de todo el álbum.

El blues rock tiene su espacio en “Jane”. Otro tema con aroma a setentas en el que el órgano tiene su peso entre la frondosidad de las guitarras y una voz ácida pero cálida a su vez. Aquí percibo alguna reminiscencia del Eric Burdon más salvaje en su sonido.

“Rakshabandhan dope” sigue oliendo a blues y hard rock. Su frescura inicial da paso a espacios heavy progresivos en los que todo se vuelve más turbio. En esta ocasión casi prescindiendo del órgano en la mayor parte del tema, sus últimos minutos recuperan ese sonido en momentos más experimentales.

Mas de ocho minutos sirve de alfombra a un tema de blues ácido en pura vena Ten Years After en “Unni”. Acolchado y sin estridencias, el tapiz sonoro se llena de diferentes tonos. Monumental y ostentoso, los espacios psico-progresivos se atacan con una contundencia inicial que da paso a insondables atmósferas en las que los psicotrópicos nos envuelven con narcóticos pasajes que se van oscureciendo según avanza el tema. Una cueva hard-progresiva en la que los efluvios ácidos nos invaden en una evolución similar a la de los temas anteriores.

Impactante, el órgano se conjura con la guitarra para ofrecernos a base de trallazos y parones en punto de partida a otro tema de clara vocación retro. “Dance on the firefly”, con mil requiebros acaba encontrando el camino a base de riffs repetitivos con ciertos aires exóticos. Es difícil encontrar sonidos así en bandas contemporáneas, por lo que el atrevimiento de los italianos es digno de admiración. Si algo tiene esta banda es la facilidad para moldear los temas y llevarlos a distintos estados de ánimo. Aquí claramente acaban sumergiéndose en un blues ácido de muchos kilates en el que las hirientes guitarras se retuercen hasta el infinito bajo la atenta mirada de bajo y un órgano más templado en esta ocasión.

Cerrando el álbum nos topamos con otro tema que se presta a la experimentación. “Scylla and charybdis” toma el blues como referente para dejarse llevar por sus instintos psicodélicos en una tortuosa travesía.  Pesado, ácido, progresivo, hard; todo es bueno para construir un tema monumental y exuberante. Aquí los efectos nos aturden en eses entornos de experimentación hard-progresiva en los que los psicotrópicos están muy presenta. Posiblemente el tema más denso del álbum que acaba en una bacanal de sonidos aturdidores que se soportan en una compleja estructura.

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Reseña: DEWOLFF.- «Tascam tapes»

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La primera vez que ví sobre el escenario a DEWOLFF tuve la sensación de haber hecho un viaje en tiempo a la California de finales de los sesenta. Tres jovenzuelos ataviados con pantalones de campanas y camisas de flecos con largos abrigos reflejaban por su aspecto su verdadero leitmotiv musical y una forma de vida. Lo vintage está más de moda que nunca, pero estos chicos han sabido reflejar en sus álbumes los sonidos analógicos como pocos. «TASCAM TAPES», el séptimo álbum del trío, va más allá en su vocación por recuperar los sonidos de los setenta llevándolos al extremo de crear un álbum con unos recursos mínimos. Ellos mismos definen su álbum así: «Grabado en el camino por menos de 50 dolares y con un sonido como si fuera de un millón de dolares». La aventura parte de grabaciones efectuadas durante su última gira, bien en el autobús de la banda, en hoteles, entre bastidores en clubes o simplemente en algún lugar al borde de la carretera con una grabadora analógica Tascam Porta Two de cassette que el propio Pablo compró por menos de esos 50 dólares. Los temas están tocados utilizando solo una guitarra, un micrófono, y una muestra con varios ritmos de batería almacenados por Luka van de Poel y un sintetizador antiguo alimentado por batería. Sin hammond, sin amplificadores y sin batería. El resultado es un álbum fresco y sencillo con temas cortos que toman elementos blues, soul, rock clásico en los que se perciben aromas sureños y que quita la razón a quién dice que sin grandes produciones no existe el éxito. Para ellos, el exito reside en su naturalidad y autenticidad. Algo diferente y divertido para los músicos holandeses con un gran protagonismo de los registros vocales y los coros. Con esa austeridad de medios, no podía ser de otra manera, los holandeses ofrecen un interesante álbum para una banda que parece haber nacido en el momento equivocado, pero que desde su precocidad han ido asentandose y consiguiendo cada vez mas adeptos a su causa. 

