THE LUNAR EFFECT.- «Calm before the calm»

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Los londinenses THE LUNAR EFFECT nos presentan un maravilloso debut de larga duración en el que nos ofrecen buenas dosis de rock psicodélico de altísima calidad. Uno de esos discos de los que tras los primeros acordes y las primeras voces, quedas atrapado entre su surcos. Con una sección de ritmo prieto, una entrega vocal impresionante y un enorme arsenal de guitarras sabrosas y profundas. Una versión moderna del rock firmemente arraigado en los años setenta con regusto blusero. Si en su EP «STRANGE LANDS» ya nos sorprendieron, ahora consiguen que nos hagamos adictos a su música. Con «CALM BEFORE THE CALM» golpean con fuerza la puerta de los lugares más altos dentro de la escena de la psicodelia pesada.

Un trabajo en el que el blues está muy presente en temas como «Woman». A través de una psicodelia de tintes chamánicos, se esparcen vibraciones blues con una voz penetrante y cautivadora. Si a esto unimos una cadencia y melodía contenida, el cuarteto hace que toda su rabia se transmita en un tema lleno de sentimiento. Potentes e incisivos riffs inundan nuestra sensibilidad con un elixir diabólico y narcotizante. 

Esa herencia de blues psicodélico se ve reflejada en cortes como «Call it in», en el que suaves y enigmáticos acordes de bajo nos introducen en oscuros espacios de los que salen solos chirriantes y corrosivos. Una acidez intrísica en los temas del álbum. Sobre territorios retro-rock la banda derrocha todo su groovy setentero en entornos lisérgicos. Sigilosos, sua acordea se van elevando con poderosos riffs y desgarros vocales. Una aureola de fuzz humeante y aturdidor hace el resto. Si ya en el tema anterior se intuian registro vocales cercanos a Jim Morrison, aquí quedan mucho más patentes. Casi recitando, alguno de sus pasajes  generan la suficiente tensión como para tenernos alerta ante la rabiosa explosión final. Mucho más doorsianos si cabe, en «Weaver», a ritmo lento, van construyendo un corte en el que los desgarros de Josh Gosling, su vocalista siguen estando presentes. Con ritmo de blues desde el bajo de Brett Halsey y la batería de Dan Jefford, los pedales fuzz de la guitarra de Jon Jefford, nos intoxica con narcóticos y extasiantes pasajes.

«Daughter of Mara» partiendo nuevamente de un susurrante bajo, el Morrison más chamánico hace acto de presencia reivindicándose como el «Principe Lagarto» (rey Lagarto solo hay uno). Desde ese estado de calma tensa explotan voces desgarradas en unos lamentos llenos de desasosiego sobre narcóticos y magnetizantes tiempos medios. Aquí la voz es protagonista absoluta con sus ecos y reverberaciones. Unas nebulosas envolventes en las que el bajo y la batería van alargando su sombra para llegar a terrenos de puro heavy-psych.

Si el blues es una de las bases de LUNAR EFFECT, «Deep blue sky», sin renunciar a él, sigue dando muestras de la influencia Doorsiana, en un oscuro corte que no reniega de algún postulado Sabbath.

Sobre esquemas de rock setentero stonerizado, las ahogadas voces habitan en «Stare at the sun» junto a pesados sonidos con una estela desértica sobre la que surfea entre sucios sonidos y mucho fuzz así como distintos efectos. Aquí la banda deja muestra de su energía hard-rock en detrimento pistas más viajeras. 

No me canso de repetir que hay una gran diferencia entre las bandas denominadas como «retro rock» y las bandas que gustan sin más, de sonidos típicos de los setenta. Las etiquetas a veces sirven de muy poco cuando te encuentras tanta calidad junta en un disco. En cualquier caso, lo verdaderamente importante es la música y no las etiquetas. «Filterdog» podría ser un ejemplo de lo que digo. Hard y blues con influencias ácidas, coros, voces y riffs que se hacían en la década de los setenta, si, pero que hechos con la honestidad con la que éstos londinenses lo hacen, son siempre de agradecer y sobre todo, de disfrutar. Si la voz de Josh se parece a la de Jim Morrison, pues mucho mejor. No se trata de comparar, sino de gozar, y estos chicos consiguen que lo haga en un tema que tiene muchos matices.

El álbum cierra con el corte que le da nombre, «Calm before the calm». Seguramente no se pude ser más explícito. Un tránsito por apacibles senderos en el que la banda cambia las guitarras que derrochan fuzz por momentos acústicos en los que la apacible y sensual voz nos va seduciendo sin perder un ápice de fuerza. Susurrante voces femeninas aparecen en escena sutilmente, mezclándose para obtener una especie de balada doorsiana en la que la magia está presente. Aderezados con algún acorde de piano, se genera un atractivo y cautivador corte que recuerda a algún momento  de los albores de los sonidos progresivos de su Londres natal. El lado más tierno de LUNAR EFFECT se manifiesta en los seis minutos del tema. 

Una banda que por momentos puede parecerse a alguna otra, pero que tiene una personalidad a prueba de comparaciones. ¡¡Sobresaliente disco!!

«CALM BEFORE THE CALM» está disponible via Kozmik Artifatz.

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SPIDERGAWD.- «V»

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Una de las bandas más destacadas en el panorama noruego, SPIDERGAWD parecen ir a contracorriente, con una involución en su creatividad compositiva. A un disco por año, su sonido ha ido modulándose  hasta llegar aquí. Prolíficos como pocos, nos presentan un álbum que es puro hard y heavy rock sin complejos. Un disco que huele a sudor con sus poderosos riffs, pero un trabajo en el que las melodías están mimadas con esmero. Recuperando con su propia identidad vibraciones que ya nos regalaran Kiss, Iron Maiden, Grand Funk, Thin Lizzy, Motorhead, Q.O.T.S.A, etc… y fusionándolos con momentos Tempest. Con la habilidad suficiente para que sus canciones no resultan nada anodinas, SPIDERGAWD construye temas que pudieran convertirse en himnos aportando sangre fresca a un panorama saturado de propuestas cortadas por el mismo patrón. La inclusión de el saxo Rolf Martin Snustad en alguno de sus temas les dota de una versatilidad y un atractivo mayúsculo. Aunque siguen la estela de las reverberaciones heavy-rock de los ochenta y del hard más sudoroso de los setenta, «V»  es una atractiva propuesta huyendo de composiciones con sabor rancio.

«All and everything», el tema con el que se abre esta quinta entrega, es de esas canciones que en otros tiempos hubiera sido considerado todo un himno, y quién sabe si ahora también. Estribillos pegadizos de los que no puedes dejar de tararear durante días tras su escucha, unido a una energía que no está reñida con la calidad creativa hacen que estemos ante unos de esos temas perfectos. Con una introducción a cargo del saxo, para dejar paso a leves ecos de Grand Funk o de las formaciones más punteras de la escena del hard más pesado de finales de los años setenta o de los primeros ochenta, cuando el heavy-rock estaba en su pleno esplendor, construyen un corte con cuidadas melodías sobre una base rítmica comandada por la implacable batería de Kenneth Kapstad . Esa batería que se convierte, desde mi punto de vista, en el verdadero pilar de la formación. Estribillos y coros que se incrustan en nuestra cabeza sin que podamos escapar hacen el resto para que «All and everything» se convierta en el estandarte de este nuevo trabajo. Si a eso unimos un cierto aura progresiva en sus composiciones, que, aunque más leve que en sus anteriores discos,  la tormenta perfecta está formada.

Solos afilados en pura vena heavy-rock se combinan en «Ritual supernatural» con unas atractivas melodías, tanto vocales como en la composición, para crear un tema que parece una fusión de Thin Lizzy hacia postulados A.O.R. Aderezados con solos de guitarra virtuosa y una densa instrumentación hace que el corte no baje el pistón.

Si antes comentaba que la batería juega un importante papel, no menos importantes es la voz de Per Borten y los coros que la acompañan.

El sonido de Kiss se siente en «Twentyfourseven». Rudas voces y menos melodías en uno de los cortes más duros. Conjugando heavy-rock con sonidos desérticos. Un tema áspero y profundo.

Tras la tempestad, los noruegos nos dan un fugaz respiro con los primeros acordes de «Green eyes». En realidad se trata de un pequeño espejismo en el que nos muestras su lado más oscuro tras difusos riffs sobre esa impactante batería. Esparciendo fuzz a diestro y siniestro, van engordando un corte con su rabia habitual envuelta en una nebulosa arenosa. 