Poco mas de media hora de música en un invento arriesgado, pero en el que los múscios se muestran relajado, sin ataduras. Una especie de broma con un resultado curioso y apetecible en el que DEWOLFF siguen siendo muy reconocibles. Retro rock en estado puro, sin aditivos y con el blues presente en casi todos los cortes.

«Northpole blues» parece incidacarnos el camino que va a recorre el álbum. Blues en tonos sureños con registros que me recuerda un híibrido entre Edgar Winter y Dave mason en su etapa americana.  Inevitables coros con falsetes en un sencillo tema lleno de frescura como el resto de los temas del álbum. Saliendose del guión con extraños efectos en su parte final. que aportan un halo psicodélico.

La contagiosa y pegadiza «Blood meridian» se muestra más rock con unas guitarras más contundentes y un alma soul-rock que recuerda el sonido de finales de los setenta.

Cambiando el registro hacia tonos funk, «It ain’t easy» con el bajo dirigiendo el tema, aparece apacible y acaramelado en sus melodías vocales sin faltar esos solos finos y elegantes.

«Rain» se muestra en forma de pseudo-balada bajo tonos melancólicos y algún coqueteo jazz. Susurrante y pausado el tema vive entre tonos grises.

El blues e incluso algún momento country rock, sirven de soporte a «Made it to 27».  Los aires sureños se tiñen de coros negroides con algún escarceo blues soportado sobre la caja de ritmos. 

Saliendo de alguna manera de la vocación retro pero sin renunciar al sonidos vintage, «Nothing changing» incide en la apuesta soul con duetos vocales más propios de finales de los ochenta. Casi discotequera, la caja de ritmos crea un sonido más completo.  

«Let it fly»  transita por la senda del funk y del soul. Un corte fresco y divertido que despide destellos luminosos.

Con sonidos rudimentarios en linea Seasick Steve, «Blood meridian II» se adorna con con el sonido de la cja de ritmos y efectos que hacen mutar su vocación hacia una modernidad que parece alejarse de su apuesta vintage.  Un atractivo corte nacido de la precariedad con magníficas voces y ritmos pegadizos.

El blues de ojos azules que había intuido en alguno de los temas anteriores se adorna como solos hirientes y registros soul en «The Awesomeness Of Love». El tema suena más comtemporaneo a pesar de su espíritu blues gracias a los efectos sintetizados.

Siguiendo esa estela del blues de ojos azules, «Love Is Such A Waste»  con una vocación funk, destaca por su insistente ritmo y por la acaramela voz que nos masajea y seduce bajo una hipnótica linea de bajo. Parece aparecer en un segundo plano el sonido de un órgano retro que envuelve el tema en un manto de calidez sin perder su luminosidad.

Una magnifica balada construida sobre medios tiempos y una melodía vocal llena de romantiscismo encontramos en «Am i losing my mind». Un tema para acercarte a tu pareja y susurrarla al oido mientras la acaricias. Bello y apacible tema  con espacio para reconfortantes acordes de guitarra apollados en un sinfonismo que no llego a atisbar su origen. Un tema cautivador.

Como cierre del album los alegres tonos funky de «Life is a fish tank» parecen fluir de un dia luminosos. Un tema que contagia optimismo y en el que incorporan efectivas armónicas. Guitarras incorporadas con mesura completan otro atractivo tema.