Atmosféricos, oscuros y pesados, «Knights of C.G.R», supone el regreso a escenario heavy-progresivos de gran calado. Una faraónica composición que sigue incidiendo en la apuesta NWOBHM. Muchos son los alicientes que tiene «V», un disco en el que no faltan riffs retro-rock, con el el caso de «Avatar», para acabar sumergiéndose en territorios más propios de la escena jazz rock progresiva de mediados de los setenta gracias al sonido de ese saxo tan atípico en este tipo de bandas. Dentro de este catálogo de grandes temas, aparece «Whirlind rodeo», otro de esos temas a los que no les falta detalle, riffs retro, momentos de hard-progresivo, voces y coros heavy-rock. Todo cocinado bajo una densa y ampulosa instrumentación que jamás pierde el ritmo y en la que se incrustan melodías que nos llevan a espacios más psicodélicos.

A ritmo frenético, «Do I need a doctor»,  no se anda con sutilezas. El lado más bestia de los noruegos se deja sentir en un diabólico corte de heavy-rock sin paliativos. Voces desgarradas sobre ritmos infernales con toda la energía que les queda, que es mucha. Pegadizos estribillos vuelven a adornar otro gran tema al que no falta a su cita el fuzz entre los hirientes solos.

Después de su escucha completa, solo queda volver a darle al play y subir de nuevo el volumen.

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MACADAM BLOSSOM.- «EP»

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Debut de la joven formación formada en el oeste de Francia en 2.016 y que debutó en directo en septiembre de 2.018, publicando su Ep homónimo el pasado diciembre. MACADAM BLOSSOM nos presentan siete temas directos encuadrados en sonidos inspirados en el hard y el blues-rock  que se hacía en los setenta. Mucha frescura y grandes momentos vocales que marcan el devenir de  un trabajo bien construido y que engancha fácilmente. Podríamos decir que estamos ante una nueva banda retro-rock, pero una banda, que construye sus temas con ingenio y versatilidad, inclinándose a vibraciones marcadas por el blues, el soul en las que no faltan momentos de psicodelia, funky y ritmos pesados. 

«Murphy’s law» bebe del néctar de los setenta construyendo un tema retro en el que el hard-rock y blues se fusionan con la seductora voz de Morgane. Coros efectivos en un tema con constantes giros y momentos que me recuerdan al Morrison más chamánico. Recitando más que cantando, la voz evocan momentos entre Patti Smith y The Doors, con una instrumentación que poco a poco se va elevando con fuerza arrastrando la instrumentación. El resultado es de fluidez y versatilidad que nos hace tener esperanzas en el resto del contenido del EP. 

el debut de los franceses está marcado por la portentosa voz de su vocalista y por es vocación blues-rock. «Give them» rezuma frescura con una cadencia rítmica que va utilizando distintos estilos para conseguir un groovy verdaderamente apetecible. Un luminoso corte que se oscurece por el trabajo del bajo. Descrimiendo insondables escenario en los que reina la oscuridad psicodélica, MACADAM BLOSSOM ofrece su lado más nebuloso, con instantes en los que la luz brilla entre las sombras. De las mismas salen haces de fuzz que iluminan el tema. Wah wah colorido volviendo a subir las revoluciones bajo registros vocales blues-rock. La evidente inclinación por la vibraciones blues-rock se palpa en «Waste of time». Sobre ritmos más arenosos, y con cierto groovy funky, los ritmos retro van atrapándonos en la tela de araña que va tejiendo la banda en el tema..

«Common life» nos ofrece la visión más calmada, con momentos de rock clásico, marcados por la voz y por ritmos más contemporáneos que conjugan la herencia retro con bellas melodías bucólicas.  Algún momento zeppeliniano oculto en sus notas hace la fusión entre nuevos sonidos con las vibraciones más clásicas consiga un resultado muy apetecible. En una linea parecida, «Kick your ass», con un carácter más blusero desde el hard-rock impregnado de fuzz desciende a atmósferas lisérgicas con cierto aura misteriosa. Los registros vocales de Morgane,  cercanos a la Patti Smith de finales de los setenta, que se vislumbraban en  «Murphy’s law»  vuelven a hacer acto de presencia.

Los estereotipos más setenteros son reflejados en «Dirty than me». Riffs pegadizos y difusos que son complementados con un groovy blues. De la misma manera «What’s your problem», nos ofrece la visión más stoner arenosa. Fuzz por doquier y nebulosas sobre pesados ritmos construyen un tema sobre sólidos pilares que soportan el tono funky que ofrece la guitarra de Steven. El arenoso bajo de Erwan y el fuerte rítmo de la batería de Benjamin complementan el corte con el sonidos más duro de éste debut.

Morgane, su vocalista proviene de un duo folk así como guitarrista en grupo de hardcore, por su parte, Steven viene de la escena del death metal y hardcore, y el resto de los miembros de la canción francesa y alguna formación hardcore, lo que sorprende, pues con esos inicios tiene mucho más mérito componer un EP como éste.

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KOMODOR.- «Komodor»

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Inspirados por James Gang o Grand Funk Railroad entre otros, los franceses KOMODOR nos invitan a un viaje retrospectivo a los setenta. Para ello utilizan su utilitario decorado de hard- rock fabricado en la prolífica factoría Detroit que tanta gloria dio en aquella década a los amantes del rock.

Un disco que cualquiera que lo escuche, le sería difícil ubicarlo en la segunda década del siglo XXI. Una brillante carta de presentación que hará rememorar momentos del pasado a más de uno con cuatro temas de rock and roll puro, sin aditivos. Fuerza y dinamismo en un ambiente festivo.

Estribillos efectivos en “Still the same” sobre ritmos de rock and roll a golpe de un bajo marcando el animado compás, los franceses construyen un tema lleno de brillo. Un intercambio de roles entre guitarra y bajo desemboca en un efectivo y dinámico boogie-rock.

Sencillas estructuras construyen «Join the band». lo simple a veces es la mejor herramienta para llegar al oyente, y en este tema, la banda lo deja claro. Guitarras aulladoras y jugueteos con el estéreo construyen ritmos cercanos a los postulados de Gran Funk. Puro hard rock setentero, alegre y divertido.

No faltan los momentos de psicodelia en la que una hiriente guitarra juega con estéreo bajo la mirada atenta de una batería cadente une a la fiesta con discreción, acompañada por una invitada de lujo en los coros, Ellin LarsonLa cantante de Blues Pills, así como su bajista Zach Anderson y su guitarrista Dorian Sorriaux, colaboran en varios de los temas, unos invitados de lujo.

Una maquinaria transitando dinámicamente por autopistas americanas de los setenta, a un ritmo vertiginoso, para activar las articulaciones, como lo hace en “Nasty habbits”. Con la ayuda del órgano y con un sonido que recuerda a Bad Company y por momentos a James Gang.  Desde la sencillez, y sin tratar de impostar a nadie,. Riffs pegadizos unidos a estribillos contagiosos, hacen que sea imposible mantener las articulaciones en reposo a ritmo de boogie.  Dejándose espacio entre si, los instrumentos tienen su propio protagonismo. Su momento de gloria, en una especie de jam en forma de puzzle, en el que encajan perfectamente todas las piezas para convertirse en un todo un cuadro. Guitarras sureñas entran en una pelea que acaba en una orgía sonora en la que todos los instrumentos de desbocan.

En ese espacio entre Grand Funk Railroad, Ram Jam o James Gang, partiendo de acordes acústicos van desarrollando un tema nítidamente setentero. Voces moduladas, y ritmo que se combina con efectividad, en una especie de himno. eso es  precisamente «1984». Inclinándose a sonidos más propios de James Gang, avanzan con solvencia para construir un gran corte, en el que no falta su punto de psicodelia. _Un tema que nos devuelve a los setenta de una forma divertida y jovial.

 

KOMODOR son: Goudzou (bajo) Elrik Monroe (batería) Ronnie Calva (guitarra solista) Slyde Barnett (voz y guitarra). y como invitados, Ellin Larson (coros en «Join the Band»: «Nasty Habits»: «Still the same», Dorian Sorriaux (guitarra), André Kvarnström / Rickard Nygren (piano) y Zack Anderson (bajo)

«KOMODOR» se publica hoy via Soulseller Records.

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FUZZY GRASS.- «1971»

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Un año ha pasado desde que los franceses nos sorprendieran con su EP en vivo en el que el fuzz rebosaba por los cuatro costados. Ahora, con su primer álbum, «1971», nos dejan claro que aquello no fue un espejismo, sino un punto de partida que culmina con este trabajo en el que a través de tonos vintage de blues y enérgica psicodelia, obtienen un resultado muy apetecible para los amantes de los viejos sonidos de los primeros setenta.

Jams caleidoscópicas sobre distintas capas sonoras en las que las sustancias alucinógenas están presentes en todos sus surcos.