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Reseña: ZEREMONY.- «Acoustic sessions»

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Atrapados por el espíritu de los setenta, el trío alemán ZEREMONY nos sorprende con un segundo álbum en este año. Se trata de un trabajo acústico en el que recuperan versiones de temas ya publicados como «She sang a Song to me», «You are evil», «Oak leaves» o «Where have you been?» dándoles un nuevo enfoque desenchufado sin que por ello pierdan en absoluto su esencia, y en el que también encontramos temas nuevos interpretados de forma acústica. El nombre del álbum es lo suficientemente obvio como para mas explicaciones, lo que sí habría que resaltar es que los temas no pierden un ápice de su espíritu indomable por este sosegado enfoque. Pocas bandas en la escena retro-rock saben tener su estilo propio reflejando las vibraciones de los dorados años setenta sin tratar de ser un clon. Como gran aliciente, los temas inéditos nos hacen intuir como podrían sonar esas versiones electrificadas. Aquí el peso de su profundo órgano desaparece respecto a lo que habíamos comprobado en sus anteriores álbumes, pero sin embargo «ACOUSTIC SESSIONS» es todo un escaparate para la fantástica voz de Ilja Schneider, apareciendo con toda su garra. 

«Vintage boogie» un tema inédito, se sustenta en los dulces acordes de la guitarra, con un aura especial creado por el sonido del acordeón (o al menos es lo que intuyo). voces desgarradas que se modulan con maestría sobre la sencillez de la guitarra acústica.  contagioso en su ritmo el tema oscila entre pausados momentos con elevaciones en la que la garra vocal de Ilja deja patente todo su potencial bajo esos tonos retro que tan bien saben ejecutar. 

La versión del tema incluido en su álbum «SOUL OF CEREMONY», «She sang a Song to me», no desmerece de la original. Manteniendo el ritmo de la versión eléctrica, el órgano es sustituido por ese acordeón dotándole de una rudeza rural que no le hace perder su espíritu. 

«You’re evil» un tema eminente psicodélico, pierde en esta versión la acidez para mostrarse mucho más melancólico y atormentado que en la toma original de su primera «DEMO», correspondiendo todo el peso a la desgarrada voz de Ilja, que por sí misma se echa el tema a sus espaldas. 

Los tonos retro de «Oak Leaves» y su espíritu hard-rock, se visten de sonidos folk sin perder la cadencia ondulante. Con aromas del medio-oeste el resultado es un tema que recupera la música tradicional con un aire festivo y contagioso en su ritmo.

«Secret Shelf» sigue la estela del tema anterior por la senda de una especie de country-rock con alma de blues sureño. El aroma de los pantanos se percibe en sus notas con el sonido del acordeón marcando el devenir del corte.

Otro tema nuevo, «Devilman» sigue anclado en los sonidos americanos, mostrando garra y fuerza en su aparente apariencia sencilla.  

Desgarradores momentos de blues y boogie-rock campestre nos ofrece «Into de fire». La habitual agilidad del ritmo hace que a pesar de estar ante un tema acústico, su interior se encuentra lo suficientemente fornido para resultar un atractivo corte en el que la desgarradora forma de cantar presagia un gran potencial. Un tema que me gustaría escuchar en una versión electrificada. 

El blues-rock de tintes retro de  «Where have you been?»  tiene su sitio aquí. La misma estructura y ritmo pero en tonos más calmados. Con un carácter distinto va elevándose en ese sinuosos serpenteo  sobre esa cadencia repetitiva que es modulada por la hiriente voz. Todo un derroche de sentimiento.    

El peso del acordeón marca el devenir de «I Want You Tonight» en su apertura. Un tema de puro hard-rock en su versión desenchufada. Garra y fuerza en un corte divertido y dinámico a pesar de su presentación. Rock clásico de muchos kilates en sus surcos lo sitúan entre los destacados del álbum. Esperemos que pueda tener su versión electrificada próximamente por que su calidad lo merece. 

En modo balada campestre, «I got this feeling» nos seduce por la senda de música «americana». Lánguidos pasajes en un tema que no parece ser una simple versión acústica, sino una canción que ha nacido así desde el inicio. Los acordes del piano protagonizan un susurrante y aterciopelado tema con sabor a setentas como el resto del álbum. 

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