¿Que podemos esperan de un álbum que se abre con tema llamado «Electric ayahuasca»?. Todo un viaje místico en el que extraños sonidos y efectos sobrevuelan el camino de una guitarra narcótica a modo de introducción de poco mas de minuto y medio.
A continuación, «The alone boy song», se construye sobre cenizas CREAM, pero aderezados por sustancias más ácidas que los británicos. Con un toque espiritual y más densos y oscuros, van transitando por pantanosos territorios donde los efluvios humeantes y aturdidores van generando un espacio de inconsciencia narcótica gracias a esa alteración psicotrópica.
Heavy-blues stonerizado con tintes retro es lo que nos ofrece «The faceless». Un alegre y poderoso ritmo, se va salpicando de poderosos solos de guitarra. Un viaje 45 años atrás en un tunel del tiempo a través de un tránsito lisérgico. Con momentos netamente heavy-psych con una desgarrada voz que no pierde la fuerza y la garra en ningún momento.

Tras los momentos de calma en los que la voz trata de seducirnos con una tenue instrumentación comandada por una poderosa batería, aparecen momentos que evocan a los mismísimos BLUE CHEER. Alaridos y una guitarra que se desangra en solos ácidos, hirientes, con un final en sonidos west-coast.

«The upside down» sigue el mismo camino. Ahora con más presencia blusera en sus notas, la acidez la salpican de momentos cercanos a CACTUS. A caballo entre éstos y BLUE CHEER, los inquebrantables ritmos de batería y bajo, la guitarra va serpenteando entre gritos y efectos que desatan una locura psicotrópica a la que la razón  no puede vencer. Un éxtasis liberador en el que la energía fluye en torrentes sonoros. Cabe destacar el vigor de una batería tocada a la vieja usanza sobre solos repletos de fuzz y efectos.

Si la banda gusta de los sonidos de los primeros setenta, en  «1971», no podía faltar la herencia hendrixiana. ésta hace acto de presencia en un tema como «Healed by fire».

Una bacanal de fuzz sobre una más que poderosa batería, que hace desprender y transmitir energía en cada una de sus notas. La estética retro sigue presente, pero a unas revoluciones sonoras inconmensurables. Fuzz, fuzz fuzz, y un ritmo diabólico logran hacer un corte de proporciones descomunales. fuerza y vigor en los que el bajo nos golpea con insistencia. Las voces se ecualizan generando ese espacio de enajenación que pretende la banda con toda su exuberancia sonora.

Tras la extenuación del tema anterior, parece que FUZZY GRASS nos ofrece un bálsamo en forma de tema con texturas COLOUR HAZE combinadas con blues-rock ácido. La sombra de BLUE CHEER sigue siendo alargada en «The winter haze» . Aquí parece que la banda duda en seguir el camino de los setenta o mostrarse más contemporáneos en su sonido. Lo  cierto, es que el tema tiene matices de ambos momentos. Los solos de guitarra, no son tan endiablados, pero el thc sigue estando muy presente en sus notas. La lucha entre en sonido de una batería que recuerda a Ginger Baker, y los ahogados momentos vocales nos trasladan décadas atrás, pero sin embargo, las estructuras de la guitarra nos ponen en el siglo XXI. por otro lado, encontramos calmados y tensos momentos en los que la voz trata de emular al Rey Lagarto en alguna de sus disertaciones. Matices, matices, y más matices seguimos encontrando en cada uno de los temas.

 Para terminar, el ritmo nítidamente retro, de «Shake your mind», nos devuelve a los primeros setenta. momentos Hendrix, que van evolucionando, intensificándose, y llenándose de efectos en una nueva orgía sónica. Un desenfreno lleno de garra y fuerza que bien podría definir el sonido de una banda que indudablemente gusta del fuzz, y lo reparte a diestro y siniestro. Si el trabajo de Clément Gaudry-Santiago a las baquetas es descomunal, el de Laura Ruiz , su guitarrista, no le anda a la zaga. Si a ellos unes el poderoso trabajo de bajo Thomas Hobeck, la fórmula es perfecta. y como colofón, una desgarrada voz que se desangra en cada articulación de las cuerdas vocales de Audric Faucheux.  Como resultado, tenemos un exuberante disco en el que la banda deja claro cuales son sus intenciones. Un disco que a buen seguro les aupará a festivales por la geografía europea este próximo año, y sino, al tiempo…..

  

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